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Casi un tercio de los valencianos afirma no sentirse cómodo trabajando con una persona infectada por VIH

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VALENCIA, 30 Nov. (EUROPA PRESS) – La estigmatización social del VIH, el desconocimiento de la enfermedad y la discriminación que a menudo sufren estos pacientes sigue siendo un «importante problema» en nuestro país y de hecho, el 28% de los valencianos, al igual que la media española, declara que no se sentiría cómodo trabajando con alguien que estuviera infectado por el este virus.

Así se desprende de la encuesta ¿Ha dejado el VIH de ser un problema? realizada por IAPAC (International Association of Providers of AIDS Care) con la colaboración de Gilead Sciences, en la que también se recoge que la mitad de la población (un 50%) considera que no deberían trabajar en el ámbito sanitario.

Hoy en día y con acceso a un tratamiento apropiado, los pacientes con VIH pueden vivir casi tanto tiempo como la población general y desarrollar una vida normal, según un comunicado de Gilead. Aun así, tan solo un 36% de las personas que han participado en la encuesta, en sintonía con la media española, creen que estos pacientes pueden desempeñar cualquier tipo de trabajo.

El estigma del VIH también se extiende al entorno personal ya que el 54% de los valencianos, al igual que la media nacional, reconocieron que, en caso de estar solteros, no se sentirían cómodos saliendo con alguien infectado por el virus. Solo a tres de cada diez valencianos (un 34%) no le importaría salir con una persona seropositiva frente al 30% de la media del resto de comunidades autónomas.

INDETECTABILIDAD ES IGUAL A INTRANSMISIBLE
Uno de los avances más importantes en el tratamiento del VIH en los últimos años ha sido conseguir controlar la carga viral en sangre. Sin embargo, solo el 13% de los encuestados, al igual que la media española, sabe que cuando los pacientes responden adecuadamente al tratamiento, y alcanzan carga viral indetectable y estos pacientes no transmiten el virus.

Además, casi la mitad de los valencianos (44%), cree que las personas infectadas por el VIH pueden seguir transmitiendo el virus a otros a pesar de tener la infección controlada. En la media española el porcentaje sube hasta el 55%. Asimismo, solo el 39% sabe que es perfectamente posible tener hijos VIH negativos a través de relaciones sexuales naturales.

Por otro lado, más de un tercio de los valencianos (34%) sigue pensando que es posible contraer el virus al compartir un cepillo de dientes y el 60% declaró no haberse realizado nunca la prueba del VIH. De aquellos que declararon haberse hecho la prueba del VIH alguna vez, el 40% lo hizo por última vez hace más de cinco años.

CONCIENCIACIÓN
El uso del preservativo es imprescindible para evitar las infecciones de transmisión sexual como el VIH. Aun así, a pesar de que el 59% afirma usarlo siempre que mantiene relaciones sexuales con una pareja nueva, el 21% explica usarlo rara vez o nunca; porcentaje que se sitúa en la media española. Además, el 79% de los encuestados cree que no tiene riesgo de contraer el virus y el 22% no considera necesario hacerse la prueba después de haber mantenido relaciones sexuales sin precaución con una nueva pareja.

Estar infectado por VIH es haber estado expuesto al virus, pero no necesariamente se tiene que desarrollar la enfermedad. Por su parte, el SIDA es una condición causada por el virus del VIH que ataca fuertemente al sistema inmunológico dejando de funcionar de forma eficaz. Esta diferencia es desconocida por la mitad de los valencianos, concretamente por el 48%.

Asimismo, uno de cada cinco de las personas encuestadas (25%) sabe que si se le diagnostica a alguien el VIH de manera precoz, e inicia tratamiento lo antes posible para poder alcanzar una carga viral indetectable lo antes posible, tendrá una esperanza de vida superior.

El 58% cree que un tratamiento efectivo reducirá considerablemente la probabilidad de desarrollar SIDA y el 52% de los valencianos creen que en España el virus del VIH está bajo control. Además, aunque los conocimientos que se tienen en España sobre el VIH son limitados y es necesario continuar con la labor de concienciación de la población, los niveles de sensibilización y confianza en el tratamiento se encuentran por encima de la media de los países de Europa.

El 67% de los valencianos coinciden en considerarlo como un problema de salud pública frente al 64% de la media española y el 83% consideran una prioridad destinar fondos públicos para la lucha contra el VIH, mismo porcentaje que la media nacional.

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‘Lookmaxxing’: la conflictiva tendencia de belleza para parecer «más hombre»

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De foros vinculados a la cultura incel a TikTok y X: qué es el lookmaxxing, qué significa ser un “chad” y por qué genera preocupación entre expertos en salud mental.

