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VIDEO| Carola Campos: «El IVO me ha salvado la vida»

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Carola Campos: "El IVO me ha salvado la vida"
La empresaria Carola Campos en su clínica Advanced Clinic Medical Beauty OFFICIAL PRESS

En la calle Ayora, número 22 de València se encuentra una clínica médica y belleza muy conocida de la ciudad. Su dueña, Carola Campos emprendió este negocio hace ya 23 años. Es frecuente acudir y encontrarte a Carola con los algodones y tiritas que te dejan en el brazo después de una analítica. En su caso, es porque acaba de llegar de tratamiento y le han aplicado una transfusión de plaquetas. Así es esta valiente mujer que ha superado un cáncer de útero y cada día da ejemplo de optimismo y superación. Está curada pero sigue acudiendo al IVO (Instituto Valenciano de Oncología) a revisiones puntuales que en ocasiones se convierten en un refuerzo con una transfusión.

El cáncer es una enfermedad considerada por la humanidad como uno de los mayores retos de la medicina y  según la OMS es la segunda causa de muerte en las sociedades desarrolladas. Cuando la palabra cáncer entra en la vida de una familia, todo se viene abajo. El pánico se convierte en protagonista y cuando empieza la lucha contra la enfermedad, los que lo han sufrido y lo sufren, saben lo que es. A veces el tratamiento sale mal pero también puede salir bien y se cura, por eso es importante dar visibilidad a los casos de superación como el de Carola Campos, paciente del Instituto Valenciano de Oncología (IVO), con un diagnóstico muy difícil, y a día de hoy curada.

Para esta empresaria, el IVO, referente en oncología, le salvó la vida. A esta institución valenciana, con más de 40 años de historia le debe todo y como ella son muchos los pacientes que pasan cada día por este hospital valenciano que se deja la piel por miles de personas que depositan su vida en sus manos.

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Así era Pablo, el maquinista de Alvia, de 27 años que falleció en el accidente de trenes de Adamuz

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maquinista fallecido Adamuz
Imagen de Pablo B., el maquinista fallecido en el accidente ferroviario. Sur

A Pablo le quedaban apenas 10 minutos para bajarse del tren

Pablo B., maquinista de Renfe de 27 años, es uno de los tres trabajadores ferroviarios que perdieron la vida en el trágico accidente de trenes en Adamuz (Córdoba). Ingeniero de formación y con una prometedora carrera profesional, estaba a punto de terminar su turno cuando ocurrió la colisión que le costó la vida.

Según relatan sus compañeros, a Pablo le quedaban “diez minutos mal contados” para bajarse del tren Alvia que conducía. Su relevo estaba previsto en la estación de Córdoba, desde donde otro maquinista debía continuar el trayecto hasta Huelva.

Una carrera corta, pero marcada por el compromiso

Pese a su juventud, Pablo gozaba de una excelente reputación profesional dentro del cuerpo de maquinistas. Estaba adscrito a la residencia de Cerro Negro (Madrid), aunque anteriormente había trabajado en el servicio de Rodalies de Cataluña.

En Renfe, el concepto de “residencia” se refiere a una adscripción territorial operativa, no necesariamente al lugar de residencia personal. En esta línea concreta, los maquinistas realizan el trayecto Madrid–Córdoba, donde son relevados por un compañero que continúa hasta Huelva.

La noche del 18 de enero, Pablo iba al frente del Alvia que impactó contra varios vagones de un tren Iryo descarrilado a su paso por Adamuz. Salió despedido y murió en el acto.

“Estaba a punto de terminar su jornada”

Sus compañeros no ocultan la conmoción por las circunstancias del accidente. “Su viaje debía haber terminado en Córdoba”, explican. Tras el relevo, Pablo habría regresado a Madrid al día siguiente, como marca el habitual sistema de rotación del servicio.

El accidente ha reabierto el debate sobre la seguridad de la red ferroviaria, especialmente tras conocerse que en la zona de Adamuz se habían registrado numerosas incidencias en los últimos años.

El impacto en su familia y su barrio

La tragedia estuvo marcada además por una cruel coincidencia: su madre, Romi, profesora jubilada, se encontraba de vacaciones en Egipto cuando ocurrió el siniestro. Madre e hijo eran muy conocidos en el barrio madrileño de Ondarreta, donde residían.

El Ayuntamiento de Alcorcón decretó dos días de luto oficial por la muerte del joven maquinista. “Las banderas ondearán a media asta y se suspende la agenda pública”, anunció la alcaldesa, Candelaria Testa.

Más allá del ferrocarril: su pasión por la fotografía

Además de su vocación ferroviaria, Pablo tenía otra gran pasión: la fotografía. Desde niño, capturaba imágenes con su cámara compacta, muchas de las cuales compartía en redes sociales. Para quienes le conocían, era un joven discreto, sensible y comprometido con su trabajo.

Su fallecimiento se suma a una lista de víctimas que ha dejado una profunda huella en la sociedad y en el sector ferroviario, aún a la espera de que se esclarezcan completamente las causas del accidente.

 

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