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The Red Strings Club, Análisis

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Cuando un analista de videojuegos como yo se embarca en la tarea de analizar un título mediocre en cualesquiera de sus aspectos, la creación del texto que acompaña las sensaciones experimentadas en él suele ser incluso más traumática que las aventuras que ha vivido con la propuesta jugable. Sin embargo hay ocasiones que ocurre todo lo contrario, el videojuego es una verdadera obra de arte y existen problemas para contar al lector por qué debería comprar el título del que habla. Este es el caso de The Red Strings Club, un videojuego con sello valenciano desarrollado principalmente por tres personas -Jordi de Paco, Marina y Paula Ruiz (ojo a esta chica que tiene un talento musical increíble)- que acaba de acceder al Olimpo de los mejores videojuegos de 2018 con una aventura que difícilmente olvidaremos una vez la terminéis.

Varias borradores y textos acabados he tenido que eliminar por completo hasta dar con el adecuado, uno con el que poder desgranar a fondo las sensaciones que he tenido yéndome de copas al Red Strings, el bar donde se narra gran parte de esta fábula de megacorporaciones. Y es que catalogar a The Red Strings Club con un solo adjetivo es complicado. Maravilloso, grandioso, impresionante, una obra de arte, ingenioso, rompedor, creativo, tremebundo… cualquiera que fuera positivo e imaginable podría valerle a esta propuesta de Deconstructeam.

Estos chicos son los mismos que en el pasado firmaron un título llamado Gods Will Be Watching, una aventura que rompió esquemas obligando al jugador a tomar decisiones poco habituales en productos como los lúdicos y cargado de una narrativa potente que invitaba a pensar sobre la vida. Una obra que creció prácticamente de la nada, de una competición de videojuegos creados en un corto plazo de tiempo llamada Ludum Dare y que tras el éxito que obtuvo por aquél entonces sus creadores decidieron expandir su propuesta inicial hasta convertirlo en un título de mayor envergadura con la ayuda de la editora Devolver.

The Red Strings Club nos mete en la piel de tres protagonistas totalmente diferentes entre sí con una única misión, la de salvar a la humanidad. Se podría resumir la aventura en esta única frase -y sería correcto- pero lo cierto es que va mucho más allá de lo citado. No solo trata de salvar a la humanidad, también de comprender cuanto poder ejerce sobre el ciudadano de a pie una multinacional. O de cómo experimentar con los sentimientos de los humanos. O de comprobar cómo la tecnología puede pasarnos factura a la sociedad. O también de lo importante que es tener libertad en todos los ámbitos.

Donovan es el propietario de The Red Strings Club, un local que sirve copas capaces de conectar con el cliente y sacar provecho de la situación. Sus asiduos noctámbulos requieren de los brebajes del barman con coleta para relajar su estado anímico cuando la situación lo requiere y los cocktails consumidos por los mismos ofrecen la posibilidad al propietario de extraer información privilegiada que nos servirá de ayuda en nuestra aventura. Todo esto funcionando bajo un sencillo juego donde mezclamos diferentes tipos de bebidas espirituosas, hielos y otros enseres que tocan las emociones de los clientes.

Akara, aunque visualmente no cuenta con gran protagonismo, es quizás una de las piezas más importantes de The Red Strings Club pues gracias a ella y a las situaciones que vive en el pasado, el hilo conductor del juego es el que es. Se trata de una androide fabricada por la megacorporación Supercontinent encargada de adherir implantes a los humanos que permiten modificar el comportamiento y/o pensamientos de los mismos. Y lo que es más atrevido, los fabrica -nosotros- en un torno de alfarería. ¿Querer que no te afecten los comentarios negativos vertidos sobre ti en Twitter? Akara lo hace. ¿Conseguir tener mejor presencia en una entrevista de trabajo? También. Pero lo que es todavía más impresionante es quizás la humanidad que muestra durante todo el juego a pesar de ser tan solo un robot apaleado y maltrecho. Gracias a ella conocemos parte de los planes de la corporación para someter a la civilización además de tener otras cualidades que mejor descubrir vosotros.

Por último tenemos a Brandeis, un urbanita a la moda con un montón de implantes en su cuerpo que le permiten conectar con el mundo de una manera especial y además sacar partido de ello. Sin embargo y a pesar de que estos le afecten en ciertos aspectos, consigue ganarse el corazón de los jugadores. Con el tendremos la posibilidad de dominar los sistemas informáticos actuales y no tan actuales y, en cierto modo, sacar fácilmente información de aquellos que quieren dominar el mundo.

