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Colapso en el reparto a domicilio de Mercadona

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Desde hace dos semanas es prácticamente imposible que la cadena de supermercados de Mercadona ofrezca a sus usuarios de compra online un tramo de entrega. Los primeros días de la entrada en vigor el decreto del estado de alarma era posible acceder a uno de estos tramos de servicio a domicilio, después de entrar en la página de Mercadona varias veces y esperar a que abrieran nuevos tramos, y la fecha de entrega era cercana a 10 o 12 días. No obstante, entregaban.

Pero desde principios del mes de abril es una misión imposible, no abren tramos y no es factible contratar el servicio de entrega a domicilio. Cuando realizas la compra a través de la APP y tienes tu carrito de la compra lleno, das a confirmar pedido y lo que te encuentra es este mensaje: «No hay tramos disponibles. Tramos actualizados en tiempo real. No disponemos de información adicional en Atención al Cliente».

Captura de pantalla de la APP de Mercadona

El pasado 2 de abril, una usuaria habitual de Mercadona y lectora de Official Press, nos hizo llegar esta misma situación. Llevaba días intentando realizar un pedido online y no le era posible encontrar un tramo. Ella contactó con el chat de atención al cliente y les explicó que vive con una persona de 81 años, por lo que era más prudencial no salir y recibir la compra en casa. Después de no tener opción a recibir el pedido, mantuvo esta conversación con este departamento de la cadena sin solución alguna:

Conversación de una usuaria con Atención al Cliente de Mercadona

Desde Mercadona no han hecho ningún tipo de comunicación alertando sobre el colapso en su servicio de entrega a domicilio. Sí lanzaron un comunicado informando sobre todas las nuevas medidas adoptadas en los supermercados y la adaptación de horarios.

Los supermercados Mercadona presentan unas largas colas para entrar cada día, principalmente a las 9 de la mañana, pero el segundo problema es la falta de algunos productos. Son muchos los usuarios que a partir de las 12 de la mañana ya no encuentran determinados artículos, entre ellos guantes, orégano, levadura, estropajos de aluminio, ningún tipo de harina, entre otros. En verdulería, únicamente quedaban patatas y cebollas. Esta situación la hemos encontrado en casi una decena de supermercados a los que hemos ido.

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El vestido de Cristina Pedroche y el fin de un ciclo que ya no sorprende

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vestido Pedroche Campanadas 2025
El vestido de Cristina Pedroche para las Campanadas 2025

Cristina Pedroche ha vuelto a hacerlo. Y precisamente ahí está el problema. En sus duodécimas Campanadas, la presentadora ha presentado el que ella misma define como su vestido más simbólico, emotivo y definitivo: un diseño construido a partir de retales de sus once looks anteriores, convertido en una gran capa de upcycling con la que asegura cerrar una etapa.

Sin embargo, más allá del relato, el resultado vuelve a confirmar lo que ya es evidente desde hace varias ediciones: el modelo Pedroche está creativamente agotado. Cambia el envoltorio conceptual, se eleva el discurso y se multiplica la simbología, pero el impacto visual vuelve a ser el mismo de siempre: casi desnudez, cuerpo como eje central y mínima estructura textil.

El vestido que lo resume todo… porque no propone nada nuevo

Pedroche se “lo ha puesto todo encima”, literalmente. Fragmentos de vestidos pasados, piezas icónicas recicladas, plumas, cadenas, cristales, esculturas corporales y referencias constantes a su propio archivo estético. Un ejercicio autorreferencial que funciona como resumen de su trayectoria, pero que no aporta una lectura nueva de la moda ni del cuerpo.

El mensaje es claro: no hay ruptura, hay acumulación. No hay evolución, hay repetición sofisticada. El vestido no avanza, se mira a sí mismo.

Del impacto al automatismo

Durante años, el casi desnudo de Cristina Pedroche fue rompedor. Hoy se ha convertido en automatismo. La fórmula es reconocible hasta el extremo: piel protagonista y el vestido como ornamento y una narrativa emocional que intenta elevar lo que visualmente ya no sorprende.

El upcycling presentado como gran novedad no es más que un nuevo argumento para sostener un resultado idéntico: el cuerpo vuelve a ser el centro absoluto, y el diseño queda relegado a acompañarlo.

La causa social de Pedroche, su mejor elección

La causa social elegida por Cristina Pedroche es, probablemente, el mayor acierto de sus Campanadas. Vincular su vestuario a la labor de la Asociación Española Contra el Cáncer aporta profundidad y sentido a un formato que, a nivel estético, muestra claros signos de desgaste.

El respaldo a la AECC introduce un mensaje útil, necesario y transversal, que conecta con una realidad que afecta a miles de familias. Es ahí donde Pedroche acierta de pleno: cuando el foco se desplaza del cuerpo al acompañamiento, la investigación y el apoyo a los pacientes, la elección deja de ser un recurso narrativo y se convierte en un gesto con verdadero impacto.

Josie y la construcción de un universo cerrado

El estilista Josie vuelve a estar al frente de la dirección creativa, ensamblando una auténtica antología de símbolos reconocibles para el espectador. El resultado es coherente, milimétrico y técnicamente complejo, pero también encorsetado en su propio lenguaje.

El vestido habla de memoria, de ritual, de semiótica textil… pero sigue diciendo lo mismo que hace años. La piel continúa siendo el titular.

Cuando el vestido deja de ser moda y se convierte en gesto repetido

El gran problema del diseño de 2025 no es su osadía, sino su falta de sorpresa real. El espectador ya no se pregunta qué llevará Pedroche, sino cuánto mostrará. Y cuando la conversación se reduce a eso, el vestido deja de ser moda para convertirse en gesto reiterado.

Frente a propuestas donde la confección, la silueta o el diseño adquieren protagonismo, el modelo Pedroche insiste en una idea que ya ha dado todo lo que tenía que dar.

El cierre de ciclo que confirma el agotamiento

Pedroche habla de cerrar una etapa. Y quizá tenga razón. Porque este vestido no marca un nuevo comienzo, sino que certifica el final de una fórmula que ha sido explotada hasta el límite.

Doce años después, el casi desnudo ya no es transgresión, es marca registrada. Y cuando la marca se impone al diseño, lo único que queda es repetirse.

El vestido de estas Campanadas no abre camino: pone punto final a un modelo que ya no evoluciona.

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