El término lookmaxxing ha dejado de ser un concepto marginal de internet para convertirse en una tendencia visible en redes sociales como TikTok y X. La palabra combina los términos ingleses look (apariencia) y maximizing (maximizar), y alude a estrategias destinadas a potenciar al máximo el atractivo físico, especialmente masculino.

Medios internacionales como BBC y The Guardian han explicado que el concepto surgió a comienzos de la década de 2010 en foros relacionados con la llamada cultura incel (celibato involuntario). Con el tiempo, el fenómeno se ha extendido a públicos mucho más amplios, especialmente jóvenes interesados en estética, fitness y desarrollo personal.


¿Qué es el lookmaxxing?

En la práctica, el lookmaxxing incluye desde consejos básicos de cuidado personal hasta rutinas mucho más específicas orientadas a proyectar una imagen más masculina.

Entre los contenidos más habituales destacan:

  • Ejercicios faciales como el “mewing”, para marcar la línea de la mandíbula.

  • Corrección de postura para parecer más alto y seguro.

  • Cortes de pelo estratégicos según la forma del rostro.

  • Uso de barba para acentuar rasgos.

  • Rutinas detalladas de cuidado facial (skincare).

  • Elección de gafas y accesorios para equilibrar proporciones.

En estas comunidades también es frecuente el uso del término “chad”, empleado para describir a hombres considerados excepcionalmente atractivos, dominantes o líderes dentro de este ideal estético.


Softmaxxing vs. Hardmaxxing

Dentro del movimiento se distinguen dos corrientes principales:

  • Softmaxxing: cambios reversibles como ejercicio, dieta, estilo, cuidado de la piel o peinado.

  • Hardmaxxing: intervenciones más agresivas, como cirugía estética, tratamientos hormonales o el uso de esteroides.

Esta segunda vertiente es la que más preocupación genera entre profesionales de la salud mental y expertos en imagen corporal.


El debate sobre masculinidad e imagen

El psicólogo Tom Hildebrandt, director de investigación en la Icahn School of Medicine at Mount Sinai, ha advertido que este tipo de corrientes pueden erosionar el sentido del yo y fomentar la insatisfacción corporal al promover ideales de belleza difíciles o imposibles de alcanzar.

Según diversos especialistas, la presión constante por optimizar la apariencia puede derivar en:

  • Ansiedad social.

  • Distorsión de la autoimagen.

  • Dependencia de validación externa.

  • Conductas de riesgo vinculadas a intervenciones estéticas o consumo de sustancias.


El caso viral de “Androgenic”

El fenómeno volvió al centro del debate tras la viralización de un vídeo protagonizado por el influencer conocido como Androgenic, vinculado a esta corriente estética. En el clip, difundido en X, un hombre le retira el sombrero y el peluquín en plena grabación callejera, generando millones de visualizaciones y reabriendo el debate sobre masculinidad frágil y obsesión por la imagen.

Tras la polémica, el creador aseguró que nunca ocultó su calvicie y que el uso de prótesis capilares formaba parte de su estrategia estética. El episodio evidenció hasta qué punto la construcción de la identidad visual en internet puede convertirse en objeto de escrutinio masivo.


¿Está llegando el lookmaxxing a España?

En España, el lookmaxxing no ha alcanzado el nivel de organización de comunidades especializadas que existe en Estados Unidos o Reino Unido. Sin embargo, clínicas estéticas y expertos en imagen observan cómo parte de esta cultura se ha filtrado en lo que algunos denominan “Cultura del bienestar 2.0”.

Muchos jóvenes adoptan hábitos como:

  • Entrenamiento físico orientado a rasgos “masculinizados”.

  • Rutinas avanzadas de cuidado facial.

  • Interés por tratamientos de masculinización facial.

  • Optimización de estilo y lenguaje corporal.

No obstante, la mayoría lo hace sin adherirse a los postulados más extremos del movimiento original.


Más allá de la estética: una cuestión cultural

El auge del lookmaxxing no solo habla de belleza, sino también de cómo las redes sociales están redefiniendo los estándares de masculinidad. En un entorno digital donde la imagen es moneda de cambio, maximizar el atractivo puede convertirse en una forma de capital social.

La pregunta que plantean psicólogos y sociólogos no es si cuidar la apariencia es positivo —algo ampliamente aceptado—, sino hasta qué punto la obsesión por optimizar cada rasgo físico puede afectar a la autoestima y la salud mental.

En la era de la hiperexposición digital, el espejo ya no está solo en casa: está en la pantalla.

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