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Los españoles que viven en ciudad se alimentan mejor que los de los pueblos

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Interior de un supermercado. EFE/Manuel Bruque/Archivo

València, 15 ene (OFFICIAL PRESS-EFE).- Los españoles que viven en la ciudad se alimentan mejor y tienen hábitos más saludables que los de los pueblos, según concluye una tesis doctoral con las respuestas de 18.000 participantes, que además indica que los residentes en el norte tienen una nutrición más adecuada que los de la costa mediterránea.

Elena Sandri, profesora de la Facultad de Medicina y Ciencias de la Salud de la Universidad Católica de Valencia (UCV), ha llevado a cabo una investigación para su tesis doctoral sobre el estilo de vida y perfil alimenticio de la población joven adulta (de 18 a 45 años) de España en el que han participado más de 18.000 personas y que podría tener sus propias versiones futuras en Chile e Italia.

Al tratarse de una investigación descriptiva de la realidad, no existen datos que aporten una razón científica para esas diferencias, indican desde la UCV este lunes, y añaden que, sin embargo, la profesora se atreve a plantear algunos factores que quizás expliquen los resultados de su estudio.

“Podría deberse al hecho de que las ciudades concentran una población más joven dentro del segmento de edades que hemos investigado, además de ser más activa», señala para añadir que en las grandes localidades «es más fácil encontrar una amplia gama de establecimientos que ofrecen productos alimentarios variados y de calidad, y existe un mayor acceso a centros deportivos, gimnasios y profesionales que ayudan con el ejercicio físico o con la nutrición”.

Otra de las variables incluidas en el trabajo ha sido la localización. Según los datos obtenidos, la zona que presenta una nutrición más saludable es el norte de España, lo que ha sorprendido a esta experta “pues se tiende a pensar, más bien, que la zona mediterránea debería estar en el primer lugar de esa escala, al poseer una mayor superficie destinada a los productos de la huerta». Pero no es así y por ello la profesora quiere seguir investigando «para arrojar más luz sobre esa diferencia territorial”.

Los españoles que viven en ciudad se alimentan mejor que los de los pueblos

En lo que respecta a las variables de tipo social, la investigación apunta a que “un mayor nivel de ingresos y un mayor nivel educativo conllevan, en general, un estilo de vida más saludable, o lo que es lo mismo, mejor nutrición y mejores hábitos de descanso”.

También señala que el nivel de estudios influye más que el económico en las “decisiones nutricionales” de los españoles y, en ese sentido, la profesora de la UCV explica que ahora lleva a cabo una nueva recogida de datos a la que ha añadido preguntas que ayuden a discernir “si existe también una diferencia nutricional entre quienes han estudiado una carrera universitaria de la rama de las ciencias de la salud y quienes no lo han hecho”.

Los resultados de la investigación indican, por el contrario, que las personas con menos estudios y menor nivel de ingresos realizan más deporte y son menos sedentarios: “Quizás este resultado responde a que los trabajos menos cualificados tienen un horario fijo, en general».

El sexo y la edad también influyen

Los resultados de la investigación muestran que los hombres consumen más alcohol que las mujeres pero hacen más deporte y duermen mejor que ellas. Según Sandri, “el cuidado de los hijos, incluido el despertarse por las noches para atenderles, todavía recae un poco más en la mujer, aunque estas tareas se compartan cada vez más con el hombre”.

“Otro factor que podría explicar esa diferencia en el descanso nocturno se encuentra en la psicología de la mujer, que tiende a pensar más en ciertas cuestiones, a darle más vueltas a la cabeza, a preocuparse más por los hijos, sobre todo a partir de cierta edad”, añade esta experta.

Respecto a la edad, las personas adultas tienen mejores hábitos nutricionales que los jóvenes, aunque la calidad de su descanso es peor, realizan menos actividad física y son más sedentarias.

Además, según el estudio, resulta más saludable vivir y comer en compañía, sobre todo en familia, que hacerlo en soledad: “Cuando uno come solo suele estar menos motivado para cocinar, incluso tener más vacía la nevera. La estructura familiar, en cambio, ordena nuestros horarios y estilos de comida”.

Según explica la profesora de la UCV, junto a la segunda difusión del estudio con nuevos ítems a explorar ha puesto en marcha otros dos proyectos de investigación, que ya tienen el visto bueno del comité de ética, para repetir en Italia y en Chile el estudio realizado en España.

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ESTUDIO| Extensiones de pelo bajo sospecha: hallan compuestos asociados a cáncer y alteraciones hormonales

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Extensiones de pelo bajo sospecha: hallan compuestos asociados a cáncer y alteraciones hormonales-PEXELS ARCHIVO

Un estudio científico ha identificado docenas de sustancias químicas potencialmente peligrosas en extensiones de pelo, incluidos productos elaborados con pelo humano. La investigación, considerada la más completa hasta la fecha en este tipo de productos de belleza, pone el foco en los posibles riesgos para la salud asociados al uso prolongado de extensiones, una industria que, según los autores, cuenta con una regulación limitada en muchos países.

