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La OMS: Las vacunaciones tardarán medio año en reducir los casos diarios

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La OMS alerta: Después de ómicron habrá variantes más mortales

Ginebra, 8 ene (EFE).- Aunque las vacunaciones contra la COVID-19 ya han comenzado en la mitad de los países desarrollados, dado su limitado alcance por ahora podrían pasar hasta seis meses antes de que ayuden a bajar los casos diarios en la pandemia, advirtieron hoy expertos de la Organización Mundial de la Salud (OMS).

«El propósito de las vacunas que se están administrando es muy específico, el de salvar vidas llegando a la población en mayor riesgo, (…) pero no se dispone todavía del volumen suficiente para que tengan impacto en las curvas» de casos diarios, admitió el asesor de la OMS para la COVID-19, Bruce Aylward.

«No vamos a verlo (el descenso) en los próximos seis meses», aseguró en rueda de prensa el canadiense, quien también advirtió que la campaña de inmunización tampoco tendrá el efecto deseado «si la gente se reúne en grandes cantidades, no usa mascarilla o deja de tomar el resto de importantes precauciones».

«Las vacunas son prometedoras, pero por ahora hay que seguir centrados en identificar los casos, incluyendo los leves y moderados, aislarlos, identificar los contactos y establecer cuarentenas», señaló.

En la misma línea, el director de la OMS para Emergencias Sanitarias, Mike Ryan, subrayó que por ahora no habrá «ningún efecto de las vacunas en la transmisión nacional» y negó que la estabilización de la curva a nivel global en las últimas semanas sea fruto de esas primeras vacunaciones.

«En las últimas tres semanas consecutivas hemos tenido más de cuatro millones de nuevos casos semanales, y ha habido un ligero descenso en los últimos días, pero la transmisión que pueda haberse producido en las vacaciones podría verse en las cifras de los próximos días», aseguró.

Las nuevas variantes más contagiosas que se han detectado en Reino Unido y Sudáfrica también podrían potencialmente aumentar las cifras a nivel global, vaticinó el irlandés, quien insistió en que las vacunas «están ya salvando vidas, pero por ahora no van a afectar a la transmisión».

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El vestido de Cristina Pedroche y el fin de un ciclo que ya no sorprende

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vestido Pedroche Campanadas 2025
El vestido de Cristina Pedroche para las Campanadas 2025

Cristina Pedroche ha vuelto a hacerlo. Y precisamente ahí está el problema. En sus duodécimas Campanadas, la presentadora ha presentado el que ella misma define como su vestido más simbólico, emotivo y definitivo: un diseño construido a partir de retales de sus once looks anteriores, convertido en una gran capa de upcycling con la que asegura cerrar una etapa.

Sin embargo, más allá del relato, el resultado vuelve a confirmar lo que ya es evidente desde hace varias ediciones: el modelo Pedroche está creativamente agotado. Cambia el envoltorio conceptual, se eleva el discurso y se multiplica la simbología, pero el impacto visual vuelve a ser el mismo de siempre: casi desnudez, cuerpo como eje central y mínima estructura textil.

El vestido que lo resume todo… porque no propone nada nuevo

Pedroche se “lo ha puesto todo encima”, literalmente. Fragmentos de vestidos pasados, piezas icónicas recicladas, plumas, cadenas, cristales, esculturas corporales y referencias constantes a su propio archivo estético. Un ejercicio autorreferencial que funciona como resumen de su trayectoria, pero que no aporta una lectura nueva de la moda ni del cuerpo.

El mensaje es claro: no hay ruptura, hay acumulación. No hay evolución, hay repetición sofisticada. El vestido no avanza, se mira a sí mismo.

Del impacto al automatismo

Durante años, el casi desnudo de Cristina Pedroche fue rompedor. Hoy se ha convertido en automatismo. La fórmula es reconocible hasta el extremo: piel protagonista y el vestido como ornamento y una narrativa emocional que intenta elevar lo que visualmente ya no sorprende.

El upcycling presentado como gran novedad no es más que un nuevo argumento para sostener un resultado idéntico: el cuerpo vuelve a ser el centro absoluto, y el diseño queda relegado a acompañarlo.

La causa social de Pedroche, su mejor elección

La causa social elegida por Cristina Pedroche es, probablemente, el mayor acierto de sus Campanadas. Vincular su vestuario a la labor de la Asociación Española Contra el Cáncer aporta profundidad y sentido a un formato que, a nivel estético, muestra claros signos de desgaste.

El respaldo a la AECC introduce un mensaje útil, necesario y transversal, que conecta con una realidad que afecta a miles de familias. Es ahí donde Pedroche acierta de pleno: cuando el foco se desplaza del cuerpo al acompañamiento, la investigación y el apoyo a los pacientes, la elección deja de ser un recurso narrativo y se convierte en un gesto con verdadero impacto.

Josie y la construcción de un universo cerrado

El estilista Josie vuelve a estar al frente de la dirección creativa, ensamblando una auténtica antología de símbolos reconocibles para el espectador. El resultado es coherente, milimétrico y técnicamente complejo, pero también encorsetado en su propio lenguaje.

El vestido habla de memoria, de ritual, de semiótica textil… pero sigue diciendo lo mismo que hace años. La piel continúa siendo el titular.

Cuando el vestido deja de ser moda y se convierte en gesto repetido

El gran problema del diseño de 2025 no es su osadía, sino su falta de sorpresa real. El espectador ya no se pregunta qué llevará Pedroche, sino cuánto mostrará. Y cuando la conversación se reduce a eso, el vestido deja de ser moda para convertirse en gesto reiterado.

Frente a propuestas donde la confección, la silueta o el diseño adquieren protagonismo, el modelo Pedroche insiste en una idea que ya ha dado todo lo que tenía que dar.

El cierre de ciclo que confirma el agotamiento

Pedroche habla de cerrar una etapa. Y quizá tenga razón. Porque este vestido no marca un nuevo comienzo, sino que certifica el final de una fórmula que ha sido explotada hasta el límite.

Doce años después, el casi desnudo ya no es transgresión, es marca registrada. Y cuando la marca se impone al diseño, lo único que queda es repetirse.

El vestido de estas Campanadas no abre camino: pone punto final a un modelo que ya no evoluciona.

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