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Cultura

Así son los nuevos centros culturales de Valencia

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centros culturales Valencia
Imagen facilitada por el Ayuntamiento de València.

València, 1 may (OFFICIAL PRESS- EFE).- La ciudad de Valencia ha dotado de recursos y gestión a cinco nuevos centros culturales distribuidos por los barrios que a partir de este mes de mayo ofrecerán propuestas culturales de talleres, actuaciones o poesía.

Estos espacios son Escorxador y Reina 121, en el barrio de Cabanyal-Canyamelar; Alquería Albors, enOrriols; Chalet de Abén Al Abbar, en Albors; y Nave 3 Ribes, en Russafa, que incrementarán la oferta cultural y la dinamización sociocultural de los barrios, según el concejal de Acción Cultural, Patrimonio y Recursos Culturales de València, José Luis Moreno.

Centros culturales de Valencia

Los nuevos espacios, que ya existían y se han dotado de recursos y gestión, forman parte de una red de centros culturales de proximidad fruto de trabajos previos de rehabilitación de los edificios que, por su interés patrimonial, han sido coordinados por el Servicio de Patrimonio Histórico del Ayuntamiento de València.

El proceso conlleva la licitación administrativa de un macrocontrato con tres empresas adjudicatarias que asumirán la gestión de la programación cultural y los servicios de atención a la ciudadanía de cada uno de los centros.

Salzillo Servicios Integrales, SLU gestionará los centros de Escorxador y Nave 3 Ribes; Proges XXI, SL, se encargará de la dinamización cultural del centro Reina 121, y la empresa Amundsen Estrategia y Comunicación, SL, de Alquería Albors y Chalet de Abén Al Abbar.

Los contratos, con una duración inicial de dos años, fueron adjudicados en marzo por 274.066 euros para los centros culturales de Reina 121, Alquería Albors y Chalet de Abén Al Abbar, por 278.844 euros para el centro Escorxador y por 285.475 euros para el espacio Nave 3 de Ribes.

En el importe de adjudicación se han contemplado no sólo los gastos derivados de la gestión especializada de los servicios culturales y del personal que atenderá los centros, sino también las partidas económicas con las que se financiarán las programaciones culturales que en ellos se ofrezca a la ciudadanía y que en todos los casos será de acceso libre y gratuito.

Abén al Abbar

Las personas que asumen la dirección de estos nuevos espacios son Isabel Caballero, en el centro Escorxador; Olga Álvarez, en el centro cultural Reina 121; Pau Gómez, en Alquería d’Albors; Jordi Llobregat en el Chalet de Abén Al-Abbar, y Miguel Ángel Jordán en la Nave 3 de Ribes, ubicada en el Parque Central.

Los centros Abén al Abbar y Alquería Albors abrirán sus puertas el jueves 2 de mayo, y apuestan por una programación que contendrá actividades periódicas que se repetirán semanalmente, actividades de largo recorrido y actuaciones puntuales.

Abén Al-Abbar ofrecerá, en los dos primeros fines de semana, jornadas de bienvenida con actividades familiares que incluyen cuentacuentos, construcción de un árbol de los deseos y la actividad ‘Arte de barrio’, así como el festival Valencia Negra, del que se realizarán dos actividades.

Alquería Albors

Por su parte, Alquería Albors también ofrecerá unas jornadas de bienvenida en las que habrá actividades familiares y colaborará con la asociación Valencia Acoge, que este mes inicia unas jornadas de actividades, y con la biblioteca Josep María Bayarri, de actividades de cuentacuentos y magia.

Escorxador

En el Escorxador el mes de mayo será el mes destinado a ‘Flor de Mayo’ de Vicente Blasco Ibañez, ofrecerá un club de lectura de la novela y un taller de creación teatral impartido por Eva Zapico tomando como punto de partida la obra.

Centro cultural Escorxador del Cabanyal

El Reina 121 expondrá la muestra fotográfica ‘Ones de llum que vetllen’ de Rogelio Sarmiento Carrera, sobre las mujeres del Cabanyal durante la fiesta cultural de la Semana Santa Marinera.

La Nave 3 Ribes se presenta como un espacio para la participación cultural y un laboratorio de cultura comunitaria. Su actividad se centrará por un lado, en facilitar los espacios y el asesoramiento técnico a los proyectos culturales que ya existen alrededor del Parque Central. Además, mantendrá en sus espacios parte de la programación de Escalante Centre Teatral.

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Cultura

Los secretos de la Finca Roja de València

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la finca roja de valencia
Foto: Hugo Román

La Finca Roja de València es uno de los símbolos de la ciudad. El sello inconfundible de Enrique Viedma Vidal quedó plasmado en muchas construcciones en la València de los años 20 y 30. Puede que cuando el arquitecto valenciano planificara las 378 viviendas y 14 patios que hoy ocupan la manzana de las calles Jesús, Albacete, Marvá y Maluquer no fuera consciente de que estaba a punto de levantar uno de los edificios más icónicos de la ciudad. Todo un símbolo que nació con otro objetivo bien distinto.

Construido entre 1929 y 1933, se buscaba la funcionalidad y aprovechar al máximo los más de 15.000 m2 de la manzana para uso de la comunidad. Una comunidad formada por los obreros del Instituto Nacional de Previsión que buscaban vivienda en València a cambio de un chavo al mes. De hecho antes de ser popularmente conocida como Finca Roja, los vecinos de la capital del Turia la bautizaron como la “finca del chavo“ por ese motivo.

En el ladrillo caravista de color rojo que le confiere esa personalidad, y su sobrenombre, se puede apreciar la influencia de la escuela holandesa. Pero la originalidad de este residencial no se queda tan solo en su colores rojo y azul turquesa o en su original fachada con sus formas geométricas, repletas de detalles. En su interior, en sus entrañas, esconde en secreto sus orígenes.

Inspirado por el filósofo francés Charles Fourier, Viedma rompió con modelos de la época a la hora de proyectar la finca buscando dotarla de servicios, de recreo y descanso para niños y mayores.

La Finca Roja de València:

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La idea era que los bajos comerciales se abrieran al patio interior, para así proveer a los vecinos. Este modelo de autogestión que buscaba aprovechar su peculiar estructura y su patio interior, debía autoabastecerse de agua gracias a los torreones de las esquinas, pensados como depósitos, idea que nunca se llevó a cabo.

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Han pasado muchas décadas, y sus actuales vecinos disfrutan sabedores de encontrarse en un espacio único, en el que cada ladrillo esconde historias, sueños e ilusiones del pasado. Ya no queda nada de aquellos comercios que tenían acceso al interior. Otros elementos también han ido desapareciendo con el paso de los años.

Ha pasado el tiempo, tantos que muchos de los que allí viven desconocen parte de esa historia escrita sobre ladrillo rojizo. Ladrillos que visten pisos de 100 metros cuadrados o de 140 en el caso de algunos que recaen en los chaflanes.

El enorme patio ajardinado es un lugar de descanso donde los vecinos pueden disfrutar del aire libre sin salir de sus casas. Un lugar de encuentro para desconectar, charlar, jugar o pasear al perro.

Un lugar en el que historia y arquitectura se dan la mano.

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