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Valencia

Marzà: «La pandemia tendrá el efecto colateral de acelerar el cambio a otra Educación»

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València, 28 mar (EFE).- El conseller de Educación, Vicent Marzà, considera que la pandemia ha traído como efecto colateral la aceleración de los procesos ya en marcha de cambio a «otra forma de aprender y enseñar», y asegura que si el mundo «no va a ser el mismo» una vez superada la crisis sanitaria, tampoco lo será la Educación.

En una entrevista con EFE, Marzà ha desgranado aspectos positivos llegados con la pandemia como la reducción de alumnos en las aulas, el aumento de profesores, el cambio de la metodología o el impulso a la FP, y ha advertido, por el contrario, de que el impacto psicológico en alumnos y profesores «tardará en desaparecer».

EFECTO COLATERAL DE LA PANDEMIA

El conseller ha detallado que ante la «urgencia» por la pandemia no han perdido de vista «lo que era importante» y han tratado de que esa situación «diera solución» a aspectos como una mejor atención, la innovación pedagógica, la renovación metodológica y las nuevas tecnologías.

«Ya estaban en la agenda y se estaba desarrollando, pero es verdad -reconoce- que la pandemia ha dado como un impulso más repentino porque hemos podido desarrollar más recursos para poder dar solución a la necesidad de la presencialidad y de la educación como beneficio para toda la ciudadanía».

A su juicio, «un efecto colateral de la pandemia ha sido que ha acelerado muchos procesos de cambio; el mundo que vamos a vivir después de la pandemia no va a ser el mismo, y por tanto la Educación no puede ser la misma».

«Hemos intentado ir a lo importante para que este cambio sirviera ya para lo que vendrá después, que es otra forma de aprender y enseñar, otra forma de relacionarnos», sostiene.

APRENDIZAJE TRANSVERSAL FRENTE AL ENCICLOPÉDICO

Marzà valora el «esfuerzo que ha hecho el profesorado para adaptarse a la nueva situación, innovando para ello y acompañando mejor al alumnado» y considera que ese «cambio metodológico se va a quedar».

En ese sentido, resalta la apuesta por el uso de las nuevas tecnologías de forma integrada en el mismo aula -no como aulas de informática independientes- «para trabajar de forma transversal, en equipo, de forma cooperativa», y defiende que la inversión en tabletas «se va a quedar en los centros».

Igualmente, considera que no se va a retroceder en la organización por ámbitos de aprendizaje, «que no sea un aprendizaje enciclopédico, sino más competencial y cooperativo, más transversal, por ámbitos y no tanto asignatura a asignatura».

«Había reticencias pero lo hemos experimentado este año para poder acompañar mejor la transición de Primaria a Secundaria y ahora han visto que está funcionando bien y ha venido para quedarse», apunta.

Además, «más como petición» que como una certeza futura, reclama «consolidar la financiación extra del Gobierno» para que las comunidades autónomas gestionaran la Educación en el marco de la covid, y que en el caso de la Comunitat Valenciana, ha permitido «tener más profesores -incluso dos por clase- y menos alumnos por aula», algo que, en su opinión, «está siendo clave».

«Creo que se ha visto claro que con más inversión, se puede tener una mejor educación», subraya Marzà, para quien también ha sido importante la apuesta de la Generaliat por la Formación Profesional, con ayuda del Ministerio, «que casi ha duplicado el presupuesto».

«Eso tiene que quedarse de forma estructural porque es superimportante como modelo de cohesión social que la FP tenga ese volumen de oferta», asegura y resalta que ayudará a «reconvertirse» a personas que «por la crisis social probablemente se han quedado o se van a quedar sin trabajo».

EL IMPACTO PSICOLÓGICO: LO MÁS PREOCUPANTE DE LA PANDEMIA

Para el conseller, aspectos negativos de la pandemia se van a poder revertir como la sobrecarga de trabajo «por el cambio repentino que se ha tenido que hacer» aunque puntualiza que lo que más les «preocupa», y por ello están dedicando ya recursos, es el impacto psicológico en profesores y alumnos.

«Esas secuelas emocionales y psicológicas tardarán en desaparecer y deberán hacerlo si lo hacen con mucho trabajo, y para eso tendremos que acompañar todavía de forma más personal y con más recursos a los alumnos», sostiene.

Por ello, han iniciado «un cambio a nivel estructural en el modelo de orientación educativa, para que el alumnado se sienta acompañado en su orientación académica y en su evolución emocional y psicológica», una intervención, a su juicio, «necesaria y más continuada en los próximos años».

Respecto a la brecha digital, recuerda que compraron 30.000 tabletas con acceso a internet integrado «que la han minimizado» y, aunque reconoce que aún existe y defiende que «no es solo cuestión de acceso ni de recursos, es también cultural y de conocimientos».

«Aunque se tenga el recurso se tiene que ayudar a utilizarlos», agrega, y subraya que con esas tabletas y los 50.000 ordenadores portátiles que llegarán en los próximos meses, se «suplirá toda la necesidad de conectividad».

«Pero hay que trabajar de forma estructural en el buen uso de las tecnologías y para ellos hemos desarrollado el espacio Cultura Digital, que está en ESO, para que de forma transversal sepamos hacer un buen uso y todos tengan una conectividad sana y ética a las nuevas redes», concluye. EFE

Mónica Collado

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Deportes

VÍDEO| La afición del Valencia estalla tras el empate ante el Elche: gritos contra Lim, Corberán y los jugadores

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protesta Mestalla
CAPTURA DE PANTALLA

Mestalla volvió a ser el fiel reflejo del estado de angustia permanente en el que vive el Valencia CF esta temporada. Una noche más, el equipo blanquinegro fue incapaz de transformar la urgencia en una reacción convincente y terminó firmando otro empate que no soluciona nada, esta vez ante el Elche CF, en un derbi autonómico cargado de tensión y de sensación de oportunidad desperdiciada.

El gol de Pepelu, desde el punto de penalti en los minutos finales, evitó una derrota que habría supuesto un golpe todavía más duro, pero no disipó la frustración de una afición que ve cómo el equipo sigue sin dar un paso adelante. El punto rescatado sabe a muy poco, casi a nada, para un valencianismo agotado de promesas incumplidas, de errores repetidos y de un equipo que no encuentra respuestas ni dentro ni fuera del campo.

Lejos de servir como punto de inflexión, el empate volvió a dejar al descubierto las mismas carencias estructurales: falta de colmillo en ataque, fragilidad mental en los momentos clave y una presión ambiental que pesa como una losa sobre los futbolistas. Con el equipo anclado en la zona baja de la clasificación, cada jornada que pasa sin victoria agranda la herida y aumenta la sensación de que el Valencia está atrapado en un bucle peligroso del que no consigue salir.

Mestalla, que durante décadas fue sinónimo de fortaleza, se ha convertido ahora en un escenario de impaciencia, nervios y desconfianza, donde cada balón fallado y cada ocasión desperdiciada se vive como un recordatorio de una realidad que duele. Y mientras el calendario avanza sin tregua, la pregunta empieza a repetirse con más fuerza que nunca entre la afición: ¿cuánto más puede aguantar el Valencia CF así?

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