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COMUNICADO| El Colegio de Médicos de Valencia rechaza el valenciano como requisito lingüístico para ejercer en la Comunidad Valenciana

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El Ilustre Colegio Oficial de Médicos de Valencia (ICOMV) se opone completamente a la nueva norma que marcará el valenciano como requisito indispensable para ejercer la praxis médica en todo el territorio valenciano.

Desde el Colegio entendemos que es completamente inaceptable que el valenciano sea un requisito indispensable para poder trabajar en la Comunidad Valenciana porque, con esto, lo único que se va a conseguir es que los médicos se vayan fuera. Con la falta de profesionales que sufrimos, ¿de verdad creen que imponiendo el valenciano garantizan la salud de la población? ¿No debería primar el derecho a la salud por encima de todo? Podemos entender que el valenciano sea un mérito, pero nunca un requisito que impida el acceso a los puestos de trabajo.

La pandemia ha puesto sobre la mesa los problemas que sufre nuestro sistema sanitario, hemos visto como no hay suficientes facultativos médicos, no tenemos plan B. Por mucho que se necesite reforzar las plantillas si no hay médicos no se puede hacer nada. No dan las cifras. Entonces, ¿de verdad en medio de una pandemia mundial, donde el personal sanitario, como muchas otras profesiones, está trabajando sin descanso, es necesario cambiar la norma para imponer el valenciano? Se trata ya de una cuestión de prioridades, de decidir si queremos que la gente tenga acceso a la sanidad o de si los médicos tienen por obligación que hablar valenciano, aunque esto suponga el desplome del sistema sanitario, que ya cojea por sí solo, con valenciano y sin él.

El ICOMV lleva años advirtiendo del déficit que tiene el sistema sanitario en Valencia, mostrando como cada año se jubilan muchos más facultativos de los que empiezan su andadura profesional en los hospitales y centros de salud. Sin embargo, desde las autoridades no se ha tomado ninguna medida para poner solución a esto, es más, año tras año vemos como el talento se va fuera y sí, se va porque aquí las condiciones no son buenas, no solo no se valora el trabajo del médico, sino que, además, seguimos viendo cómo se hacen contratos precarios y jornadas laborales interminables. Necesitamos más médicos, el talento hay que retenerlo, no podemos dejar que los profesionales se sigan yendo y este nuevo requisito no nos va a ayudar, la mano de obra sanitaria de calidad escasea.

No nos cansaremos de repetirlo, es momento de hacer un gran pacto político, dejando de lado las ideologías y todas las diferencias, para pensar de qué forma ayudar a la población valenciana, y más después de unos meses tan complicados en lo que lo único importante debería ser trabajar unidos para superar la pandemia mundial de la COVID-19.

La Junta de Gobierno del ICOMV

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El vestido de Cristina Pedroche y el fin de un ciclo que ya no sorprende

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vestido Pedroche Campanadas 2025
El vestido de Cristina Pedroche para las Campanadas 2025

Cristina Pedroche ha vuelto a hacerlo. Y precisamente ahí está el problema. En sus duodécimas Campanadas, la presentadora ha presentado el que ella misma define como su vestido más simbólico, emotivo y definitivo: un diseño construido a partir de retales de sus once looks anteriores, convertido en una gran capa de upcycling con la que asegura cerrar una etapa.

Sin embargo, más allá del relato, el resultado vuelve a confirmar lo que ya es evidente desde hace varias ediciones: el modelo Pedroche está creativamente agotado. Cambia el envoltorio conceptual, se eleva el discurso y se multiplica la simbología, pero el impacto visual vuelve a ser el mismo de siempre: casi desnudez, cuerpo como eje central y mínima estructura textil.

El vestido que lo resume todo… porque no propone nada nuevo

Pedroche se “lo ha puesto todo encima”, literalmente. Fragmentos de vestidos pasados, piezas icónicas recicladas, plumas, cadenas, cristales, esculturas corporales y referencias constantes a su propio archivo estético. Un ejercicio autorreferencial que funciona como resumen de su trayectoria, pero que no aporta una lectura nueva de la moda ni del cuerpo.

El mensaje es claro: no hay ruptura, hay acumulación. No hay evolución, hay repetición sofisticada. El vestido no avanza, se mira a sí mismo.

Del impacto al automatismo

Durante años, el casi desnudo de Cristina Pedroche fue rompedor. Hoy se ha convertido en automatismo. La fórmula es reconocible hasta el extremo: piel protagonista y el vestido como ornamento y una narrativa emocional que intenta elevar lo que visualmente ya no sorprende.

El upcycling presentado como gran novedad no es más que un nuevo argumento para sostener un resultado idéntico: el cuerpo vuelve a ser el centro absoluto, y el diseño queda relegado a acompañarlo.

La causa social de Pedroche, su mejor elección

La causa social elegida por Cristina Pedroche es, probablemente, el mayor acierto de sus Campanadas. Vincular su vestuario a la labor de la Asociación Española Contra el Cáncer aporta profundidad y sentido a un formato que, a nivel estético, muestra claros signos de desgaste.

El respaldo a la AECC introduce un mensaje útil, necesario y transversal, que conecta con una realidad que afecta a miles de familias. Es ahí donde Pedroche acierta de pleno: cuando el foco se desplaza del cuerpo al acompañamiento, la investigación y el apoyo a los pacientes, la elección deja de ser un recurso narrativo y se convierte en un gesto con verdadero impacto.

Josie y la construcción de un universo cerrado

El estilista Josie vuelve a estar al frente de la dirección creativa, ensamblando una auténtica antología de símbolos reconocibles para el espectador. El resultado es coherente, milimétrico y técnicamente complejo, pero también encorsetado en su propio lenguaje.

El vestido habla de memoria, de ritual, de semiótica textil… pero sigue diciendo lo mismo que hace años. La piel continúa siendo el titular.

Cuando el vestido deja de ser moda y se convierte en gesto repetido

El gran problema del diseño de 2025 no es su osadía, sino su falta de sorpresa real. El espectador ya no se pregunta qué llevará Pedroche, sino cuánto mostrará. Y cuando la conversación se reduce a eso, el vestido deja de ser moda para convertirse en gesto reiterado.

Frente a propuestas donde la confección, la silueta o el diseño adquieren protagonismo, el modelo Pedroche insiste en una idea que ya ha dado todo lo que tenía que dar.

El cierre de ciclo que confirma el agotamiento

Pedroche habla de cerrar una etapa. Y quizá tenga razón. Porque este vestido no marca un nuevo comienzo, sino que certifica el final de una fórmula que ha sido explotada hasta el límite.

Doce años después, el casi desnudo ya no es transgresión, es marca registrada. Y cuando la marca se impone al diseño, lo único que queda es repetirse.

El vestido de estas Campanadas no abre camino: pone punto final a un modelo que ya no evoluciona.

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