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La Federación de Hostelería cierra la «peor» Semana Santa de la década con caídas del 80% en las reservas

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Gobierno aprueba rebajar alquiler y carga fiscal a turismo, bares y comercio

VALÈNCIA, 23 Abr. (EUROPA PRESS) – La Federación Empresarial de Hostelería de Valencia (FEHV) ha realizado un balance entre los establecimientos asociados del funcionamiento de la Semana Santa, que califican como la «peor» de la década por el intenso temporal de estos días, con descensos en las reservas de hasta el 80 por ciento en algunos establecimientos, especialmente en las zonas de playa, y el mismo porcentaje de caída en facturación.

Según extrae la FEHV de las encuestas a los empresarios, la tónica ha sido la de cancelaciones de reservas a mediodía, terrazas «totalmente inutilizadas» y noches en las que los restaurantes han estado «prácticamente vacíos» y, en algunos casos, han optado por cerrar.

Asimismo, para un 70% de los empresarios la Semana Santa ha sido peor que 2018, ya que solo han trabajado mejor que el año pasado algunos establecimientos de la ciudad, especialmente del centro, que aseguran se han beneficiado de la gente que ha optado por planes alternativos al no poder visitar la playa o por estar ubicados en barrios donde muchos otros locales habían cerrado.

Respecto a la pérdida de facturación, la federación ha apuntado que ha alcanzado el 80%, pues a la falta de facturación le suma las compras de producto que se habían realizado, el mantenimiento del personal y de los costes fijos del local.

La FEHV tenía unas «altas expectativas» para el colectivo hostelero esta Semana Santa, periodo en el que «como viene siendo habitual, se habían realizado contrataciones para reforzar plantillas». En este sentido, la mayoría de encuestados ha mantenido las contrataciones, aunque un 33% de los empresarios asegura haber tenido que cancelar contratos de personal teniendo en cuenta la falta de actividad.

La entidad ha lamentado la situación de los empresarios al tiempo que espera que la mejora de las condiciones climatológicas permita trabajar «con normalidad» el próximo fin de semana y el Puente del 1 de Mayo, «que permita la llegada de turismo de la capital y que el puente se alargue hasta el siguiente fin de semana».

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El vestido de Cristina Pedroche y el fin de un ciclo que ya no sorprende

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vestido Pedroche Campanadas 2025
El vestido de Cristina Pedroche para las Campanadas 2025

Cristina Pedroche ha vuelto a hacerlo. Y precisamente ahí está el problema. En sus duodécimas Campanadas, la presentadora ha presentado el que ella misma define como su vestido más simbólico, emotivo y definitivo: un diseño construido a partir de retales de sus once looks anteriores, convertido en una gran capa de upcycling con la que asegura cerrar una etapa.

Sin embargo, más allá del relato, el resultado vuelve a confirmar lo que ya es evidente desde hace varias ediciones: el modelo Pedroche está creativamente agotado. Cambia el envoltorio conceptual, se eleva el discurso y se multiplica la simbología, pero el impacto visual vuelve a ser el mismo de siempre: casi desnudez, cuerpo como eje central y mínima estructura textil.

El vestido que lo resume todo… porque no propone nada nuevo

Pedroche se “lo ha puesto todo encima”, literalmente. Fragmentos de vestidos pasados, piezas icónicas recicladas, plumas, cadenas, cristales, esculturas corporales y referencias constantes a su propio archivo estético. Un ejercicio autorreferencial que funciona como resumen de su trayectoria, pero que no aporta una lectura nueva de la moda ni del cuerpo.

El mensaje es claro: no hay ruptura, hay acumulación. No hay evolución, hay repetición sofisticada. El vestido no avanza, se mira a sí mismo.

Del impacto al automatismo

Durante años, el casi desnudo de Cristina Pedroche fue rompedor. Hoy se ha convertido en automatismo. La fórmula es reconocible hasta el extremo: piel protagonista y el vestido como ornamento y una narrativa emocional que intenta elevar lo que visualmente ya no sorprende.

El upcycling presentado como gran novedad no es más que un nuevo argumento para sostener un resultado idéntico: el cuerpo vuelve a ser el centro absoluto, y el diseño queda relegado a acompañarlo.

La causa social de Pedroche, su mejor elección

La causa social elegida por Cristina Pedroche es, probablemente, el mayor acierto de sus Campanadas. Vincular su vestuario a la labor de la Asociación Española Contra el Cáncer aporta profundidad y sentido a un formato que, a nivel estético, muestra claros signos de desgaste.

El respaldo a la AECC introduce un mensaje útil, necesario y transversal, que conecta con una realidad que afecta a miles de familias. Es ahí donde Pedroche acierta de pleno: cuando el foco se desplaza del cuerpo al acompañamiento, la investigación y el apoyo a los pacientes, la elección deja de ser un recurso narrativo y se convierte en un gesto con verdadero impacto.

Josie y la construcción de un universo cerrado

El estilista Josie vuelve a estar al frente de la dirección creativa, ensamblando una auténtica antología de símbolos reconocibles para el espectador. El resultado es coherente, milimétrico y técnicamente complejo, pero también encorsetado en su propio lenguaje.

El vestido habla de memoria, de ritual, de semiótica textil… pero sigue diciendo lo mismo que hace años. La piel continúa siendo el titular.

Cuando el vestido deja de ser moda y se convierte en gesto repetido

El gran problema del diseño de 2025 no es su osadía, sino su falta de sorpresa real. El espectador ya no se pregunta qué llevará Pedroche, sino cuánto mostrará. Y cuando la conversación se reduce a eso, el vestido deja de ser moda para convertirse en gesto reiterado.

Frente a propuestas donde la confección, la silueta o el diseño adquieren protagonismo, el modelo Pedroche insiste en una idea que ya ha dado todo lo que tenía que dar.

El cierre de ciclo que confirma el agotamiento

Pedroche habla de cerrar una etapa. Y quizá tenga razón. Porque este vestido no marca un nuevo comienzo, sino que certifica el final de una fórmula que ha sido explotada hasta el límite.

Doce años después, el casi desnudo ya no es transgresión, es marca registrada. Y cuando la marca se impone al diseño, lo único que queda es repetirse.

El vestido de estas Campanadas no abre camino: pone punto final a un modelo que ya no evoluciona.

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