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Simón rompe su silencio y reconoce que en la primera ola «matamos moscas a cañonazos»

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Mascarillas en interiores

El director del Centro de Alertas y Emergencias Sanitarias (CCAES), Fernando Simón, ha reconocido que en los primeros meses de la pandemía, la falta de información y de conocimiento les llevo a «matar moscas a cañonazos». Simón ha hecho estas afirmaciones en el Congreso de la Sociedad Española de Epidemiología que se celebra estos días en León.

«Sabíamos poco, sabíamos que era muy grave, pero no sabíamos cuánto. Teníamos poca información sobre la gravedad de la enfermedad, la que venía de China no era comparable a la que se observaba en nuestro entorno. Había dudas sobre los mecanismos de transmisión, sobre quién transmitía, sobre el diagnóstico. Así que matamos moscas con cañonazos y no había otra alternativa, ni aquí ni en ningún sitio. El resultado fue un estado de alarma«, afirmó Simón, que reiteró que «lo que veíamos en la primera ola y lo que estaba sucediendo de verdad no tenía nada que ver«.

El primer estudio de seroprevalencia que realizó el Instituto de Salud Carlos III y el Ministerio de Sanidad fue el que cambió la visión de la pandemia, según Simón. Desde entonces, las pistas que da este informe han permitido que se pase de una detección del 10% de los casos y una media de edad de 65 años en la primera ola al 80% y una media de 27 en la quinta.

Simón ha destacado que ha sido la vacunación la clave que ha permitido que la última ola sea más suave que las primeras, y ha recordado que la efectividad de las vacunas aumenta entre los más jóvenes. Para el director del Centro de Alertas y Emergencias Sanitarias, hay que comenzar a normalizar la enfermedad porque la actual situación «no tiene nada que ver a lo que veíamos antes«.

La intervención de Simón, que llevaba casi dos meses sin aparecer en público, había generado mucha expectación. Poco antes de su ponencia, además, había afirmado que «puede haber sexta, séptima, octava y novena ola, pero no serán como las anteriores«, y que el país irá volviendo más pronto que tarde a la normalidad.

 

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El vestido de Cristina Pedroche y el fin de un ciclo que ya no sorprende

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vestido Pedroche Campanadas 2025
El vestido de Cristina Pedroche para las Campanadas 2025

Cristina Pedroche ha vuelto a hacerlo. Y precisamente ahí está el problema. En sus duodécimas Campanadas, la presentadora ha presentado el que ella misma define como su vestido más simbólico, emotivo y definitivo: un diseño construido a partir de retales de sus once looks anteriores, convertido en una gran capa de upcycling con la que asegura cerrar una etapa.

Sin embargo, más allá del relato, el resultado vuelve a confirmar lo que ya es evidente desde hace varias ediciones: el modelo Pedroche está creativamente agotado. Cambia el envoltorio conceptual, se eleva el discurso y se multiplica la simbología, pero el impacto visual vuelve a ser el mismo de siempre: casi desnudez, cuerpo como eje central y mínima estructura textil.

El vestido que lo resume todo… porque no propone nada nuevo

Pedroche se “lo ha puesto todo encima”, literalmente. Fragmentos de vestidos pasados, piezas icónicas recicladas, plumas, cadenas, cristales, esculturas corporales y referencias constantes a su propio archivo estético. Un ejercicio autorreferencial que funciona como resumen de su trayectoria, pero que no aporta una lectura nueva de la moda ni del cuerpo.

El mensaje es claro: no hay ruptura, hay acumulación. No hay evolución, hay repetición sofisticada. El vestido no avanza, se mira a sí mismo.

Del impacto al automatismo

Durante años, el casi desnudo de Cristina Pedroche fue rompedor. Hoy se ha convertido en automatismo. La fórmula es reconocible hasta el extremo: piel protagonista y el vestido como ornamento y una narrativa emocional que intenta elevar lo que visualmente ya no sorprende.

El upcycling presentado como gran novedad no es más que un nuevo argumento para sostener un resultado idéntico: el cuerpo vuelve a ser el centro absoluto, y el diseño queda relegado a acompañarlo.

La causa social de Pedroche, su mejor elección

La causa social elegida por Cristina Pedroche es, probablemente, el mayor acierto de sus Campanadas. Vincular su vestuario a la labor de la Asociación Española Contra el Cáncer aporta profundidad y sentido a un formato que, a nivel estético, muestra claros signos de desgaste.

El respaldo a la AECC introduce un mensaje útil, necesario y transversal, que conecta con una realidad que afecta a miles de familias. Es ahí donde Pedroche acierta de pleno: cuando el foco se desplaza del cuerpo al acompañamiento, la investigación y el apoyo a los pacientes, la elección deja de ser un recurso narrativo y se convierte en un gesto con verdadero impacto.

Josie y la construcción de un universo cerrado

El estilista Josie vuelve a estar al frente de la dirección creativa, ensamblando una auténtica antología de símbolos reconocibles para el espectador. El resultado es coherente, milimétrico y técnicamente complejo, pero también encorsetado en su propio lenguaje.

El vestido habla de memoria, de ritual, de semiótica textil… pero sigue diciendo lo mismo que hace años. La piel continúa siendo el titular.

Cuando el vestido deja de ser moda y se convierte en gesto repetido

El gran problema del diseño de 2025 no es su osadía, sino su falta de sorpresa real. El espectador ya no se pregunta qué llevará Pedroche, sino cuánto mostrará. Y cuando la conversación se reduce a eso, el vestido deja de ser moda para convertirse en gesto reiterado.

Frente a propuestas donde la confección, la silueta o el diseño adquieren protagonismo, el modelo Pedroche insiste en una idea que ya ha dado todo lo que tenía que dar.

El cierre de ciclo que confirma el agotamiento

Pedroche habla de cerrar una etapa. Y quizá tenga razón. Porque este vestido no marca un nuevo comienzo, sino que certifica el final de una fórmula que ha sido explotada hasta el límite.

Doce años después, el casi desnudo ya no es transgresión, es marca registrada. Y cuando la marca se impone al diseño, lo único que queda es repetirse.

El vestido de estas Campanadas no abre camino: pone punto final a un modelo que ya no evoluciona.

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