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Salud y Bienestar

Los 5 alimentos que mejoran la memoria, según Harvard

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Los 5 alimentos que mejoran la memoria, según Harvard-FREEPIK

En la búsqueda constante por mejorar nuestra salud cognitiva, la relación entre la alimentación y la función cerebral ha sido objeto de atención creciente. Harvard Medical School ha sido una de las instituciones líderes en esta área, realizando investigaciones significativas sobre los alimentos que pueden potenciar nuestra memoria y salud cerebral en general. Aquí presentamos una mirada detallada a algunos de los alimentos recomendados según la evidencia científica respaldada por Harvard.

Alimentos que Mejoran la Memoria: Según la Investigación de Harvard

1. Pescado Graso: Omega-3 para un Cerebro Saludable

El pescado graso, como el salmón, el atún y la caballa, son ricos en ácidos grasos omega-3. Estos ácidos grasos son fundamentales para la salud cerebral, ya que ayudan a construir membranas celulares en el cerebro y reducen la inflamación. Según investigaciones de Harvard, consumir pescado graso al menos dos veces por semana puede ayudar a mejorar la memoria y reducir el riesgo de enfermedades neurodegenerativas.

2. Nueces y Semillas: Potentes Antioxidantes

Las nueces, almendras, semillas de chía y semillas de lino son excelentes fuentes de antioxidantes, vitamina E y ácidos grasos omega-3. Estos nutrientes ayudan a proteger las células cerebrales del daño oxidativo y la inflamación. Estudios respaldados por Harvard sugieren que incluir una porción diaria de nueces o semillas en la dieta puede mejorar la función cognitiva a largo plazo.

3. Verduras de Hoja Verde: Vitaminas para el Cerebro

Las verduras de hoja verde, como las espinacas, la col rizada y la acelga, son ricas en vitaminas del complejo B, incluyendo ácido fólico, vitamina B6 y vitamina B12. Estas vitaminas son esenciales para la salud del cerebro, ya que están involucradas en la producción de neurotransmisores clave. La investigación respaldada por Harvard sugiere que una ingesta adecuada de estas vitaminas puede ayudar a preservar la memoria y la función cognitiva a medida que envejecemos.

4. Bayas: Poderosos Compuestos Antioxidantes

Las bayas, como las fresas, los arándanos y las moras, son ricas en antioxidantes llamados flavonoides. Estos compuestos ayudan a mejorar la comunicación entre las células cerebrales y protegen contra el estrés oxidativo. Harvard ha destacado estudios que muestran que el consumo regular de bayas puede retrasar el deterioro cognitivo relacionado con la edad y mejorar la función cerebral en general.

5. Té Verde: Estimulante Cerebral Natural

El té verde es conocido por su contenido de antioxidantes y su capacidad para mejorar la concentración y el estado de alerta. Los estudios respaldados por Harvard sugieren que los compuestos presentes en el té verde, como la cafeína y las catequinas, pueden tener efectos positivos en la memoria y la función cognitiva, así como en la protección contra enfermedades neurodegenerativas.

Conclusiones

La evidencia respaldada por Harvard destaca la importancia de una dieta equilibrada y rica en alimentos específicos para mantener la salud cognitiva a lo largo de la vida. Al incluir regularmente pescado graso, nueces y semillas, verduras de hoja verde, bayas y té verde en nuestra alimentación, podemos nutrir nuestro cerebro con los nutrientes necesarios para mejorar la memoria y proteger contra el deterioro cognitivo. Sin embargo, siempre es recomendable consultar con un profesional de la salud antes de realizar cambios significativos en la dieta, especialmente en casos de condiciones médicas preexistentes.

