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FSIE pide a Marzà que el próximo curso ponga «fin a la segregación formativa» de los docentes de la concertada

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sobresalientes Bachillerato

VALÈNCIA, 30 Ago. (EUROPA PRESS) – FSIE-Comunitat Valenciana ha reclamado este jueves a la Conselleria de Educación, dirigida por Vicent Marzà, que empiece el curso «con buen pie» y «ponga fin a la segregación formativa» y la «discriminación» de los profesores de la concertada a la hora de acceder a las diferentes ayudas para que en la Comunitat haya «de verdad, una escuela para todos».

El sindicato ha señalado en un comunicado que en el pasado ejercicio los docentes de la enseñanza concertada, más de 15.000 profesionales, «no tuvieron las mismas oportunidades para acceder a los cursos y a las ayudas ofrecidas por la Conselleria».

Por ello, ha reclamado al Consell que «acabe con el clasismo» y destine el 35 por ciento de las ayudas y de la oferta formativa a los profesores de los centros concertados, «la misma proporción del mapa educativo de la Comunitat Valenciana».

«El desequilibrio provocado por la Conselleria genera dos velocidades educativas» ya que el año pasado solo el 1% de los docentes de la escuela concertada pudieron acceder a los cursos en el extranjero», ha criticado el sindicato, que ha añadido que esto supone que el conseller «destinó a la concertada sólo 13 de las 1.000 plazas para formación en el extranjero minusvalorando su trabajo y sus derechos».

Además, «los auxiliares de conversación fueron a parar solo a los centros públicos, por lo que FSIE seguirá reclamando que se oferten a todos los centros sostenidos con fondos públicos».

A esto el sindicato une que sólo el 5% de las ayudas para la innovación fueron a parar a estos profesionales «lo que supuso que el Consell destinara 1,3 millones para los centros públicos mientras que a los concertados solo 63.582 euros, cuando la escuela concertada representa el 35% de la enseñanza y proporcionalmente le corresponderían 450.000 euros».

A juicio del sindicato, «tanto es así que la ratio de ayuda por alumnos debería ser del 2,33 pero, en el caso de la pública, se dispara en detrimento de la concertada hasta un 20,45».

FSIE ha señalado que se trata de «justicia e igualdad» en el reparto de los servicios que pagan todos los valencianos y, por ello, ha solicitado que las bases del próximo curso permitan que los profesores de la concertada «puedan acceder con los mismos derechos que los compañeros de la función pública».

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El vestido de Cristina Pedroche y el fin de un ciclo que ya no sorprende

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vestido Pedroche Campanadas 2025
El vestido de Cristina Pedroche para las Campanadas 2025

Cristina Pedroche ha vuelto a hacerlo. Y precisamente ahí está el problema. En sus duodécimas Campanadas, la presentadora ha presentado el que ella misma define como su vestido más simbólico, emotivo y definitivo: un diseño construido a partir de retales de sus once looks anteriores, convertido en una gran capa de upcycling con la que asegura cerrar una etapa.

Sin embargo, más allá del relato, el resultado vuelve a confirmar lo que ya es evidente desde hace varias ediciones: el modelo Pedroche está creativamente agotado. Cambia el envoltorio conceptual, se eleva el discurso y se multiplica la simbología, pero el impacto visual vuelve a ser el mismo de siempre: casi desnudez, cuerpo como eje central y mínima estructura textil.

El vestido que lo resume todo… porque no propone nada nuevo

Pedroche se “lo ha puesto todo encima”, literalmente. Fragmentos de vestidos pasados, piezas icónicas recicladas, plumas, cadenas, cristales, esculturas corporales y referencias constantes a su propio archivo estético. Un ejercicio autorreferencial que funciona como resumen de su trayectoria, pero que no aporta una lectura nueva de la moda ni del cuerpo.

El mensaje es claro: no hay ruptura, hay acumulación. No hay evolución, hay repetición sofisticada. El vestido no avanza, se mira a sí mismo.

Del impacto al automatismo

Durante años, el casi desnudo de Cristina Pedroche fue rompedor. Hoy se ha convertido en automatismo. La fórmula es reconocible hasta el extremo: piel protagonista y el vestido como ornamento y una narrativa emocional que intenta elevar lo que visualmente ya no sorprende.

El upcycling presentado como gran novedad no es más que un nuevo argumento para sostener un resultado idéntico: el cuerpo vuelve a ser el centro absoluto, y el diseño queda relegado a acompañarlo.

La causa social de Pedroche, su mejor elección

La causa social elegida por Cristina Pedroche es, probablemente, el mayor acierto de sus Campanadas. Vincular su vestuario a la labor de la Asociación Española Contra el Cáncer aporta profundidad y sentido a un formato que, a nivel estético, muestra claros signos de desgaste.

El respaldo a la AECC introduce un mensaje útil, necesario y transversal, que conecta con una realidad que afecta a miles de familias. Es ahí donde Pedroche acierta de pleno: cuando el foco se desplaza del cuerpo al acompañamiento, la investigación y el apoyo a los pacientes, la elección deja de ser un recurso narrativo y se convierte en un gesto con verdadero impacto.

Josie y la construcción de un universo cerrado

El estilista Josie vuelve a estar al frente de la dirección creativa, ensamblando una auténtica antología de símbolos reconocibles para el espectador. El resultado es coherente, milimétrico y técnicamente complejo, pero también encorsetado en su propio lenguaje.

El vestido habla de memoria, de ritual, de semiótica textil… pero sigue diciendo lo mismo que hace años. La piel continúa siendo el titular.

Cuando el vestido deja de ser moda y se convierte en gesto repetido

El gran problema del diseño de 2025 no es su osadía, sino su falta de sorpresa real. El espectador ya no se pregunta qué llevará Pedroche, sino cuánto mostrará. Y cuando la conversación se reduce a eso, el vestido deja de ser moda para convertirse en gesto reiterado.

Frente a propuestas donde la confección, la silueta o el diseño adquieren protagonismo, el modelo Pedroche insiste en una idea que ya ha dado todo lo que tenía que dar.

El cierre de ciclo que confirma el agotamiento

Pedroche habla de cerrar una etapa. Y quizá tenga razón. Porque este vestido no marca un nuevo comienzo, sino que certifica el final de una fórmula que ha sido explotada hasta el límite.

Doce años después, el casi desnudo ya no es transgresión, es marca registrada. Y cuando la marca se impone al diseño, lo único que queda es repetirse.

El vestido de estas Campanadas no abre camino: pone punto final a un modelo que ya no evoluciona.

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