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Cultura

‘Luce Benicàssim’, un nuevo concepto de festival de música para este verano

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EFE. Cedida por The Music Republic

The Music Republic, empresa organizadora del FIB, el Arenal Sound, el Festival de Les Arts y el Viña Rock entre otros, ha anunciado hoy la celebración de un nuevo festival de música que se celebrará en Benicàssim este verano a lo largo del mes de julio con un «nuevo concepto» con «todas las medidas de seguridad».

Según fuentes de la empresa, actuarán en este festival, denominado Luce Benicàssim, «algunos de los artistas más destacados del panorama musical».

Serán alrededor de una docena de artistas los que pasarán por el recinto de festivales a lo largo del mes de julio repartidos en jornadas independientes que tendrán lugar en el «entorno privilegiado» del Desert de Les Palmes.

Su escenario al aire libre contará con todas las medidas de seguridad vigentes y un espacio amplio y diáfano que «brindará una gran experiencia a los asistentes respetando el aforo permitido y manteniendo las distancias de seguridad».

Luce Benicàssim «volverá a llenar de música una ciudad que tradicionalmente ha estado vinculada con los festivales, el turismo y la cultura» y «el evento, además, generará un gran impacto social, económico y mediático para la localidad y la provincia de Castellón», han señalado las mismas fuentes.

La gastronomía será otra de las disciplinas que estén presentes en Luce Benicàssim, ya que, con el objetivo de crear una experiencia que trascienda de lo puramente musical, el recinto contará con servicios de restauración de gran calidad.

Los primeros artistas serán anunciados en los próximos días y las entradas saldrán a la venta tan solo unos días después, han indicado desde la organización.

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Cultura

Los secretos de la Finca Roja de València

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la finca roja de valencia
Foto: Hugo Román

La Finca Roja de València es uno de los símbolos de la ciudad. El sello inconfundible de Enrique Viedma Vidal quedó plasmado en muchas construcciones en la València de los años 20 y 30. Puede que cuando el arquitecto valenciano planificara las 378 viviendas y 14 patios que hoy ocupan la manzana de las calles Jesús, Albacete, Marvá y Maluquer no fuera consciente de que estaba a punto de levantar uno de los edificios más icónicos de la ciudad. Todo un símbolo que nació con otro objetivo bien distinto.

Construido entre 1929 y 1933, se buscaba la funcionalidad y aprovechar al máximo los más de 15.000 m2 de la manzana para uso de la comunidad. Una comunidad formada por los obreros del Instituto Nacional de Previsión que buscaban vivienda en València a cambio de un chavo al mes. De hecho antes de ser popularmente conocida como Finca Roja, los vecinos de la capital del Turia la bautizaron como la “finca del chavo“ por ese motivo.

En el ladrillo caravista de color rojo que le confiere esa personalidad, y su sobrenombre, se puede apreciar la influencia de la escuela holandesa. Pero la originalidad de este residencial no se queda tan solo en su colores rojo y azul turquesa o en su original fachada con sus formas geométricas, repletas de detalles. En su interior, en sus entrañas, esconde en secreto sus orígenes.

Inspirado por el filósofo francés Charles Fourier, Viedma rompió con modelos de la época a la hora de proyectar la finca buscando dotarla de servicios, de recreo y descanso para niños y mayores.

La Finca Roja de València:

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La idea era que los bajos comerciales se abrieran al patio interior, para así proveer a los vecinos. Este modelo de autogestión que buscaba aprovechar su peculiar estructura y su patio interior, debía autoabastecerse de agua gracias a los torreones de las esquinas, pensados como depósitos, idea que nunca se llevó a cabo.

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Han pasado muchas décadas, y sus actuales vecinos disfrutan sabedores de encontrarse en un espacio único, en el que cada ladrillo esconde historias, sueños e ilusiones del pasado. Ya no queda nada de aquellos comercios que tenían acceso al interior. Otros elementos también han ido desapareciendo con el paso de los años.

Ha pasado el tiempo, tantos que muchos de los que allí viven desconocen parte de esa historia escrita sobre ladrillo rojizo. Ladrillos que visten pisos de 100 metros cuadrados o de 140 en el caso de algunos que recaen en los chaflanes.

El enorme patio ajardinado es un lugar de descanso donde los vecinos pueden disfrutar del aire libre sin salir de sus casas. Un lugar de encuentro para desconectar, charlar, jugar o pasear al perro.

Un lugar en el que historia y arquitectura se dan la mano.

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