Se me hace muy difícil contar el gran peso que ejerce el trío protagonista sobre la historia sin descifrar absolutamente nada de la misma. Lo cierto es que podría haberlo simplificado mucho más, contar exactamente cual es el rol determinante de cada uno sobre la jugabilidad y narrativa pero bajo mi opinión estaría haciendo un feo al consumidor y a sus creadores. Es una aventura de apenas tres horas de duración que merece mucho la pena vivirla en nuestras carnes. Trata de un futuro distópico tan real que nos hace replantear nuestra propia sociedad y la forma en la que vivimos. Además de que gran parte de que estas sensaciones ocurran lleguen por parte del trío protagonista, la narrativa juega un papel fundamental a la hora de conectar con la aventura. Bien hilada, con giros argumentales prácticamente constantes debido a nuestras acciones en el juego y con una claridad a la hora de contarla que es de agradecer siendo que trata temas tan complejos. También ayudan los diferentes personajes secundarios con los que entablamos amistad y conversaciones ya sea en la barra del bar o en otros parajes ya que gracias a la posibilidad de “jugar” con ellos nos sentimos realmente partícipes de la historia.

Otra baza a su favor la encontramos en su alta rejugabilidad. Gracias a la multitud de decisiones que podemos tomar a lo largo del juego es posible conocer diferentes detalles de cada personaje o de la historia en cada nueva partida.  Al tratarse de un juego con lanzamiento en la plataforma Steam, The Red Strings Club cuenta con un suculento números de logros a desbloquear que anima aún más si cabe a rejugar el título.

The Red Strings Club es, por si no ha quedado claro, una mezcla entre aventura gráfica, juego de rompecabezas y de habilidad todo en uno. Y lo mejor es que Deconstructeam se las ha ingeniado para conjugar todos los géneros en un título que pasará a la historia como uno de los mejores juegos de la industria española. Y si no, al tiempo.

Tanto en el apartado gráfico como sonoro, The Red Strings Club es un juego de 10. Para el primer punto el estudio valenciano ha mejorado aún más si cabe su técnica pixel art para ofrecer tanto entornos como personajes con la mayor cantidad de detalles posibles. Además la animación es mucho más realista y fluida que su anterior título y dotan de vida a sus protagonistas. La estética ciberpunk en la que se ambienta la trama le sienta como un guante y viene acompañada de diversos efectos como iluminaciones de neones o lluvia en la noche muy conseguidos. Un apartado excelente que acompaña tremendamente bien durante toda la aventura.

Pero si hay algo que nos ha ENCANTADO con mayúsculas es el fantástico trabajo de la compositora Paula Ruiz también conocida como Fingerspit. Impresionante lo de esta chica. Se ha sacado de la manga una banda sonora capaz de erizar los vellos de todo nuestro cuerpo a cada nueva melodía que suena. Temas de corte ambientales, experimentales o trip-hop según ella misma los etiqueta en su página personal, tan trabajados que solo podemos estar orgullosos de que esta artista haya nacido en nuestra península. Podéis escuchar y comprar la banda sonora del videojuego en su espacio dedicado a ello al que podéis acceder desde aquí. Por menos de seis euros tendréis veinte pistas mágicas y alucinantes que no pararéis de escuchar.

En definitiva, The Red Strings Club es un videojuego que todo aficionado debería jugar al menos una vez en su vida. Una obra de arte Made in Spain por el que, aunque los años pasen, seguirá teniendo una indiscutible calidad que le alejará de lo convencional. Un juego que abrirá las mentes de los jugadores, obligará a ver la vida de otra manera y donde se cuestionará todo aquello que le parecía lógico. Un maravilloso título del que de estamos orgullosos de haber podido analizar.

 

Hemos analizado este título gracias a un código proporcionado por Cosmocover. Gracias, Rebeca, de corazón.

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Día de acción de gracias: historia y curiosidades detrás de una de las celebraciones más arraigadas de Estados Unidos

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Cada cuarto jueves de noviembre, Estados Unidos celebra Acción de Gracias (Thanksgiving), una de las festividades más importantes y emocionantes del país. Considerada por muchos más relevante que la propia Navidad, esta cita reúne a millones de personas en torno a un mismo propósito: agradecer, compartir y reencontrarse con la familia. Tanto es así, que es la semana con más desplazamientos del año en todo el territorio estadounidense.

Aunque hoy la imagen de esta jornada se asocia al pavo asado, las largas sobremesas, el fútbol americano y el desfile de Macy’s, Acción de Gracias tiene una historia fascinante que se remonta al siglo XVII, además de múltiples tradiciones modernas que no todo el mundo conoce.

A continuación, repasamos sus orígenes, el porqué del menú y cinco curiosidades sorprendentes sobre esta centenaria celebración.


