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La profecía de Nostradamus que predijo la muerte del papa Francisco 

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Nostradamus

La muerte del papa Francisco ha avivado el interés por las profecías de Nostradamus, que ya habrían anticipado este hecho y lo relacionan con el Juicio Final.

Nostradamus y sus predicciones más inquietantes

Michel de Nôtre-Dame, más conocido como Nostradamus, fue un boticario y astrólogo francés del siglo XVI que publicó en 1555 su obra más famosa: Las Profecías, una colección de 942 cuartetas poéticas que, según algunos estudiosos, vaticinan acontecimientos históricos con una sorprendente precisión. Entre los hechos que se le atribuyen figuran el Gran Incendio de Londres (1666), la Revolución Francesa, el ascenso de Hitler, los atentados del 11 de septiembre de 2001 o incluso la pandemia del coronavirus.

Nostradamus utilizó una combinación de astrología, observación histórica y simbolismo críptico para escribir sus cuartetas, lo que ha dado pie a múltiples interpretaciones a lo largo de los siglos. Muchos expertos coinciden en que sus textos son lo suficientemente ambiguos como para permitir diversas lecturas, pero otros aseguran que contienen predicciones certeras, especialmente cuando los acontecimientos parecen ajustarse a sus versos.

La predicción sobre el papa y el «fin del mundo»

Entre las profecías más analizadas figura una que menciona la muerte de un «papa anciano» y la llegada de un «papa negro». Algunos expertos y aficionados a la obra de Nostradamus vinculan esta visión con el fallecimiento del papa Francisco, el primer pontífice latinoamericano, que murió en 2025 a los 88 años, tras una larga enfermedad respiratoria.

La interpretación más extendida sugiere que el término «papa negro» podría aludir a un futuro papa de origen africano, pero también se asocia con el Superior General de la Compañía de Jesús —orden a la que pertenece Francisco—, conocido como el «papa negro» debido al color de su hábito. La muerte de Francisco, seguida por el ascenso de un pontífice jesuita o de piel negra, es vista por algunos como una señal del fin de los tiempos.

A esta hipótesis se suma una leyenda vaticana que circula desde hace décadas: en la basílica de San Pablo Extramuros, donde están representados todos los papas de la historia, solo queda espacio para un retrato más. Esta coincidencia ha alimentado teorías que apuntan a que, tras ese último pontífice, sobrevendría el Juicio Final.

¿Coincidencias o señales apocalípticas?

No es la primera vez que una predicción de Nostradamus es interpretada en clave apocalíptica. Según algunos investigadores, en sus cuartetas aparecen expresiones como «la gran tribulación» o «el gran monarca» que se ajustan a contextos de caos, cambio global o catástrofes naturales. En relación a 2025, algunas de sus profecías hablan de “tiempos oscuros” tras la desaparición de un líder religioso muy querido, lo que algunos identifican con el papa Francisco.

Otras fuentes señalan que, además de Nostradamus, la mística Baba Vanga también habría anticipado el fallecimiento del pontífice y la llegada de una crisis espiritual global. Ambas figuras son objeto de culto para quienes creen que la historia está marcada por ciclos profetizados siglos atrás.

Sin embargo, historiadores y teólogos instan a la prudencia. El lenguaje simbólico de Nostradamus permite múltiples interpretaciones, y aunque sus textos han generado fascinación desde hace siglos, no existe evidencia científica que respalde la exactitud de sus predicciones.

Lo que es innegable es que, con el fallecimiento del papa Francisco, una era ha terminado en el Vaticano, y la incertidumbre sobre su sucesor alimenta tanto el interés mediático como las teorías más esotéricas. Mientras el cónclave se prepara para elegir al nuevo líder de la Iglesia católica, los ojos del mundo —y de la historia— vuelven a mirar a las antiguas profecías en busca de respuestas.

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La Audiencia Nacional archiva la investigación penal del apagón y descarta un sabotaje terrorista

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Última hora apagón

El juez concluye que no existen indicios de terrorismo ni ciberataque y apunta a un conflicto civil o administrativo por el control de la tensión eléctrica.

La Audiencia Nacional (AN) ha archivado la investigación penal abierta tras el apagón eléctrico del 28 de abril, al descartar que el histórico cero energético tuviera su origen en un sabotaje terrorista o un ciberataque. El magistrado José Luis Calama determina que no existe “ni el mínimo indicio” de una acción delictiva y sitúa el origen del incidente en una disfunción del sistema eléctrico.

En un auto difundido este lunes, el titular del Juzgado Central de Instrucción número 4 decreta el sobreseimiento provisional de la causa y concluye que lo ocurrido responde a un conflicto de naturaleza administrativa y/o civil entre los distintos operadores del sector eléctrico, que deberá resolverse fuera de la vía penal.

Sin rastro de terrorismo ni ciberataque

El juez adopta esta decisión tras analizar los informes elaborados por diversos organismos especializados en ciberseguridad y lucha antiterrorista. Todos ellos coinciden en descartar de forma absoluta que el apagón se produjera por una acción externa, ya fuera de grupos terroristas, actores estatales o redes de cibercrimen.

Entre los análisis examinados figuran los del Centro Criptológico Nacional, el Mando Conjunto del Ciberespacio, el Instituto Nacional de Ciberseguridad y la Oficina de Coordinación de Ciberseguridad, ninguno de los cuales detectó intrusiones, ataques informáticos ni actividades maliciosas en los sistemas eléctricos.

Un conflicto por el control de la tensión eléctrica

Lejos de la hipótesis del sabotaje, el auto judicial señala que el apagón tuvo un origen multifactorial, vinculado principalmente a problemas en el control de la tensión del sistema eléctrico. Según el informe del Ministerio para la Transición Ecológica, citado por el juez, se produjo una combinación de factores técnicos.

Entre ellos destacan una programación insuficiente de centrales síncronas, el hecho de que algunas centrales capaces de regular la tensión no respondieran adecuadamente a las consignas de Red Eléctrica y la aparición de oscilaciones y desconexiones de determinadas instalaciones de generación, algunas de ellas aparentemente indebidas.

El magistrado subraya que no faltaban recursos en el sistema eléctrico español, sino que estos no fueron gestionados o utilizados de forma adecuada, lo que derivó en el colapso.

La vía penal queda cerrada

En su resolución, Calama insiste en que no aprecia indicios delictivos y que, por tanto, el caso debe quedar fuera del ámbito penal. El conflicto entre Red Eléctrica y las compañías eléctricas deberá resolverse, en su caso, por la vía administrativa o civil, donde ya actúan otros organismos reguladores.

La Comisión Nacional de los Mercados y la Competencia (CNMC) mantiene abierta su propia investigación y podría imponer sanciones económicas o incluso retirar autorizaciones para operar, además de abrir la puerta a futuras reclamaciones por daños y perjuicios.

Con este auto, la Audiencia Nacional cierra definitivamente la hipótesis de un apagón provocado por terrorismo o ciberataque, y centra el foco en las responsabilidades técnicas y de gestión dentro del sistema eléctrico.

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