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Octubre deja en la Comunitat más de un tercio de los contagios totales

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Octubre se ha convertido en el peor mes en cuanto al número de contagios en la Comunitat Valenciana desde el inicio de la pandemia. La conselleria de Sanitat ha registrado 22.335 nuevos casos, lo que supone más de un tercio del total, que se sitúa en 63.073. El mes pasado la Comunitat batió sus récords en el número de contagios y en el de brotes en un día. También se ha multiplicado la tasa de incidencia acumulada y el porcentaje de casos activos.

Los contagios se han disparado en la última quincena del mes. Si en los primeros quince días de octubre se notificaron casi 7.000 nuevos casos, la cifra se ha multiplicado por más de dos en el segunda quincena: 15.403. La última semana de octubre ha sido especialmente dura. El día 24 se registró el número más alto de contagios desde el inicio de la pandemia, 1.690, y la media superó los 1.000 casos diarios.

La provincia de Valencia ha sido la más afectada por este incremento, lógico si se tiene en cuenta su peso poblacional. Ha registrado más de la mitad de los casos totales en la Comunitat (11.653), con especial incidencia en la ciudad de València.

Afortunadamente, la cifra de fallecimientos no ha seguido la misma progresión que la de contagios diarios. En octubre han muerto 181 personas, 47 más que en septiembre. El peor día fue el 27, con 19 decesos.

Destaca también la cantidad de nuevos brotes notificados por conselleria, 865, y que dos tercios de ellos corresponden a la segunda quincena del mes. Sólo en un día, el pasado viernes 30, se registraron 88, nuevamente récord desde el inicio de la pandemia. Más de un 70% de esos brotes tienen un origen social, un 20% se producen en el trabajo y sólo un 8’1 % proceden del ámbito educativo.

Todas estas cifras se han reflejado en la incidencia acumulada, los casos por cada cien mil habitantes de los últimos 14 días. La Comunitat comenzó el mes con 103 casos y ahora está en 231,47. A pesar de doblar su tasa de incidencia, esta aún es la más baja de todas la comunidades exceptuando los dos archipiélagos.

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El vestido de Cristina Pedroche y el fin de un ciclo que ya no sorprende

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vestido Pedroche Campanadas 2025
El vestido de Cristina Pedroche para las Campanadas 2025

Cristina Pedroche ha vuelto a hacerlo. Y precisamente ahí está el problema. En sus duodécimas Campanadas, la presentadora ha presentado el que ella misma define como su vestido más simbólico, emotivo y definitivo: un diseño construido a partir de retales de sus once looks anteriores, convertido en una gran capa de upcycling con la que asegura cerrar una etapa.

Sin embargo, más allá del relato, el resultado vuelve a confirmar lo que ya es evidente desde hace varias ediciones: el modelo Pedroche está creativamente agotado. Cambia el envoltorio conceptual, se eleva el discurso y se multiplica la simbología, pero el impacto visual vuelve a ser el mismo de siempre: casi desnudez, cuerpo como eje central y mínima estructura textil.

El vestido que lo resume todo… porque no propone nada nuevo

Pedroche se “lo ha puesto todo encima”, literalmente. Fragmentos de vestidos pasados, piezas icónicas recicladas, plumas, cadenas, cristales, esculturas corporales y referencias constantes a su propio archivo estético. Un ejercicio autorreferencial que funciona como resumen de su trayectoria, pero que no aporta una lectura nueva de la moda ni del cuerpo.

El mensaje es claro: no hay ruptura, hay acumulación. No hay evolución, hay repetición sofisticada. El vestido no avanza, se mira a sí mismo.

Del impacto al automatismo

Durante años, el casi desnudo de Cristina Pedroche fue rompedor. Hoy se ha convertido en automatismo. La fórmula es reconocible hasta el extremo: piel protagonista y el vestido como ornamento y una narrativa emocional que intenta elevar lo que visualmente ya no sorprende.

El upcycling presentado como gran novedad no es más que un nuevo argumento para sostener un resultado idéntico: el cuerpo vuelve a ser el centro absoluto, y el diseño queda relegado a acompañarlo.

La causa social de Pedroche, su mejor elección

La causa social elegida por Cristina Pedroche es, probablemente, el mayor acierto de sus Campanadas. Vincular su vestuario a la labor de la Asociación Española Contra el Cáncer aporta profundidad y sentido a un formato que, a nivel estético, muestra claros signos de desgaste.

El respaldo a la AECC introduce un mensaje útil, necesario y transversal, que conecta con una realidad que afecta a miles de familias. Es ahí donde Pedroche acierta de pleno: cuando el foco se desplaza del cuerpo al acompañamiento, la investigación y el apoyo a los pacientes, la elección deja de ser un recurso narrativo y se convierte en un gesto con verdadero impacto.

Josie y la construcción de un universo cerrado

El estilista Josie vuelve a estar al frente de la dirección creativa, ensamblando una auténtica antología de símbolos reconocibles para el espectador. El resultado es coherente, milimétrico y técnicamente complejo, pero también encorsetado en su propio lenguaje.

El vestido habla de memoria, de ritual, de semiótica textil… pero sigue diciendo lo mismo que hace años. La piel continúa siendo el titular.

Cuando el vestido deja de ser moda y se convierte en gesto repetido

El gran problema del diseño de 2025 no es su osadía, sino su falta de sorpresa real. El espectador ya no se pregunta qué llevará Pedroche, sino cuánto mostrará. Y cuando la conversación se reduce a eso, el vestido deja de ser moda para convertirse en gesto reiterado.

Frente a propuestas donde la confección, la silueta o el diseño adquieren protagonismo, el modelo Pedroche insiste en una idea que ya ha dado todo lo que tenía que dar.

El cierre de ciclo que confirma el agotamiento

Pedroche habla de cerrar una etapa. Y quizá tenga razón. Porque este vestido no marca un nuevo comienzo, sino que certifica el final de una fórmula que ha sido explotada hasta el límite.

Doce años después, el casi desnudo ya no es transgresión, es marca registrada. Y cuando la marca se impone al diseño, lo único que queda es repetirse.

El vestido de estas Campanadas no abre camino: pone punto final a un modelo que ya no evoluciona.

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