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Villarejo: «Al rey emérito le inyectaron hormonas femeninas para rebajarle la libido»

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rey hormonas femeninas

La última bomba que le ha explotado a la Casa Real viene por boca del excomisario José Manuel Villarejo, quien este miércoles hacía unas  explosivas declaraciones ante la Comisión sobre la ‘Operación Kitchen‘ del Congreso de los Diputados, donde ha hablado del rey Juan Carlos I, afirmando que le llegaron a inyectar «hormonas femeninas» e «inhibidores de la testosterona» con el objetivo de «rebajarle la libido».

«Lo que no se puede es envenenar a un señor con hormonas femeninas o con ataques a su libido porque es un problema de Estado«, ha reprochado Villarejo, que ha confirmando, a preguntas de Gabriel Rufián, que se refería al monarca emérito. «Se consideraba un problema de Estado el que este señor fuera tan ardiente, por así decirlo».

Pero además, durante su comparecencia Villarejo ha defendido que hay pruebas de estas supuestas inyecciones al emérito: «Hay una grabación de la señora Larsen que lo cuenta y, además, hay unos informes médicos de una clínica donde, entre otras cosas, me encargaron a mí recuperarlos para que no hubiera rastro. Todo eso aportaré en el juicio».

Por su parte, el diputado de Bildu Jon Iñarritu le ha preguntado cuál fue exactamente su participación en esa presunta operación de administración de hormonas, a lo que Villarejo ha respondido que «ninguna», sino que supo de ello a través de la propia Corinna Larsen.

«Lo único que me pidieron fue recuperar algunos partes médicos, porque este señor fue sometido a una serie de exploraciones por un tumor que tuvo -que afortunadamente fue benigno- y ahí aparecieron restos de esos medicamentos«, ha asegurado, insistiendo en que se trataba de «inhibidores de testosterona y hormonas femeninas».

Aunque el excomisario ha dicho no saber quién se los facilitó. «No lo sé, de pronto un día esta señora, como le vio muy deprimido, le envió la medicación y fue a su médico de confianza y dijeron ‘¿quién le ha mandado esto?'», ha relatado.

Al ser preguntado sobre de qué conocía a Corinna, el expolicía ha afirmado en sede parlamentaria que en un principio no la conocía, sino que le «encargaron esta función». «Yo busqué la forma de acercarme a ella y de ganarme su confianza«, ha indicado.

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El vestido de Cristina Pedroche y el fin de un ciclo que ya no sorprende

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vestido Pedroche Campanadas 2025
El vestido de Cristina Pedroche para las Campanadas 2025

Cristina Pedroche ha vuelto a hacerlo. Y precisamente ahí está el problema. En sus duodécimas Campanadas, la presentadora ha presentado el que ella misma define como su vestido más simbólico, emotivo y definitivo: un diseño construido a partir de retales de sus once looks anteriores, convertido en una gran capa de upcycling con la que asegura cerrar una etapa.

Sin embargo, más allá del relato, el resultado vuelve a confirmar lo que ya es evidente desde hace varias ediciones: el modelo Pedroche está creativamente agotado. Cambia el envoltorio conceptual, se eleva el discurso y se multiplica la simbología, pero el impacto visual vuelve a ser el mismo de siempre: casi desnudez, cuerpo como eje central y mínima estructura textil.

El vestido que lo resume todo… porque no propone nada nuevo

Pedroche se “lo ha puesto todo encima”, literalmente. Fragmentos de vestidos pasados, piezas icónicas recicladas, plumas, cadenas, cristales, esculturas corporales y referencias constantes a su propio archivo estético. Un ejercicio autorreferencial que funciona como resumen de su trayectoria, pero que no aporta una lectura nueva de la moda ni del cuerpo.

El mensaje es claro: no hay ruptura, hay acumulación. No hay evolución, hay repetición sofisticada. El vestido no avanza, se mira a sí mismo.

Del impacto al automatismo

Durante años, el casi desnudo de Cristina Pedroche fue rompedor. Hoy se ha convertido en automatismo. La fórmula es reconocible hasta el extremo: piel protagonista y el vestido como ornamento y una narrativa emocional que intenta elevar lo que visualmente ya no sorprende.

El upcycling presentado como gran novedad no es más que un nuevo argumento para sostener un resultado idéntico: el cuerpo vuelve a ser el centro absoluto, y el diseño queda relegado a acompañarlo.

La causa social de Pedroche, su mejor elección

La causa social elegida por Cristina Pedroche es, probablemente, el mayor acierto de sus Campanadas. Vincular su vestuario a la labor de la Asociación Española Contra el Cáncer aporta profundidad y sentido a un formato que, a nivel estético, muestra claros signos de desgaste.

El respaldo a la AECC introduce un mensaje útil, necesario y transversal, que conecta con una realidad que afecta a miles de familias. Es ahí donde Pedroche acierta de pleno: cuando el foco se desplaza del cuerpo al acompañamiento, la investigación y el apoyo a los pacientes, la elección deja de ser un recurso narrativo y se convierte en un gesto con verdadero impacto.

Josie y la construcción de un universo cerrado

El estilista Josie vuelve a estar al frente de la dirección creativa, ensamblando una auténtica antología de símbolos reconocibles para el espectador. El resultado es coherente, milimétrico y técnicamente complejo, pero también encorsetado en su propio lenguaje.

El vestido habla de memoria, de ritual, de semiótica textil… pero sigue diciendo lo mismo que hace años. La piel continúa siendo el titular.

Cuando el vestido deja de ser moda y se convierte en gesto repetido

El gran problema del diseño de 2025 no es su osadía, sino su falta de sorpresa real. El espectador ya no se pregunta qué llevará Pedroche, sino cuánto mostrará. Y cuando la conversación se reduce a eso, el vestido deja de ser moda para convertirse en gesto reiterado.

Frente a propuestas donde la confección, la silueta o el diseño adquieren protagonismo, el modelo Pedroche insiste en una idea que ya ha dado todo lo que tenía que dar.

El cierre de ciclo que confirma el agotamiento

Pedroche habla de cerrar una etapa. Y quizá tenga razón. Porque este vestido no marca un nuevo comienzo, sino que certifica el final de una fórmula que ha sido explotada hasta el límite.

Doce años después, el casi desnudo ya no es transgresión, es marca registrada. Y cuando la marca se impone al diseño, lo único que queda es repetirse.

El vestido de estas Campanadas no abre camino: pone punto final a un modelo que ya no evoluciona.

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