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Los humedales costeros de la Comunitat, paraísos de aves migratorias de alto valor biológico
Publicado
hace 5 añosen
(EFE).- Una buena gestión de los hábitats costeros, como los humedales mediterráneos, puede generar notables beneficios medioambientales, pues, además de ayudar a la circulación del agua y evitar inundaciones, también pueden convertirse en paraísos para aves migratorias o una gran herramienta contra el cambio climático.
Estos humedales sirven también de conexión con los canales naturales de desagüe al mar y, por este motivo, poseen una biodiversidad propia de gran valor que, bien gestionados, dan lugar a unas áreas de altísima productividad biológica.
Para su conservación y restauración en todas ellas hay alguna figura de protección, como varios proyectos «Life» de la Unión Europea -como el «Wetlands4Climate» o «Paludícola»- que, dentro de la Comunitat Valenciana, operan en cuatro lagunas: L’Albufera, la Marjal de Pego-Oliva, el Prat de Cabanes-Torreblanca y la Marjal del Moro, entre Puçol y Sagunt.
PARAÍSOS DE AVES MIGRATORIAS
Las peculiaridades de estas lagunas, la tipología tan variada en cuanto a su aguas, la estacionalidad de cada una de ellas y la vegetación que surge debido, precisamente, a sus propias características hacen que numerosas aves acuáticas utilicen estos hábitats como áreas de cría o como parada obligada de paso en sus rutas migratorias entre Europa y África.
«Son auténticos paraísos para infinidad de aves acuáticas y todo tipo de especies migratorias. Aquí encontramos especies de fauna y flora que solamente podemos ver aquí, en estos humedales que son también importantes puntos de parada de aves migratorias durante su ruta», señala Antonio Guillem, responsable de la Fundación Global Nature (FGN) en la Comunitat Valenciana.
Una avifauna autóctona y tremendamente variada, de la que emerge el fumarel cariblanco, la especie más representativa de este espacio protegido, y que convive con otras como flamencos, patos, cigüeñuelas, el carricerín cejudo, gaviotas, grullas, garzas, cernícalos y muchísimas aves más que constituyen un ecosistema de gran diversidad y valor medioambiental.
Una fauna que se nutre, a su vez, de la flora tan particular de estos hábitats, aunque en los últimos años se está trabajando en habituar estos espacios mediante máquinas segadoras anfibias para retirar la vegetación acumulada en algunos espacios y ampliar el área de espejo de agua.
Así, se han abierto 80 hectáreas de áreas cerradas de carrizo mediante siegas y fangueos, un trabajo reforzado gracias a acuerdos con pastores para que lleven rebaños a estos humedales, sobre todo a los de Pego-Oliva o Cabanes-Torreblanca, lo que ha permitido recuperar la trashumancia y limitar el crecimiento de la vegetación palustre como el carrizo.
TRABAJOS DE CONSERVACIÓN
Con el objetivo de mejorar la calidad de las aguas y, en consecuencia, la vida de las poblaciones de fauna que habitan en estos humedales costeros valencianos se han llevado a cabo una serie de obras de adecuación de los canales y de reparación de antiguas infraestructuras abandonadas.
Unas obras que, además de favorecer la circulación del agua, de evitar inundaciones y, en el caso de los humedales de interior, de servir de reservorios de agua dulce, han ayudado a conectar estas lagunas con los canales naturales de desagüe al mar y crear, así, zonas de descanso y alimentación para las aves acuáticas.
«Estos humedales costeros son los que unen el ecosistema marino con el terrestre. Están conectados al mar por golas (conexiones naturales) y es donde se produce también el intercambio de fauna entre la que vive en el mar y la que vive en agua dulce», enfatiza Guillem.
«Es el caso de las anguilas, por ejemplo, que nacen en el mar de los Sargazos y, si no llega a ser por estas conexiones con los humedales y los ríos, no podrían entrar hacia el interior», añade.
HERRAMIENTAS CONTRA EL CAMBIO CLIMÁTICO
Gracias al proyecto LIFE «Wetlands4Climate» se ha descubierto que los humedales bien gestionados pueden actuar como sumideros de carbono para combatir el cambio climático. Este proyecto está operando en varios tipos de lagunas, tanto de interior (Castilla-La Mancha y Castilla y León) como en estos costeros de la Comunitat Valenciana.
