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Más de 150 niños en riesgo de exclusión inician el curso en las escuelas infantiles de Casa Caridad

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Las tres escuelas infantiles de Casa Caridad inician el curso escolar con 151 niños de entre 1 a 3 años en riesgo de exclusión social en sus aulas. El programa formativo que ofrece la entidad benéfica es igual que el de cualquier otro centro de titularidad pública o privada, pero no supone ningún tipo de desembolso, lo que permite a las familias sin ingresos asegurar la educación de sus hijos en edades más tempranas.

Casa Caridad cuenta con tres centros educativos en el Paseo de la Pechina, Torrent y Benicalap. Este último arranca con una nueva aula de infantil con la que suma 75 plazas que buscan satisfacer la creciente necesidad de este servicio entre las familias con escasos recursos. Para estas, los tres centros educativos son gratuitos: no han de costear ni gastos de escolarización, ni de comedor, ni uniforme ni materiales. Así se facilita la educación de los menores con mayor índice de vulnerabilidad social y se posibilita, al mismo tiempo, que los progenitores busquen empleo de forma activa o puedan conciliar mejor la vida laboral y familiar.

En este sentido, las aulas de Casa Caridad no sólo ofrecen la posibilidad de educar a los niños en igualdad de condiciones con respecto a cualquier otro centro público. La entidad benéfica vela, en paralelo, por la inserción social de las familias con una atención personalizada para cada núcleo familiar gracias al programa Escuela-Familia. Este programa aúna ayuda administrativa y psicológica, búsqueda de vivienda y de empleo y formación de las familias en habilidades sociales y de crianza, además de otras prestaciones individualizadas.
Con todo, el seguimiento personalizado que realizan los trabajadores sociales con cada una de las familias ayuda, entre otras cosas, a escolarizar a los niños que han pasado por Casa Caridad en centros públicos de València y Torrent. Para este próximo curso 2017-2018, la asociación valenciana ha conseguido que 75 niños en riesgo de exclusión social hayan sido escolarizados y empiecen su segundo ciclo de infantil, un pequeño paso para la integración social de los mismos.

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Este es el motivo por el que el Gobierno deberá pagar a los butaneros por repartir las bombonas a domicilio

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precio de la bombona de butano

El Gobierno tendrá que compensar económicamente a los repartidores de bombonas de butano a domicilio tras una sentencia del Tribunal Supremo que considera que este servicio, al ser obligatorio y regulado, no puede prestarse sin una retribución adecuada.

Una obligación legal sin compensación suficiente

El reparto de bombonas a domicilio forma parte del servicio público esencial de suministro de gas en España, especialmente en zonas rurales, hogares vulnerables y territorios donde no existe gas natural. Sin embargo, durante años, los distribuidores han denunciado que los costes reales del servicio —transporte, personal, combustible y logística— no estaban cubiertos por la normativa vigente.

La ley obliga al Gobierno a revisar periódicamente los costes del servicio, algo que no se ha hecho dentro de los plazos establecidos. Esta falta de actualización ha provocado que las empresas asuman pérdidas al mantener el reparto a domicilio.

El fallo del Supremo

El Tribunal Supremo ha determinado que el Ejecutivo incumplió su obligación de regular y actualizar la compensación del reparto, lo que genera un desequilibrio económico injustificado para los distribuidores. Por ello, ordena al Gobierno:

  • Regular el coste real del servicio de reparto a domicilio

  • Aprobar una normativa específica en un plazo máximo de seis meses

  • Garantizar que el servicio obligatorio sea económicamente sostenible

Por qué es clave esta decisión

La sentencia protege la continuidad del reparto de bombonas, un servicio del que dependen millones de hogares en España, y evita que los repartidores trabajen a pérdidas. Además, abre la puerta a compensaciones económicas por los años en los que el servicio se prestó sin una retribución ajustada a los costes reales.

En resumen, el Gobierno deberá pagar a los butaneros porque no puede exigir un servicio público obligatorio sin garantizar su viabilidad económica, algo que ahora el Supremo le obliga a corregir.

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