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Este es el sueldo del president de la Generalitat tras la subida del 2%

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València, 1 dic (EFE).- La retribución del president de la Generalitat se ha actualizado a 73.375 euros anuales, la de la vicepresidenta y los consellers a 62.506 euros, y la de los secretarios autonómicos a 62.492 euros, en doce mensualidades y sin derecho a pagas extraordinarias.

Así lo recoge el decreto ley de modificación de los Presupuestos de la Generalitat para 2020, que actualiza los salarios de los empleados públicos con efectos del 1 de enero de 2020 para incrementarlos un 2 % en aplicación del Real decreto ley 2/2020 sobre retribuciones del sector público, y que publica este martes el Diari Oficial de la Generalitat.

La ley de Presupuestos de la Generalitat para 2020 contemplaba unas retribuciones para los miembros del Consell y los empleados públicos similares a las de 2019, ya que cuando se elaboraron aún no había Presupuestos del Estado, a razón, en el caso de los altos cargos, de 71.937 euros el president, 61.280 la vicepresidenta y consellers, y 61.266 los secretarios autonómicos.

El decreto ley las actualiza para incrementarlas un 2 % respecto a las vigentes a 31 de diciembre de 2019, y por lo que se refiere a las retribuciones del personal directivo de las Consellerias, en el caso de los subsecretarios el sueldo base pasa de 13.188 a 13.451 euros; el complemento de destino de 11.580 a 11.812 euros; y el complemento específico de 33.763 a 34.439.

En los salarios de los directores generales, el sueldo base pasa de 13.332 a 13.559 euros; el complemento de destino de 11.707 a 11.941 euros, y el complemento específico de 31.669 a 32.303 euros.

En estos dos últimos casos, las pagas extraordinarias serán dos al año, una en junio y otra en diciembre, por un importe cada una de ellas de una mensualidad del sueldo base y los trienios que, en su caso, le correspondan.

El incremento salarial del 2 % se aplica también al personal de la Administración de Justicia, al personal docente no universitario, de las instituciones sanitarias dependientes de la Conselleria de Sanidad, al docente de los centros concertados y a todo el personal al servicio de las universidades públicas.

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El vestido de Cristina Pedroche y el fin de un ciclo que ya no sorprende

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vestido Pedroche Campanadas 2025
El vestido de Cristina Pedroche para las Campanadas 2025

Cristina Pedroche ha vuelto a hacerlo. Y precisamente ahí está el problema. En sus duodécimas Campanadas, la presentadora ha presentado el que ella misma define como su vestido más simbólico, emotivo y definitivo: un diseño construido a partir de retales de sus once looks anteriores, convertido en una gran capa de upcycling con la que asegura cerrar una etapa.

Sin embargo, más allá del relato, el resultado vuelve a confirmar lo que ya es evidente desde hace varias ediciones: el modelo Pedroche está creativamente agotado. Cambia el envoltorio conceptual, se eleva el discurso y se multiplica la simbología, pero el impacto visual vuelve a ser el mismo de siempre: casi desnudez, cuerpo como eje central y mínima estructura textil.

El vestido que lo resume todo… porque no propone nada nuevo

Pedroche se “lo ha puesto todo encima”, literalmente. Fragmentos de vestidos pasados, piezas icónicas recicladas, plumas, cadenas, cristales, esculturas corporales y referencias constantes a su propio archivo estético. Un ejercicio autorreferencial que funciona como resumen de su trayectoria, pero que no aporta una lectura nueva de la moda ni del cuerpo.

El mensaje es claro: no hay ruptura, hay acumulación. No hay evolución, hay repetición sofisticada. El vestido no avanza, se mira a sí mismo.

Del impacto al automatismo

Durante años, el casi desnudo de Cristina Pedroche fue rompedor. Hoy se ha convertido en automatismo. La fórmula es reconocible hasta el extremo: piel protagonista y el vestido como ornamento y una narrativa emocional que intenta elevar lo que visualmente ya no sorprende.

El upcycling presentado como gran novedad no es más que un nuevo argumento para sostener un resultado idéntico: el cuerpo vuelve a ser el centro absoluto, y el diseño queda relegado a acompañarlo.

La causa social de Pedroche, su mejor elección

La causa social elegida por Cristina Pedroche es, probablemente, el mayor acierto de sus Campanadas. Vincular su vestuario a la labor de la Asociación Española Contra el Cáncer aporta profundidad y sentido a un formato que, a nivel estético, muestra claros signos de desgaste.

El respaldo a la AECC introduce un mensaje útil, necesario y transversal, que conecta con una realidad que afecta a miles de familias. Es ahí donde Pedroche acierta de pleno: cuando el foco se desplaza del cuerpo al acompañamiento, la investigación y el apoyo a los pacientes, la elección deja de ser un recurso narrativo y se convierte en un gesto con verdadero impacto.

Josie y la construcción de un universo cerrado

El estilista Josie vuelve a estar al frente de la dirección creativa, ensamblando una auténtica antología de símbolos reconocibles para el espectador. El resultado es coherente, milimétrico y técnicamente complejo, pero también encorsetado en su propio lenguaje.

El vestido habla de memoria, de ritual, de semiótica textil… pero sigue diciendo lo mismo que hace años. La piel continúa siendo el titular.

Cuando el vestido deja de ser moda y se convierte en gesto repetido

El gran problema del diseño de 2025 no es su osadía, sino su falta de sorpresa real. El espectador ya no se pregunta qué llevará Pedroche, sino cuánto mostrará. Y cuando la conversación se reduce a eso, el vestido deja de ser moda para convertirse en gesto reiterado.

Frente a propuestas donde la confección, la silueta o el diseño adquieren protagonismo, el modelo Pedroche insiste en una idea que ya ha dado todo lo que tenía que dar.

El cierre de ciclo que confirma el agotamiento

Pedroche habla de cerrar una etapa. Y quizá tenga razón. Porque este vestido no marca un nuevo comienzo, sino que certifica el final de una fórmula que ha sido explotada hasta el límite.

Doce años después, el casi desnudo ya no es transgresión, es marca registrada. Y cuando la marca se impone al diseño, lo único que queda es repetirse.

El vestido de estas Campanadas no abre camino: pone punto final a un modelo que ya no evoluciona.

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