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Estos pequeños hábitos diarios pueden alargar tu vida, según la ciencia

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hábitos diarios pueden alargar vida
Caminar unos minutos más al día es una de las sencillas actividades con beneficios significativos, según uno de los estudios. / Pexels

Los resultados de dos nuevos trabajos científicos apuntan a que no hacen falta cambios drásticos para mejorar la salud: incluso ajustes mínimos en la rutina diaria pueden reducir el riesgo de muerte y aumentar los años de vida saludable. Caminar unos minutos más, dormir un poco mejor o añadir medio plato de verduras son ejemplos de hábitos sencillos con efectos significativos, según estas investigaciones.

Aunque ambos estudios son observacionales y no establecen causalidad directa, sus conclusiones señalan estrategias más realistas y alcanzables para mejorar la salud pública, alejadas de planteamientos extremos o difíciles de mantener en el tiempo.

Cinco minutos más de actividad física ya reducen la mortalidad

El primer estudio, publicado en The Lancet, analizó datos de más de 135.000 adultos en Noruega, Suecia, Estados Unidos y Reino Unido durante un periodo de ocho años. Los investigadores calcularon el impacto poblacional de pequeños incrementos en la actividad física moderada —como caminar a 5 km/h— y de la reducción del tiempo sedentario.

Solo cinco minutos diarios de actividad moderada podría reducir un 10 % las muertes en la mayoría de adultos y un 6 % en los menos activos.

Los resultados son especialmente llamativos: añadir únicamente cinco minutos diarios de actividad moderada podría reducir un 10 % las muertes en la mayoría de adultos y un 6 % en los menos activos. Si el incremento alcanzara los diez minutos diarios, la reducción de la mortalidad se elevaría hasta el 15 %.

En paralelo, disminuir media hora diaria de sedentarismo se asocia con un 7 % menos de mortalidad, mientras que reducir una hora completa se vincula con una disminución del 13 %.

El beneficio es mayor entre las personas menos activas, lo que refuerza la idea de que cualquier movimiento cuenta. Los autores subrayan que no es imprescindible cumplir estrictamente las recomendaciones de la Organización Mundial de la Salud para obtener beneficios y reclaman más estudios con dispositivos de medición en países de ingresos bajos y medios.

Caminar 7.000 pasos al día reduce el riesgo de enfermedades crónicas, deterioro cognitivo y muerte.

El poder de combinar hábitos saludables

El segundo trabajo, publicado en eClinicalMedicine —revista del grupo The Lancet Discovery Science—, se centró en casi 60.000 participantes del UK Biobank y evaluó cómo interactúan tres factores clave: sueño, dieta y ejercicio.

El modelo estadístico desarrollado por los investigadores sugiere que, para quienes presentan los peores hábitos, mejoras mínimas en los tres ámbitos —por ejemplo, cinco minutos más de sueño, dos minutos extra de actividad vigorosa y medio plato adicional de verduras— podrían añadir un año de vida.

Para quienes tienen peores hábitos, mejoras como cinco minutos más de sueño, dos minutos extra de actividad vigorosa y medio plato adicional de verduras podrían añadir un año de vida.

La combinación óptima, definida como dormir entre siete y ocho horas, realizar más de 40 minutos de actividad moderada diaria y mantener una dieta saludable, se asocia con hasta nueve años extra de vida y salud.

Los investigadores destacan que el efecto conjunto de estos hábitos es mayor que la suma de cada comportamiento por separado, lo que refuerza la idea de promover cambios pequeños pero sostenidos como una estrategia eficaz y realista para mejorar la salud de la población.

Un enfoque más accesible para la salud pública

Ambos estudios coinciden en que las recomendaciones basadas en pequeños ajustes cotidianos pueden tener un impacto relevante a nivel poblacional. Frente a mensajes que exigen transformaciones radicales del estilo de vida, estos trabajos respaldan un enfoque más accesible, progresivo y fácil de mantener en el tiempo.

Referencia

Ekelund et al. “Deaths potentially averted by small changes in physical activity and sedentary time: an individual participant data meta-analysis of prospective cohort studies”. The Lancet 2026

Fuente

SINC

Derechos: Creative Commons

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