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El exguardaespaldas de los Beckham hallado muerto en Llíria

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Hallan muerto en Llíria al guardaespaldas de Beckam

Craig Ainsworth, el exguardaespaldas que protegió a famosos como el matrimonio Beckham, Arnold Schwarzenegger y Zendaya, fue encontrado muerto el pasado domingo en Llíria, Valencia. La trágica noticia se conoció tras el hallazgo de su cuerpo en el parque municipal de San Vicente por parte de dos hombres que paseaban por la zona.

Ainsworth, de 40 años, dejó una carta de despedida en su perfil de Facebook un día antes de su muerte, revelando el dolor que había sufrido en los últimos años. En el mensaje, Ainsworth expresó: “Adiós, gente hermosa. Vivir es la cosa más rara del mundo. Para la mayoría de ustedes esto será un shock, pero mi dolor ha sido tremendo durante los últimos cuatro años…”. Estas palabras dejaron entrever la difícil batalla emocional que el exguardaespaldas enfrentaba.

Investigación y primeros hallazgos

La Policía Local de Llíria y la Guardia Civil fueron alertadas por el descubrimiento del cadáver. A la escena también acudieron bomberos y un médico. Tras inspeccionar el lugar, los agentes confirmaron que no había indicios de criminalidad, lo que llevó a suponer que se trataba de un suicidio.

Ainsworth fue identificado por los documentos encontrados en su mochila, ubicada cerca de su cadáver. El exguardaespaldas había viajado desde Dénia hasta Llíria en un coche de alquiler, que fue localizado en un aparcamiento cercano. La investigación no reveló ninguna evidencia que sugiriera que Ainsworth hubiera estado acompañado en el vehículo, lo que reafirmó la hipótesis del suicidio.

Contexto emocional y el trastorno de estrés postraumático

La madre de Ainsworth había solicitado ayuda en redes sociales para localizar a su hijo, quien sufría de trastorno de estrés postraumático (TEPT), una condición que había afectado gravemente su bienestar emocional. La mujer se trasladó al parque de Llíria tras ser notificada por una amiga de su hijo sobre la posible ubicación de su teléfono móvil.

En su carta de despedida, Ainsworth relató cómo la pandemia y el confinamiento destruyeron su vida: «El confinamiento destruyó todo lo que había construido y perdí a algunas personas realmente increíbles que me enorgullecía llamar amigos y compañeros». Además, agradeció a quienes lo apoyaron, pero también expresó resentimiento hacia aquellos que lo atacaron y le causaron dolor.

“Viví la vida de diez hombres. Viví con un corazón puro y buenas intenciones. Me esforcé por proyectar positividad en el mundo y ayudar a otros. Todo el mundo que habla de mí y no conmigo ha destrozado mi confianza”, señaló en otro fragmento de su mensaje.

En sus últimas palabras, Ainsworth también instó a quienes pudieran estar pensando en hacerse daño a sí mismos a buscar ayuda: «Cualquiera que esté pensando en hacerse daño a sí mismo, por favor, que busque ayuda. No me copies porque no tienes idea de lo que he pasado. Los más cercanos a mí estarán felices de haber encontrado la paz. Piensa en eso».

Un guardaespaldas destacado

Craig Ainsworth fue un profesional de la seguridad privada con una destacada trayectoria, tanto como guardaespaldas de celebridades como en su faceta como oficial de Policía en Reino Unido. A lo largo de su carrera, Ainsworth protegió a figuras públicas de renombre, entre ellas los Beckham, a quienes acompañó en eventos y viajes, defendiendo a la familia de amenazas y peligros, incluyendo la de fanáticos obsesivos.

Además de su trabajo con los Beckham, Ainsworth brindó seguridad a otras celebridades como Arnold Schwarzenegger, Zendaya, Chris Hemsworth y Jennifer Lawrence. Sus compañeros de profesión lo describen como un escolta experimentado y discreto, con una relación cercana a las personalidades que protegía.


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El jurado declara culpable al único acusado del crimen del canónigo de València, cometido junto a otra persona

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muerte cura Valencia
El acusado del crimen del canónigo de la Catedral de València en enero de 2024 - EUROPA PRESS

El tribunal popular considera probado que el crimen fue planificado, con alevosía, y que el acusado participó en el robo y uso fraudulento de las tarjetas de la víctima.

Un jurado popular ha declarado culpable de asesinato al único acusado por la muerte del canónigo de la Catedral de València, ocurrida en 2024, al considerar que actuó de común acuerdo con otra persona no identificada dentro de un plan previamente diseñado para acabar con la vida de la víctima y apropiarse de sus bienes.