🌽 Origen y evolución de una tradición de gratitud y unión

El origen más extendido sitúa la primera celebración de Acción de Gracias en 1621, cuando los colonos ingleses de Plymouth (Massachusetts) y los nativos Wampanoag festejaron la primera cosecha exitosa tras un invierno devastador. Aquella reunión, que duró tres días, incluyó pavo, calabaza y frutas secas, aunque también había maíz, venado y marisco.

Sin embargo, existen otros precedentes:

  • El primer servicio de Acción de Gracias europeo documentado en Norteamérica se celebró en 1578 en Terranova.

  • Es muy probable que los españoles realizaran ceremonias de agradecimiento incluso antes en Florida.

  • Mucho antes de la llegada europea, los pueblos indígenas celebraban rituales para asegurar buenas cosechas, como la Danza del Maíz Verde de los cherokee.

A lo largo de los siglos, las celebraciones locales fueron dando paso a una festividad nacional. Tras una propuesta de 1789 para dar gracias por la Constitución, George Washington estableció una primera fecha. Más tarde, la incansable editora Sarah Josepha Hale promovió durante décadas la unificación del festivo, hasta que en 1863 Abraham Lincoln declaró Acción de Gracias como celebración nacional el último jueves de noviembre.
El Congreso fijó definitivamente la fecha en 1941, tal y como se celebra hoy.


Por qué se come pavo en Acción de Gracias

El pavo no se convirtió en protagonista por tradición simbólica, sino por practicidad. Para los primeros colonos, el pavo salvaje:

  • era abundante en la región,

  • tenía un gran tamaño, ideal para alimentar a grupos numerosos,

  • no aportaba otros recursos como huevos o leche, por lo que sacrificarlo no afectaba a la economía doméstica.

Con el tiempo, la preparación del pavo se convirtió en un símbolo de abundancia y unión familiar, hasta convertirse en el plato más icónico del día.

Además, cada año el presidente de Estados Unidos indulta un pavo en una ceremonia televisada. Aunque la tradición se formalizó en 1989, surgió de forma espontánea cuando George H. W. Bush, ante el nerviosismo del ave, bromeó con que no terminaría en la mesa de nadie. Desde entonces, los pavos indultados viven en granjas y parques agrícolas convertidos en auténticas “celebridades”.


5 curiosidades sobre Acción de Gracias que no todo el mundo conoce

1. El primer banquete duró tres días y tenía un menú muy diferente

En 1621, colonos y nativos celebraron durante tres días un banquete de agradecimiento. Aunque se suele relacionar esta fecha con el pavo, el menú incluía venado, pescado, marisco, maíz, calabaza y frutas secas, más cercano a un festín de supervivencia que al típico menú actual.


2. Thanksgiving era originalmente un día de oración y ayuno

Mucho antes del banquete familiar, Acción de Gracias era una jornada de reflexión religiosa entre los colonos ingleses. Se trataba de un día para ayunar, rezar y agradecer cosechas o pedir protección. Con el tiempo, el ayuno se convirtió en abundancia y la fiesta tomó un carácter más comunitario y festivo.


3. Solo dos presidentes cambiaron la fecha oficial

Aunque hoy es inmovible, en 1939 y 1940 Franklin D. Roosevelt adelantó la celebración al tercer jueves de noviembre. ¿El motivo? Dar más días de compras a los comerciantes en plena Gran Depresión. La polémica fue tal que en 1941 se fijó definitivamente la fecha actual.


4. El National Day of Mourning: otra cara de la celebración

Desde 1970, algunas comunidades indígenas celebran, en paralelo, el National Day of Mourning (Día Nacional de Luto). En vez de dar gracias, denuncian que la llegada de los colonos supuso violencia, epidemias, desplazamientos y pérdida de tierras para los pueblos nativos.


5. Macy’s, fútbol americano y “turkey trots”: las tradiciones modernas

Thanksgiving no sería lo mismo sin:

  • El desfile de Macy’s, que desde 1924 llena Nueva York de carrozas, globos gigantes y bandas musicales, marcando el inicio de la Navidad.

  • El fútbol americano, tradición desde 1934, con los Detroit Lions y los Dallas Cowboys como protagonistas.

  • Las “turkey trots”, carreras populares que se celebran por la mañana en cientos de ciudades para “ganarse la cena”. La más antigua data de 1896 en Buffalo.


Una fiesta que combina historia, cultura y tradición

Acción de Gracias es mucho más que una gran comida: es una reunión nacional que mezcla historia, familia, memoria y agradecimiento. Cuatro siglos después de aquel primer banquete, sigue siendo una de las celebraciones más queridas y arraigadas de Estados Unidos.

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