Expertos de la Universidad Politécnica de Valencia (técnicos y profesores) trabajan actualmente sobre las aguas de los humedales ubicados en la zona de «malladas», en la Dehesa del Saler, pertenecientes al parque natural de L’Albufera.
El primer trabajo que se realiza es estimar el efecto de las siegas sobre el balance de carbono en este humedal, el cual se delimita en seis parcelas (tres de control y tres donde se realiza el trabajo) para comenzar los análisis de muestras tanto de agua como de sedimentos.
Con ellos se mide el balance de carbono (además de metano, CO2, las comunidades microbianas y otros parámetros) antes y después de las siegas para compararlos y conocer el efecto que tiene esta acción de gestión de la vegetación, según desvela también FGN a través de su página web.
Un trabajo muy minucioso en el que, además de las aguas, se mide el sustrato y hasta la fotosíntesis y la respiración de las plantas acuáticas que nacen en el humedal y poder realizar así también «cálculos de producción primaria tanto de microorganismos a nivel de suelo como del placton», añaden.
«Este mismo proceso es el que se seguirá para analizar las diferentes acciones de manejo de la vegetación además de las siegas, como son los fangueos o los decapados, y así comprobar cuál es la más óptima en cuanto a balance de carbono se refiere», concluyen.
Publicado
hace 2 díasen
11 febrero, 2026
El viernes 13 es una de las fechas más temidas y rodeadas de supersticiones en muchas culturas occidentales. A lo largo de los años, este día ha sido asociado con la mala suerte, dando lugar a numerosas leyendas urbanas, películas de terror y costumbres de precaución. Pero, ¿de dónde surge esta creencia? ¿Es realmente un día de mala suerte o simplemente un mito que ha evolucionado con el tiempo?
La combinación del número 13 y el día viernes como símbolos de mala suerte tiene raíces en diversas tradiciones culturales y religiosas.
El número 13 ha sido históricamente asociado con el infortunio en varias civilizaciones. En la cultura occidental, esta cifra es vista con recelo, y es común que algunos edificios omitan el piso 13 o que los aviones no tengan fila con ese número. Algunos expertos señalan que el origen de esta superstición podría estar relacionado con varios eventos históricos y religiosos:
El viernes también ha sido considerado un día de mal augurio en algunas tradiciones religiosas. En el cristianismo, el viernes es el día de la crucifixión de Jesucristo, lo que lo convierte en un día triste y desafortunado. Además, durante la Edad Media, los viernes eran días de ejecución pública en muchos países europeos, lo que aumentó su asociación con la tragedia y la muerte.
El temor al viernes 13, conocido como parascevedecatriafobia o friggatriscaidecafobia, mezcla ambas supersticiones. El viernes, como un día maldito, y el número 13, como una cifra de mala suerte, se combinan para formar una fecha en la que muchos prefieren no arriesgarse a hacer grandes planes, viajar o tomar decisiones importantes.
Uno de los episodios históricos más recordados que refuerza esta superstición es el 13 de octubre de 1307, cuando el rey Felipe IV de Francia ordenó el arresto de los caballeros templarios. La persecución de esta orden militar y religiosa marcó uno de los días más fatídicos de la Edad Media.
El miedo al viernes 13 ha sido alimentado por la cultura popular, especialmente por el cine y la literatura. La saga de películas de terror «Viernes 13» (1980), protagonizada por el infame asesino Jason Voorhees, ha convertido esta fecha en un símbolo del terror moderno. Además, novelas y programas de televisión han utilizado esta superstición para desarrollar tramas que exploran el miedo colectivo hacia este día.
Aunque muchos evitan el viernes 13 por superstición, la mayoría de las personas pasan este día sin ningún evento desafortunado. La verdadera mala suerte que puede acarrear este día parece provenir más de la autosugestión y del miedo colectivo que de una verdadera fuerza negativa. Psicólogos explican que cuando la gente cree firmemente en la mala suerte, es más probable que atribuya incidentes comunes a la superstición del día.
El viernes 13 sigue siendo una fecha en la que la superstición y el misterio se mezclan con la cultura popular. Aunque no existe evidencia científica que respalde que este día traiga mala suerte, el peso de la tradición y las creencias colectivas han mantenido viva su leyenda a lo largo de los siglos. Al final, ya sea que decidas verlo como un día más o con cierto recelo, lo que está claro es que el viernes 13 seguirá siendo parte de nuestra cultura y un motivo de conversación cada vez que aparezca en el calendario.
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