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Salud y Bienestar

Este es el mejor antibiótico natural

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En invierno el sistema inmunológico necesita un refuerzo extra y el antibiótico natural para hacer frente a los virus y bacterias responsables de la gripe y los resfriados propios de esta estación empieza a ser muy útil.

Características del mejor antibiótico natural:

Es nutritivo y es bajo en calorías

Libra por libra (¿clavo por clavo?), el ajo se encuentra entre los alimentos más saludables y nutritivos. Solo un diente de ajo contiene el 2 por ciento del valor diario (DV) de manganeso y vitamina B6. La misma cantidad también contiene 1 por ciento de selenio y vitamina C. Otros minerales en cantidades respetables incluyen calcio, cobre, hierro, fósforo y potasio.

Cómo tomar ajo para evitar el reflujo y el mal aliento

Ya se sabe que al comer ajos, se puede sentir malestar estomacal , reflujo y tener mal aliento durante gran parte del día. La mejor forma de consumirlo y obtener los excelentes beneficios es consumir extracto de ajo en capsulas. Para que no repitan las cápsulas y haya reflujo deben ser «Entericas» las cuales se disuelven en el intestino y no en el estómago. Entre las marcas que existen en el mercado se recomienda Garlic Oil 200 capsulas de Kinoko Life sin Olor y No repite.

Puede evitar la osteoartritis

Un equipo de investigación del King’s College y la Universidad de East Anglia postula que las verduras allium pueden reducir los síntomas de la artritis, específicamente la osteoartritis (OA). La OA es una condición que se caracteriza por una degeneración del cartílago y el hueso subyacente.

Es un potente antibiótico natural

Las cápsulas de extracto de aceite de ajo posee potentes propiedades antibióticas. Los antibióticos son sustancias farmacológicas que inhiben o destruyen el crecimiento de bacterias y microorganismos.

Según un estudio publicado en el Journal of Antimicrobial Chemotherapy, un compuesto en el ajo llamado sulfuro de dialilo es hasta 100 veces más efectivo para resistir la bacteria Campylobacter. Campylobacter es una de las principales causas de enfermedad intestinal.

Protege el corazón

Un equipo de investigación de la Universidad de Emory también encuentra que el trisulfuro de dialilo puede ser un tratamiento eficaz para la insuficiencia cardíaca. Otro componente del aceite de ajo, el sulfuro de hidrógeno, también demuestra propiedades protectoras del corazón.

También posee un potencial significativo para proteger [el corazón]» de la miocardiopatía (enfermedad del músculo cardíaco) desencadenada por la diabetes.

Reduce la presión arterial

La hipertensión, o presión arterial alta, es el factor clave de las enfermedades cardiovasculares como el ataque cardíaco y el accidente cerebrovascular. A nivel mundial, más personas mueren de enfermedades cardíacas que cualquier otra razón.

Algunos estudios muestran que las sustancias en el extracto de ajo reducen la presión arterial en personas con hipertensión. En un estudio, publicado en el Journal of Nutritional Biochemistry, un equipo de investigación concluye que » el extracto de ajo causa reducciones significativas en la presión arterial sistólica y diastólica. También conduce a una disminución de las reacciones de oxidación en el cuerpo».

Puede promover una vida más larga

Dada la vasta literatura científica que pretende los efectos positivos del ajo en los factores que contribuyen a la muerte prematura (por ejemplo, presión arterial, colesterol, disminución del riesgo de ECV y cáncer de pulmón, etc.), es justo decir que el ajo puede ayudar a vivir más tiempo.

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Los expertos alertan: dejar los fármacos como el Ozempic hace que el peso vuelva en menos de dos años

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Detener el uso de semaglutida revierte los efectos beneficiosos que tiene sobre el corazón. / Freepik

Los fármacos contra la obesidad basados en semaglutida se han popularizado en los últimos años por su eficacia para perder peso. Muchos los conocen por sus nombres comerciales, como Ozempic, Wegovy o Rybelsus. Estos medicamentos actúan ralentizando la digestión, aumentando la sensación de saciedad y estimulando la producción de insulina, lo que facilita la pérdida de peso en personas con obesidad.