El fallo, adoptado por siete votos frente a dos, concluye que el acusado participó de forma decisiva en el crimen, aunque no fuera el autor material de la asfixia que provocó la muerte del religioso, Alfonso, de 79 años.

Asesinato planificado y con alevosía

Según el veredicto, la muerte no fue accidental y se produjo por asfixia, en un contexto en el que la víctima no pudo defenderse debido a su edad y condición física. El jurado aprecia alevosía, al considerar que el ataque se llevó a cabo de manera sorpresiva y premeditada.

La resolución sitúa al acusado en el lugar y en el momento del crimen, basándose en el análisis del posicionamiento de los teléfonos móviles tanto de la víctima como del procesado.

Robo con violencia y estafa continuada

Además del asesinato, el jurado ha declarado probado por unanimidad que el acusado y su cómplice se apoderaron de tarjetas bancarias y comerciales del canónigo con el objetivo de obtener beneficios económicos.

El acusado realizó compras y gastos con una tarjeta bancaria por un valor superior a 2.300 euros, además de varias adquisiciones con una tarjeta comercial. En el momento de su detención, los agentes le intervinieron 875 euros en efectivo, procedentes de extracciones realizadas con dichas tarjetas.

La versión del acusado

Durante el juicio, celebrado en la Audiencia Provincial de València, el acusado se declaró inocente del homicidio y negó haber estado en el domicilio de la víctima. Sí reconoció haber utilizado las tarjetas, aunque aseguró que se las entregó un tercero no identificado y que desconocía que el canónigo hubiera fallecido.

Las investigaciones policiales no hallaron huellas ni ADN del acusado en la vivienda, aunque sí restos genéticos y huellas pertenecientes a personas no identificadas.

Fiscalía pide 28 años de prisión

Tras el veredicto, la Fiscalía mantiene su petición de 28 años de cárcel, repartidos entre el delito de asesinato, el robo con violencia y la estafa continuada. La acusación sostiene que el procesado tuvo una participación directa y determinante en un crimen que califica de especialmente grave.

Por su parte, la defensa ha solicitado la imposición de la pena mínima prevista por la ley. El jurado ha recomendado que no se concedan beneficios penitenciarios ni un eventual indulto, y el acusado permanece en prisión provisional a la espera de sentencia.

 

El hallazgo del cadáver del canónigo

El cadáver lo descubrió el portero, que reside en el edificio y que ha declarado en esta jornada. Según su versión, el día de los hechos abrió la portería a las 9.00 horas como de costumbre, y a los pocos minutos le llegó un mensaje del canónigo diciéndole que se iba a ausentar hasta el fin de semana. Le generó «duda» la forma en la que estaba escrito, pero no lo vio con «normalidad» porque tenía un apartamento en la playa de El Perelló.

Sobre las 11.15 horas se personó un amigo de Alfonso —decía que eran «como hermanos»— preocupado porque habían quedado para «una cosa importante» y no le cogía el móvil. Subieron y, tras llamar dos veces y no recibir respuesta, el portero abrió con la copia de las llaves que tenía.

Al girar la llave la puerta no estaba cerrada. Entró y, al asomarse al dormitorio, vio al canónigo tumbado boca arriba y la cama «revuelta, usada».
«Claramente vi que estaba muerto, lo vi como una especie de momia con la boca abierta, salí chillando en un estado de nervios muy grande», ha recordado.

Testimonio del portero: chicos vulnerables y conflictos frecuentes

El portero ha declarado que era «muy frecuente» que subieran chicos al piso del canónigo, en etapas «muchos», y que cuando Alfonso percibió que «los vecinos comenzaban a darse cuenta de que ocurría algo extraño», los citaba fuera del horario de portería.

En su mayoría eran personas «muy necesitadas», algunos con signos visibles de adicción a drogas, todos mayores de edad. Alfonso tenía «un carácter fuerte, complicado», y solía ir a buscarlos a la estación de autobuses o a la calle Bailén.

«Yo porque sabía torearlo a pesar del asco que me daba a mí por lo que estaba haciendo, pero los vecinos estaban hartos», ha afirmado.

Incidentes y testimonios de vecinos

El portero ha relatado numerosos episodios:

  • Jóvenes encerrados con llave cuando el canónigo salía

  • Conflictos por pagos de servicios sexuales

  • Amenazas de denuncia

  • Discusiones por dinero no abonado

Una vecina escuchó cómo Alfonso ofrecía dinero a cambio de sexo oral.
«Los vecinos estaban hartos, a ellos y a mí nos resultaba repugnante y doloroso», ha recalcado.

Incluso una vecina del anterior edificio advirtió:
«Que se preparen todos los vecinos porque lo que viene es muy fuerte. Es un sacerdote al que le gustan los chicos».

 

Alfonso López Benito-AVAN / A. Sáiz

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