El trabajo ha sido realizado por el Silent Spring Institute (Estados Unidos) y publicado en la revista Environment & Health de la American Chemical Society. Sus conclusiones llegan en un contexto de creciente preocupación por los efectos que ciertos productos capilares pueden tener en el organismo.

Un análisis exhaustivo de extensiones sintéticas y de cabello humano

Para elaborar el estudio, el equipo investigador analizó 43 productos populares de extensiones de cabello adquiridos tanto en tiendas físicas como en plataformas online. Las muestras incluían extensiones de fibras sintéticas y de origen biológico, como cabello humano, seda o fibras vegetales.

Las extensiones se clasificaron según su composición y características:

  • Fibras sintéticas (principalmente polímeros plásticos).

  • Fibras de origen biológico, incluido cabello humano.

  • Productos resistentes al calor, ignífugos o impermeables.

  • Extensiones etiquetadas como “ecológicas” o “no tóxicas”.

En total, 19 de las muestras sintéticas indicaban ser ignífugas, tres eran resistentes al agua, nueve resistentes al calor y varias se promocionaban como libres de PVC o no tóxicas.

Más de 900 compuestos detectados en las muestras

Los investigadores utilizaron una técnica de análisis no dirigido que permite detectar una amplia variedad de compuestos, incluso aquellos que no suelen buscarse en productos cosméticos. A través de cromatografía de gases bidimensional y espectrometría de masas de alta resolución, identificaron más de 900 firmas químicas en las muestras analizadas.

Posteriormente, mediante herramientas de aprendizaje automático, se compararon esas firmas con bases de datos químicas. El resultado fue la identificación de 169 sustancias químicas pertenecientes a nueve clases estructurales principales.

Sustancias relacionadas con cáncer y alteraciones hormonales

El estudio detectó en las extensiones de cabello diversas sustancias asociadas a riesgos para la salud, entre ellas:

  • Retardantes de llama.

  • Ftalatos.

  • Pesticidas.

  • Estireno.

  • Tetracloroetano.

  • Compuestos organoestánnicos.

Algunas de estas sustancias se han relacionado en investigaciones previas con cáncer, alteraciones hormonales, problemas de desarrollo y efectos en el sistema inmunitario.

Los resultados indican que todas las muestras, salvo dos, contenían sustancias potencialmente peligrosas, incluso aquellas etiquetadas como “no tóxicas”. Además, 48 de los compuestos detectados figuran en listas de sustancias peligrosas reconocidas internacionalmente, y 12 aparecen en la Proposición 65 de California, que advierte sobre químicos relacionados con cáncer o daños reproductivos.

También se hallaron 17 sustancias vinculadas al cáncer de mama en 36 de las muestras, algunas con capacidad de alterar el sistema hormonal.

Compuestos organoestánnicos y niveles por encima de lo recomendado

El estudio destaca la presencia de compuestos organoestánnicos en cerca del 10% de las muestras. En algunos casos, se detectaron concentraciones superiores a los niveles considerados seguros en la Unión Europea, donde este tipo de sustancias está regulado.

Estos compuestos se emplean habitualmente como estabilizadores térmicos en materiales plásticos y se han asociado a irritaciones cutáneas, una de las quejas más frecuentes entre usuarios de extensiones. También se han relacionado con alteraciones hormonales y riesgos de cáncer.

Por qué pueden suponer un riesgo para la salud

Las extensiones de cabello suelen tratarse con productos químicos para hacerlas más resistentes al calor, al fuego o a la humedad. Sin embargo, según los investigadores, las empresas rara vez detallan qué sustancias se utilizan en estos procesos.

El hecho de que las extensiones estén en contacto directo con el cuero cabelludo y el cuello aumenta la exposición potencial. Además, al aplicar calor para peinarlas o moldearlas, algunos compuestos podrían liberarse al aire y ser inhalados.

Los autores del estudio subrayan que todavía se necesita más investigación para comprender el impacto real de esta exposición, pero consideran necesario mejorar la transparencia y la regulación de estos productos.

Un mercado en crecimiento con escasa regulación

El mercado mundial de extensiones de cabello sigue creciendo y se prevé que supere los 14.000 millones de dólares en 2028. Este auge ha incrementado la preocupación por la seguridad de los productos, especialmente ante la falta de información clara sobre su composición.

Los investigadores consideran urgente reforzar la supervisión de esta industria y fomentar el desarrollo de productos más seguros. También sugieren que los consumidores deberían contar con advertencias más claras sobre la presencia de determinadas sustancias químicas.

La necesidad de más transparencia en los productos capilares

El estudio pone de relieve la importancia de que las marcas informen sobre los compuestos utilizados en la fabricación de extensiones. Según los autores, los consumidores deberían poder tomar decisiones informadas sobre los productos que utilizan de forma habitual.

Aunque la investigación se ha centrado en el mercado estadounidense, sus conclusiones tienen implicaciones globales, dado el carácter internacional de la industria de la belleza.

Los expertos insisten en que el objetivo no es alarmar, sino promover una mayor transparencia y regulación para garantizar la seguridad de quienes utilizan extensiones de cabello de forma regular.

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