Sin embargo, interrumpir el tratamiento sin un cambio sostenido en la dieta y el estilo de vida puede tener efectos contraproducentes, según revela un amplio estudio publicado en The British Medical Journal.

Recuperación del peso y empeoramiento de los marcadores cardiacos

El análisis concluye que abandonar estos fármacos revierte gran parte de los beneficios obtenidos, tanto en el control del peso como en los principales marcadores de riesgo cardiovascular, como el colesterol y la presión arterial.

Los investigadores observaron que, tras suspender la medicación, los pacientes recuperaban el peso perdido a un ritmo medio de 0,4 kilos al mes, lo que equivale a casi medio kilo mensual. Además, tanto el peso corporal como los marcadores cardiacos volvían a los niveles previos al tratamiento en menos de dos años.

Uno de los datos más relevantes es que la recuperación del peso era cuatro veces más rápida, independientemente de la cantidad de kilos perdidos durante el uso del fármaco.

Los medicamentos no bastan para el control del peso a largo plazo

“A pesar de su éxito inicial, estos fármacos por sí solos no son suficientes para controlar el peso a largo plazo”, advierten los autores del estudio. El trabajo subraya que el tratamiento farmacológico debe ir acompañado de intervenciones conductuales, como cambios en la alimentación, aumento de la actividad física y apoyo psicológico.

El estudio también compara la evolución de los pacientes que abandonan la medicación con aquellos que siguen programas de control de peso basados en el comportamiento, constatando que estos últimos mantienen mejor los resultados a largo plazo.

La mitad de los pacientes abandona el tratamiento en un año

Para llegar a estas conclusiones, un equipo de investigadores de la Universidad de Oxford analizó registros clínicos, estudios científicos y bases de datos que comparaban medicamentos autorizados para la pérdida de peso con intervenciones no farmacológicas.

En total, se incluyeron 37 estudios publicados hasta febrero de 2025, con la participación de 9.341 personas. La duración media de los tratamientos fue de 39 semanas, mientras que el seguimiento posterior alcanzó una media de 32 semanas.

Uno de los hallazgos más preocupantes es que aproximadamente la mitad de las personas con obesidad abandona este tipo de tratamientos farmacológicos en el plazo de un año, lo que hace fundamental comprender qué ocurre tras su suspensión.

Advertencia sobre el uso a corto plazo de los fármacos adelgazantes

Los autores del estudio lanzan un mensaje claro: utilizar estos medicamentos solo a corto plazo no es una solución eficaz ni sostenible. En sus conclusiones, destacan la necesidad de:

  • Investigar estrategias rentables para el control del peso a largo plazo

  • Reforzar la prevención primaria de la obesidad

  • Integrar los fármacos dentro de programas completos de salud y hábitos

No obstante, también reconocen ciertas limitaciones en su investigación. Solo ocho de los estudios analizados evaluaron específicamente los nuevos fármacos agonistas del receptor GLP-1, el periodo máximo de seguimiento tras suspender el tratamiento fue de 12 meses y pocos trabajos presentaban un bajo riesgo de sesgo.

Un reto sanitario más allá del medicamento

Este estudio refuerza la idea de que la obesidad es una enfermedad crónica y compleja, que requiere un abordaje integral. Aunque los fármacos como la semaglutida suponen un avance importante, los expertos coinciden en que sin cambios estructurales en el estilo de vida, la recuperación del peso es muy probable.

La investigación, publicada en The British Medical Journal en 2025 por Sam West y colaboradores, aporta evidencia sólida para replantear el uso de estos tratamientos y para recordar que la salud cardiovascular y el control del peso dependen de estrategias mantenidas en el tiempo, no solo de soluciones rápidas.

Referencia:

West, Sam et al. Weight regain after cessation of medication for weight management: systematic review and meta-analysis. The British Medical Journal. 2025

Fuente: SINC
Derechos: Creative Commons.

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