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El rector de la Universidad de Murcia se ofrece para mediar en el conflicto entre AIDMUR y la Consejería

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El rector de la Universidad de Murcia, José Orihuela Calatayud, se ha ofrecido a mediar en el conflicto que mantiene AIDMUR y la Consejería de Educación del Gobierno Regional en relación con la convocatoria de oposiciones que, una vez más el colectivo ha denunciado. Así lo ha remitido la asociación de interinos en un comunicado en el que han vuelto a trasladar su malestar por el «veto» que la consejera de Educación, María Isabel Sánchez Mora, tiene para con este colectivo a quien, aseguran, «se niega a recibirnos»

Por eso, «desde AIDMUR esperan que el Rector «nos ayude a normalizar unas relaciones que deben servir para mejorar nuestro sistema educativo, si bien recordamos que la consejera rechazó la oferta de mediación realizada por Ciudadanos hace pocos meses», añaden los representantes de los interinos en su comunicado. .

Catastrófica y esperpéntica gestión de la convocatoria de oposiciones
Tras las noticias de las últimas horas, en las que la propia consejera de Educación manifiesta las dudas existentes sobre la legalidad de una eventual convocatoria de oposiciones, que sigue defendiendo, a pesar de que casi todas las comunidades autónomas ya han manifestado que no van a convocar o que solo lo harían de unas pocas especialidades, tenemos que manifestar nuestra perplejidad ante una gestión tan catastrófica de un asunto tan serio. Es esperpéntica una situación en la que a finales de febrero no exista certeza sobre la seguridad jurídica de una convocatoria que no tiene aprobada ni la Oferta de Empleo Público, y que la mayoría de la comunidad educativa rechaza por motivos ya explicados suficientemente.

Cabe añadir que los argumentos esgrimidos por la consejera de armonización con las CCAA limítrofes y la evitación del efecto llamada se han caído estrepitosamente. Desde AIDMUR, además, rechazamos que las administraciones estén jugando con un tema tan serio y tengan secuestrados a miles de aspirantes con sus intereses partidistas. Por esa razón, volvemos a insistir en que Sánchez Mora deje de hacer el ridículo y retire sus intenciones de convocar unas oposiciones que no contentan a nadie y que supondrían un gravísimo perjuicio para los aspirantes de la Región.

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El vestido de Cristina Pedroche y el fin de un ciclo que ya no sorprende

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vestido Pedroche Campanadas 2025
El vestido de Cristina Pedroche para las Campanadas 2025

Cristina Pedroche ha vuelto a hacerlo. Y precisamente ahí está el problema. En sus duodécimas Campanadas, la presentadora ha presentado el que ella misma define como su vestido más simbólico, emotivo y definitivo: un diseño construido a partir de retales de sus once looks anteriores, convertido en una gran capa de upcycling con la que asegura cerrar una etapa.

Sin embargo, más allá del relato, el resultado vuelve a confirmar lo que ya es evidente desde hace varias ediciones: el modelo Pedroche está creativamente agotado. Cambia el envoltorio conceptual, se eleva el discurso y se multiplica la simbología, pero el impacto visual vuelve a ser el mismo de siempre: casi desnudez, cuerpo como eje central y mínima estructura textil.

El vestido que lo resume todo… porque no propone nada nuevo

Pedroche se “lo ha puesto todo encima”, literalmente. Fragmentos de vestidos pasados, piezas icónicas recicladas, plumas, cadenas, cristales, esculturas corporales y referencias constantes a su propio archivo estético. Un ejercicio autorreferencial que funciona como resumen de su trayectoria, pero que no aporta una lectura nueva de la moda ni del cuerpo.

El mensaje es claro: no hay ruptura, hay acumulación. No hay evolución, hay repetición sofisticada. El vestido no avanza, se mira a sí mismo.

Del impacto al automatismo

Durante años, el casi desnudo de Cristina Pedroche fue rompedor. Hoy se ha convertido en automatismo. La fórmula es reconocible hasta el extremo: piel protagonista y el vestido como ornamento y una narrativa emocional que intenta elevar lo que visualmente ya no sorprende.

El upcycling presentado como gran novedad no es más que un nuevo argumento para sostener un resultado idéntico: el cuerpo vuelve a ser el centro absoluto, y el diseño queda relegado a acompañarlo.

La causa social de Pedroche, su mejor elección

La causa social elegida por Cristina Pedroche es, probablemente, el mayor acierto de sus Campanadas. Vincular su vestuario a la labor de la Asociación Española Contra el Cáncer aporta profundidad y sentido a un formato que, a nivel estético, muestra claros signos de desgaste.

El respaldo a la AECC introduce un mensaje útil, necesario y transversal, que conecta con una realidad que afecta a miles de familias. Es ahí donde Pedroche acierta de pleno: cuando el foco se desplaza del cuerpo al acompañamiento, la investigación y el apoyo a los pacientes, la elección deja de ser un recurso narrativo y se convierte en un gesto con verdadero impacto.

Josie y la construcción de un universo cerrado

El estilista Josie vuelve a estar al frente de la dirección creativa, ensamblando una auténtica antología de símbolos reconocibles para el espectador. El resultado es coherente, milimétrico y técnicamente complejo, pero también encorsetado en su propio lenguaje.

El vestido habla de memoria, de ritual, de semiótica textil… pero sigue diciendo lo mismo que hace años. La piel continúa siendo el titular.

Cuando el vestido deja de ser moda y se convierte en gesto repetido

El gran problema del diseño de 2025 no es su osadía, sino su falta de sorpresa real. El espectador ya no se pregunta qué llevará Pedroche, sino cuánto mostrará. Y cuando la conversación se reduce a eso, el vestido deja de ser moda para convertirse en gesto reiterado.

Frente a propuestas donde la confección, la silueta o el diseño adquieren protagonismo, el modelo Pedroche insiste en una idea que ya ha dado todo lo que tenía que dar.

El cierre de ciclo que confirma el agotamiento

Pedroche habla de cerrar una etapa. Y quizá tenga razón. Porque este vestido no marca un nuevo comienzo, sino que certifica el final de una fórmula que ha sido explotada hasta el límite.

Doce años después, el casi desnudo ya no es transgresión, es marca registrada. Y cuando la marca se impone al diseño, lo único que queda es repetirse.

El vestido de estas Campanadas no abre camino: pone punto final a un modelo que ya no evoluciona.

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