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Sanitat permitirá a un acompañante despedirse de los enfermos muy graves en el final de su vida

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La Conselleria de Sanidad Universal y Salud Pública ha diseñado un protocolo de acompañamiento al final de la vida para personas ingresadas en hospitales durante la pandemia por COVID-19, ya que esta enfermedad ha generado una de las consecuencias más duras de este periodo: que las personas ingresadas en el hospital no puedan estar acompañadas por sus seres queridos en los momentos finales de su vida.

Ante los nuevos datos sobre el avance y control de la enfermedad y con el objetivo de garantizar el derecho de los y las pacientes a despedirse de sus seres queridos y a tener un proceso de muerte lo más humanizado y digno que sea posible, el protocolo establece dos posibles escenarios de despedida. Uno de ellos se sitúa antes de que la persona entre en fase terminal un día o dos antes de la muerte. El otro escenario se da horas antes del fallecimiento. La familia decidirá, de acuerdo con la voluntad del o la paciente, en qué momento de esos dos supuestos desea acudir al hospital para acompañarle y despedirse.

El protocolo se activará por decisión del personal sanitario. La persona ingresada debe elegir a un o una familiar para la interlocuión (portavoz familiar), a quien se informará del inicio de esta etapa y se ofrecerá la posibilidad de realizar una visita para permanecer durante unas horas en la habitación junto a la persona ingresada. Se valorará la presencia de un número superior de personas en el caso de que existan lazos familiares que lo justifiquen y se garantice su seguridad.

El o la familiar que acuda al hospital deberá seguir el ‘Protocolo de protección de la persona visitante excepcional’ establecido por el centro, que será ligeramente diferente en función de que el o la paciente sea un caso positivo o negativo de coronavirus.

Tecnologías de comunicación y apoyo psicológico profesional

Se maximiza el uso de tecnologías de comunicación mediante recursos proporcionados por el hospital y se facilitará la presencia virtual del resto de familiares en la habitación y la comunicación con la persona ingresada.

Por otra parte, el equipo asistencial podrá solicitar el apoyo del equipo de psicología del hospital, que podrá tener un papel relevante como apoyo en el manejo del duelo tanto del o la paciente como de la familia. Es decir, tanto el/la paciente como la persona acompañante podrán recibir el apoyo psicológico durante la visita si así lo considera el personal sanitario.

En este momento, las personas ingresadas en UCI no pueden ser incluidas en el protocolo, ya que el riesgo es excesivamente alto para la persona que acude, aunque se establecerá un «circuito seguro» tanto para la entrada como para la salida del hospital. No obstante, se están estudiando alternativas para permitir también el acompañamiento en este contexto.

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El vestido de Cristina Pedroche y el fin de un ciclo que ya no sorprende

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vestido Pedroche Campanadas 2025
El vestido de Cristina Pedroche para las Campanadas 2025

Cristina Pedroche ha vuelto a hacerlo. Y precisamente ahí está el problema. En sus duodécimas Campanadas, la presentadora ha presentado el que ella misma define como su vestido más simbólico, emotivo y definitivo: un diseño construido a partir de retales de sus once looks anteriores, convertido en una gran capa de upcycling con la que asegura cerrar una etapa.

Sin embargo, más allá del relato, el resultado vuelve a confirmar lo que ya es evidente desde hace varias ediciones: el modelo Pedroche está creativamente agotado. Cambia el envoltorio conceptual, se eleva el discurso y se multiplica la simbología, pero el impacto visual vuelve a ser el mismo de siempre: casi desnudez, cuerpo como eje central y mínima estructura textil.

El vestido que lo resume todo… porque no propone nada nuevo

Pedroche se “lo ha puesto todo encima”, literalmente. Fragmentos de vestidos pasados, piezas icónicas recicladas, plumas, cadenas, cristales, esculturas corporales y referencias constantes a su propio archivo estético. Un ejercicio autorreferencial que funciona como resumen de su trayectoria, pero que no aporta una lectura nueva de la moda ni del cuerpo.

El mensaje es claro: no hay ruptura, hay acumulación. No hay evolución, hay repetición sofisticada. El vestido no avanza, se mira a sí mismo.

Del impacto al automatismo

Durante años, el casi desnudo de Cristina Pedroche fue rompedor. Hoy se ha convertido en automatismo. La fórmula es reconocible hasta el extremo: piel protagonista y el vestido como ornamento y una narrativa emocional que intenta elevar lo que visualmente ya no sorprende.

El upcycling presentado como gran novedad no es más que un nuevo argumento para sostener un resultado idéntico: el cuerpo vuelve a ser el centro absoluto, y el diseño queda relegado a acompañarlo.

La causa social de Pedroche, su mejor elección

La causa social elegida por Cristina Pedroche es, probablemente, el mayor acierto de sus Campanadas. Vincular su vestuario a la labor de la Asociación Española Contra el Cáncer aporta profundidad y sentido a un formato que, a nivel estético, muestra claros signos de desgaste.

El respaldo a la AECC introduce un mensaje útil, necesario y transversal, que conecta con una realidad que afecta a miles de familias. Es ahí donde Pedroche acierta de pleno: cuando el foco se desplaza del cuerpo al acompañamiento, la investigación y el apoyo a los pacientes, la elección deja de ser un recurso narrativo y se convierte en un gesto con verdadero impacto.

Josie y la construcción de un universo cerrado

El estilista Josie vuelve a estar al frente de la dirección creativa, ensamblando una auténtica antología de símbolos reconocibles para el espectador. El resultado es coherente, milimétrico y técnicamente complejo, pero también encorsetado en su propio lenguaje.

El vestido habla de memoria, de ritual, de semiótica textil… pero sigue diciendo lo mismo que hace años. La piel continúa siendo el titular.

Cuando el vestido deja de ser moda y se convierte en gesto repetido

El gran problema del diseño de 2025 no es su osadía, sino su falta de sorpresa real. El espectador ya no se pregunta qué llevará Pedroche, sino cuánto mostrará. Y cuando la conversación se reduce a eso, el vestido deja de ser moda para convertirse en gesto reiterado.

Frente a propuestas donde la confección, la silueta o el diseño adquieren protagonismo, el modelo Pedroche insiste en una idea que ya ha dado todo lo que tenía que dar.

El cierre de ciclo que confirma el agotamiento

Pedroche habla de cerrar una etapa. Y quizá tenga razón. Porque este vestido no marca un nuevo comienzo, sino que certifica el final de una fórmula que ha sido explotada hasta el límite.

Doce años después, el casi desnudo ya no es transgresión, es marca registrada. Y cuando la marca se impone al diseño, lo único que queda es repetirse.

El vestido de estas Campanadas no abre camino: pone punto final a un modelo que ya no evoluciona.

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