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Cultura

Muere el actor Ray Liotta a los 67 años mientras rodaba una película

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Muere el actor Ray Liotta a los 67 años mientras rodaba una película

El actor de cine estadounidense Ray Liotta falleció este jueves 26 de mayo a los 67 años en la capital de la República Dominicana, donde se encontraba filmando una película, según han confirmado diversos medios.

Las primeras noticias señalan que el intérprete falleció mientras dormía, aunque todavía se espera del informe oficial sobre lo ocurrido.

El actor se encontraba en el país caribeño filmando ‘Dangerous Waters’ y junto a su pareja, Jacy Nittolo, quien «ha pedido privacidad» en estos momentos, de acuerdo con la fuente. Ambos estaban prometidos y él tenía una hija, Karsen, de su anterior matrimonio con Michelle Grace.

La muerte se produjo en un hotel boutique de la Ciudad Colonial de Santo Domingo, donde estaba alojado con su pareja.

El servicio de emergencias 911 recibió una llamada reportando el caso a las 5.59 hora local (9.59 GMT) y la ambulancia llegó al lugar 12 minutos después, «comprobando que la persona ya se encontraba sin vida«, según un comunicado de la Policía Nacional.

El cuerpo se encuentra en el Instituto Nacional de Ciencias Forenses (Inacif), donde se le está realizando la autopsia.

Larga carrera

Candidato a los Globos de Oro, a los Premios del Sindicato de Actores y ganador de un Emmy, Liotta tuvo su primer gran protagónico en el cine con ‘Uno de los nuestros’, de Martin Scorsese, que incluyó a figuras de la talla de Robert de Niro y Joe Pesci y logró seis nominaciones a los Oscar.

Su carrera incluye títulos como ‘Algo salvaje’, ‘Falsa seducción’, ‘Cop Land’, ‘Hannibal’ e ‘Identidad’, convirtiéndose en uno de los rostros más reconocidos del thriller contemporáneo

Entre sus últimos trabajos se encuentran ‘Historia de un matrimonio’, ‘Sin movimientos bruscos’ o ‘Los santos criminales’.

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Cultura

Los secretos de la Finca Roja de València

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la finca roja de valencia
Foto: Hugo Román

La Finca Roja de València es uno de los símbolos de la ciudad. El sello inconfundible de Enrique Viedma Vidal quedó plasmado en muchas construcciones en la València de los años 20 y 30. Puede que cuando el arquitecto valenciano planificara las 378 viviendas y 14 patios que hoy ocupan la manzana de las calles Jesús, Albacete, Marvá y Maluquer no fuera consciente de que estaba a punto de levantar uno de los edificios más icónicos de la ciudad. Todo un símbolo que nació con otro objetivo bien distinto.

Construido entre 1929 y 1933, se buscaba la funcionalidad y aprovechar al máximo los más de 15.000 m2 de la manzana para uso de la comunidad. Una comunidad formada por los obreros del Instituto Nacional de Previsión que buscaban vivienda en València a cambio de un chavo al mes. De hecho antes de ser popularmente conocida como Finca Roja, los vecinos de la capital del Turia la bautizaron como la “finca del chavo“ por ese motivo.

En el ladrillo caravista de color rojo que le confiere esa personalidad, y su sobrenombre, se puede apreciar la influencia de la escuela holandesa. Pero la originalidad de este residencial no se queda tan solo en su colores rojo y azul turquesa o en su original fachada con sus formas geométricas, repletas de detalles. En su interior, en sus entrañas, esconde en secreto sus orígenes.

Inspirado por el filósofo francés Charles Fourier, Viedma rompió con modelos de la época a la hora de proyectar la finca buscando dotarla de servicios, de recreo y descanso para niños y mayores.

La Finca Roja de València:

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La idea era que los bajos comerciales se abrieran al patio interior, para así proveer a los vecinos. Este modelo de autogestión que buscaba aprovechar su peculiar estructura y su patio interior, debía autoabastecerse de agua gracias a los torreones de las esquinas, pensados como depósitos, idea que nunca se llevó a cabo.

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Han pasado muchas décadas, y sus actuales vecinos disfrutan sabedores de encontrarse en un espacio único, en el que cada ladrillo esconde historias, sueños e ilusiones del pasado. Ya no queda nada de aquellos comercios que tenían acceso al interior. Otros elementos también han ido desapareciendo con el paso de los años.

Ha pasado el tiempo, tantos que muchos de los que allí viven desconocen parte de esa historia escrita sobre ladrillo rojizo. Ladrillos que visten pisos de 100 metros cuadrados o de 140 en el caso de algunos que recaen en los chaflanes.

El enorme patio ajardinado es un lugar de descanso donde los vecinos pueden disfrutar del aire libre sin salir de sus casas. Un lugar de encuentro para desconectar, charlar, jugar o pasear al perro.

Un lugar en el que historia y arquitectura se dan la mano.

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