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Cuenta atrás para la finalización de la peatonalización de la Plaza del Ayuntamiento de València

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La vicealcaldesa y concejala de Desarrollo Urbano, Sandra Gómez, ha anunciado que en el mes de agosto está previsto que acaben los trabajos de recuperación del espacio público y peatonalización de dos de las principales plazas del centro de la ciudad, como son la plaza del Ayuntamiento y de San Agustín.

Así lo ha asegurado durante la visita a las obras de peatonalización de la Plaza de San Agustín que han arrancado esta semana y que durarán un mes. Sandra Gómez ha puesto en valor que se trata de “una intervención que beneficiará la actividad comercial de la Avenida del Oeste ya que amplía el espacio público para la ciudadanía y crea un espacio más amable en un enclave singular”.

El proyecto cuenta con un presupuesto alrededor de 70.000 euros, afecta a una superficie de unos 300 metros cuadrados de la plaza, situada entre las tres dársenas de la Empresa Municipal de Transportes (EMT), que sirven como distribuidoras de las líneas de autobuses, y la fachada de la iglesia de San Agustín. Gómez ha agradecido a la Marina de València la cesión de mobiliario y otros elementos cedidos, que han permitido abaratar costes.

DE DÁRSENA A PLAZA

Respecto al color del pavimento, la vicealcaldesa ha explicado que al tratarse de un entorno protegido se ha optado por integrarlo con la acera existente por lo que será del mismo tono gris que el actual. “Este espacio se convertirá en una plataforma peatonal única sin desniveles y de la misma tonalidad”, ha precisado y ha asegurado que “después de muchos años como dársena de autobuses, se transformará en una auténtica plaza donde poder sentarse y disfrutar de una de las entradas al centro histórico”.


Gómez ha precisado que “prácticamente no afectará al tránsito de vehículos”. “La circulación se desviará por la calle Huesca y, por lo tanto, no genera problemas de circulación, sino muy positiva tanto para el centro histórico como para ayudar a dinamizar el comercio de la zona”, ha valorado.

La edila ha precisado que” la crisis de la COVID-19 ha acelerado la recuperación de espacio público y en el caso de València está en la sintonía de consolidar la ciudad de plazas”. A este respecto, ha recordado que “el gobierno permite destinar parte del remanente a este tipo de intervenciones de urbanismo táctico”.

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El vestido de Cristina Pedroche y el fin de un ciclo que ya no sorprende

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vestido Pedroche Campanadas 2025
El vestido de Cristina Pedroche para las Campanadas 2025

Cristina Pedroche ha vuelto a hacerlo. Y precisamente ahí está el problema. En sus duodécimas Campanadas, la presentadora ha presentado el que ella misma define como su vestido más simbólico, emotivo y definitivo: un diseño construido a partir de retales de sus once looks anteriores, convertido en una gran capa de upcycling con la que asegura cerrar una etapa.

Sin embargo, más allá del relato, el resultado vuelve a confirmar lo que ya es evidente desde hace varias ediciones: el modelo Pedroche está creativamente agotado. Cambia el envoltorio conceptual, se eleva el discurso y se multiplica la simbología, pero el impacto visual vuelve a ser el mismo de siempre: casi desnudez, cuerpo como eje central y mínima estructura textil.

El vestido que lo resume todo… porque no propone nada nuevo

Pedroche se “lo ha puesto todo encima”, literalmente. Fragmentos de vestidos pasados, piezas icónicas recicladas, plumas, cadenas, cristales, esculturas corporales y referencias constantes a su propio archivo estético. Un ejercicio autorreferencial que funciona como resumen de su trayectoria, pero que no aporta una lectura nueva de la moda ni del cuerpo.

El mensaje es claro: no hay ruptura, hay acumulación. No hay evolución, hay repetición sofisticada. El vestido no avanza, se mira a sí mismo.

Del impacto al automatismo

Durante años, el casi desnudo de Cristina Pedroche fue rompedor. Hoy se ha convertido en automatismo. La fórmula es reconocible hasta el extremo: piel protagonista y el vestido como ornamento y una narrativa emocional que intenta elevar lo que visualmente ya no sorprende.

El upcycling presentado como gran novedad no es más que un nuevo argumento para sostener un resultado idéntico: el cuerpo vuelve a ser el centro absoluto, y el diseño queda relegado a acompañarlo.

La causa social de Pedroche, su mejor elección

La causa social elegida por Cristina Pedroche es, probablemente, el mayor acierto de sus Campanadas. Vincular su vestuario a la labor de la Asociación Española Contra el Cáncer aporta profundidad y sentido a un formato que, a nivel estético, muestra claros signos de desgaste.

El respaldo a la AECC introduce un mensaje útil, necesario y transversal, que conecta con una realidad que afecta a miles de familias. Es ahí donde Pedroche acierta de pleno: cuando el foco se desplaza del cuerpo al acompañamiento, la investigación y el apoyo a los pacientes, la elección deja de ser un recurso narrativo y se convierte en un gesto con verdadero impacto.

Josie y la construcción de un universo cerrado

El estilista Josie vuelve a estar al frente de la dirección creativa, ensamblando una auténtica antología de símbolos reconocibles para el espectador. El resultado es coherente, milimétrico y técnicamente complejo, pero también encorsetado en su propio lenguaje.

El vestido habla de memoria, de ritual, de semiótica textil… pero sigue diciendo lo mismo que hace años. La piel continúa siendo el titular.

Cuando el vestido deja de ser moda y se convierte en gesto repetido

El gran problema del diseño de 2025 no es su osadía, sino su falta de sorpresa real. El espectador ya no se pregunta qué llevará Pedroche, sino cuánto mostrará. Y cuando la conversación se reduce a eso, el vestido deja de ser moda para convertirse en gesto reiterado.

Frente a propuestas donde la confección, la silueta o el diseño adquieren protagonismo, el modelo Pedroche insiste en una idea que ya ha dado todo lo que tenía que dar.

El cierre de ciclo que confirma el agotamiento

Pedroche habla de cerrar una etapa. Y quizá tenga razón. Porque este vestido no marca un nuevo comienzo, sino que certifica el final de una fórmula que ha sido explotada hasta el límite.

Doce años después, el casi desnudo ya no es transgresión, es marca registrada. Y cuando la marca se impone al diseño, lo único que queda es repetirse.

El vestido de estas Campanadas no abre camino: pone punto final a un modelo que ya no evoluciona.

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