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Cultura

La novela más vendida de 2022: «Roma soy yo», de Santiago Posteguillo

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El escritor Santiago Posteguillo EFE/ Ediciones B/Asís J. Ayerbe

Madrid, 9 ene (OFFICIAL PRESS- EFE).- «Roma soy yo», del valenciano Santiago Posteguillo (Ediciones B), ha sido la novela más vendida de 2022, seguida de «El libro negro de las horas», de Eva García Saenz de Urturi (Planeta); y «Violeta», de Isabel Allende (Plaza & Janés).

Según han informado a EFE este lunes fuentes de la Confederación Española de Gremios y Asociaciones de Libreros (Cegal), a estas tres novelas se une como uno de los libros más vendidos del año «Cómo hacer que te pasen cosas buenas», de la psiquiatra Marian Rojas Estapé (Espasa).

Las más vendidas

Las novelas que más ventas han conseguido durante las Navidades han sido la última de Dolores Redondo, «Esperando al diluvio» (Destino), publicada el pasado mes de noviembre; «Todo va a mejorar», de Almudena Grandes (Tusquets); «Revolución», de Arturo Pérez-Reverte (Alfaguara), y la obra ganadora del Premio Planeta 2022, «Lejos de Luisiana», de Luz Gabás.

La novela más vendida de 2022

Según su editorial, la novela histórica «Roma soy yo» superó la cifra de los 180.000 ejemplares vendidos, sumados entre todos sus formatos: la novela se ha publicado en castellano en Ediciones B, en catalán en el sello Rosa dels Vents, y se ha lanzado también en formato ebook y en audiolibro.

La novela, primera parte de un gran relato sobre la vida de Julio César acometido por Posteguillo que se ha publicado además en todos los países de habla hispana, también ha ocupado a lo largo de este pasado año los primeros puestos de las listas de superventas en México, Argentina, Colombia y Chile.

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Cultura

Los secretos de la Finca Roja de València

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la finca roja de valencia
Foto: Hugo Román

La Finca Roja de València es uno de los símbolos de la ciudad. El sello inconfundible de Enrique Viedma Vidal quedó plasmado en muchas construcciones en la València de los años 20 y 30. Puede que cuando el arquitecto valenciano planificara las 378 viviendas y 14 patios que hoy ocupan la manzana de las calles Jesús, Albacete, Marvá y Maluquer no fuera consciente de que estaba a punto de levantar uno de los edificios más icónicos de la ciudad. Todo un símbolo que nació con otro objetivo bien distinto.

Construido entre 1929 y 1933, se buscaba la funcionalidad y aprovechar al máximo los más de 15.000 m2 de la manzana para uso de la comunidad. Una comunidad formada por los obreros del Instituto Nacional de Previsión que buscaban vivienda en València a cambio de un chavo al mes. De hecho antes de ser popularmente conocida como Finca Roja, los vecinos de la capital del Turia la bautizaron como la “finca del chavo“ por ese motivo.

En el ladrillo caravista de color rojo que le confiere esa personalidad, y su sobrenombre, se puede apreciar la influencia de la escuela holandesa. Pero la originalidad de este residencial no se queda tan solo en su colores rojo y azul turquesa o en su original fachada con sus formas geométricas, repletas de detalles. En su interior, en sus entrañas, esconde en secreto sus orígenes.

Inspirado por el filósofo francés Charles Fourier, Viedma rompió con modelos de la época a la hora de proyectar la finca buscando dotarla de servicios, de recreo y descanso para niños y mayores.

La Finca Roja de València:

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La idea era que los bajos comerciales se abrieran al patio interior, para así proveer a los vecinos. Este modelo de autogestión que buscaba aprovechar su peculiar estructura y su patio interior, debía autoabastecerse de agua gracias a los torreones de las esquinas, pensados como depósitos, idea que nunca se llevó a cabo.

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Han pasado muchas décadas, y sus actuales vecinos disfrutan sabedores de encontrarse en un espacio único, en el que cada ladrillo esconde historias, sueños e ilusiones del pasado. Ya no queda nada de aquellos comercios que tenían acceso al interior. Otros elementos también han ido desapareciendo con el paso de los años.

Ha pasado el tiempo, tantos que muchos de los que allí viven desconocen parte de esa historia escrita sobre ladrillo rojizo. Ladrillos que visten pisos de 100 metros cuadrados o de 140 en el caso de algunos que recaen en los chaflanes.

El enorme patio ajardinado es un lugar de descanso donde los vecinos pueden disfrutar del aire libre sin salir de sus casas. Un lugar de encuentro para desconectar, charlar, jugar o pasear al perro.

Un lugar en el que historia y arquitectura se dan la mano.

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