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Cultura

El camino del Santo Grial «empieza» en el pueblo de València más pequeño de España

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La Asociación Cultural El Camino del Santo Grial ha iniciado en la localidad valenciana de Emperador, “considerado el pueblo más pequeño de España en dimensiones”, la señalización de la ruta de peregrinación que comparten Aragón y la Comunitat Valenciana, cuya primera baldosa ha sido bendecida, indican desde la entidad.

El camino del Santo Grial "empieza" en Valencia, en el pueblo más pequeño de España

Este camino “sigue el mismo recorrido que, según la tradición, hizo el Santo Cáliz, desde que llegó a Huesca tras ser enviado desde Roma, para protegerlo, por el Papa Sixto II en año 258, hasta su llegada a la Catedral de Valencia en el siglo XV, pasando por lugares como el monasterio oscense de San Juan de la Peña, Zaragoza y municipios de Teruel, Castellón y València”, señalan desde la asociación.

La señalización ha comenzado en Emperador, uno de los municipios que forman parte del Camino del Grial en la provincia de Valencia, junto con otros como Torres Torres, Estivella, Sagunt, Puçol, El Puig, Massamagrell, Meliana, Alboraia y la ciudad de València, donde finaliza el camino en la capilla del Santo Cáliz de la Seo donde se venera.

Las primeras baldosas señalizadas, que fueron bendecidas por el párroco de Museros, Francisco Javier Ruiz, han sido decoradas “de manera artesanal y altruista” por la Asociación de Amas de Casa de Emperador.

El camino del Santo Grial "empieza" en Valencia, en el pueblo más pequeño de España

En el acto de inauguración de la señalización tomaron parte el alcalde de Emperador, Alberto Bayarri, junto con varios concejales y vecinos del pueblo y de localidades cercanas, y representantes de la Asociación Cultural El Camino del Santo Grial, como su presidenta Ana Mafé, entre otros.

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Cultura

Los secretos de la Finca Roja de València

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la finca roja de valencia
Foto: Hugo Román

La Finca Roja de València es uno de los símbolos de la ciudad. El sello inconfundible de Enrique Viedma Vidal quedó plasmado en muchas construcciones en la València de los años 20 y 30. Puede que cuando el arquitecto valenciano planificara las 378 viviendas y 14 patios que hoy ocupan la manzana de las calles Jesús, Albacete, Marvá y Maluquer no fuera consciente de que estaba a punto de levantar uno de los edificios más icónicos de la ciudad. Todo un símbolo que nació con otro objetivo bien distinto.

Construido entre 1929 y 1933, se buscaba la funcionalidad y aprovechar al máximo los más de 15.000 m2 de la manzana para uso de la comunidad. Una comunidad formada por los obreros del Instituto Nacional de Previsión que buscaban vivienda en València a cambio de un chavo al mes. De hecho antes de ser popularmente conocida como Finca Roja, los vecinos de la capital del Turia la bautizaron como la “finca del chavo“ por ese motivo.

En el ladrillo caravista de color rojo que le confiere esa personalidad, y su sobrenombre, se puede apreciar la influencia de la escuela holandesa. Pero la originalidad de este residencial no se queda tan solo en su colores rojo y azul turquesa o en su original fachada con sus formas geométricas, repletas de detalles. En su interior, en sus entrañas, esconde en secreto sus orígenes.

Inspirado por el filósofo francés Charles Fourier, Viedma rompió con modelos de la época a la hora de proyectar la finca buscando dotarla de servicios, de recreo y descanso para niños y mayores.

La Finca Roja de València:

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La idea era que los bajos comerciales se abrieran al patio interior, para así proveer a los vecinos. Este modelo de autogestión que buscaba aprovechar su peculiar estructura y su patio interior, debía autoabastecerse de agua gracias a los torreones de las esquinas, pensados como depósitos, idea que nunca se llevó a cabo.

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Han pasado muchas décadas, y sus actuales vecinos disfrutan sabedores de encontrarse en un espacio único, en el que cada ladrillo esconde historias, sueños e ilusiones del pasado. Ya no queda nada de aquellos comercios que tenían acceso al interior. Otros elementos también han ido desapareciendo con el paso de los años.

Ha pasado el tiempo, tantos que muchos de los que allí viven desconocen parte de esa historia escrita sobre ladrillo rojizo. Ladrillos que visten pisos de 100 metros cuadrados o de 140 en el caso de algunos que recaen en los chaflanes.

El enorme patio ajardinado es un lugar de descanso donde los vecinos pueden disfrutar del aire libre sin salir de sus casas. Un lugar de encuentro para desconectar, charlar, jugar o pasear al perro.

Un lugar en el que historia y arquitectura se dan la mano.

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