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Cultura

Tristeza y desolación en el último adiós a Forges

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Tristeza y desolación en el último adiós a Forges

MADRID, 23 Feb. (CHANCE) –

Políticos, periodistas y artistas han querido dar su último adiós a Forges. El reconocido humorista gráfico Antonio Fraguas de Pablo, más conocido como ‘Forges’, falleció durante la madrugada del jueves 22 de febrero en Madrid a los 76 años víctima de un cáncer, según informaron fuentes de su familia a el diario El País.

Una marcha que dejó ‘huérfanos’ a todos aquellos que siguieron durante años sus viñetas. Entre los amigos que quisieron despedirse de él nos encontramos con Massiel que nos habló así de él: «Vengo a despedir a un amigo, a un gran artista, un gran creador, le vamos a echar todos mucho de menos, la semana pasada enteramos a un gran músico que era Jesús y realmente hoy se va uno de los creadores gráficos más importantes de España. Hay una pregunta que está en el aire, es que todos mañana cuando nos despertemos vamos a querer buscar la viñeta de Forges comentando su propia muerte. A ver quién la escribe, habrá que ver al Roto».

También el cantante Miguel Ríos tuvo unas palabras de recuerdo para él: «El recuerdo que tengo más vivo de él fue cuando me invitó a ir a su toma de posesión en la Universidad de Alcalá y el discurso que hizo fue absolutamente memorable. Usó parte de sus viñetas para explicar de lo que quería hablar, quería hablar del humor, pero no solo el que él practicaba, los humores que recorren al ser humano por dentro. Lo hizo de una forma maravillosa, era un ser humano imprescindible, un tío estupendo».

Y el político Juan Fernando López Aguilar explicó como era Forges en el trato diario: «Era mucho más amable que la realidad, su humor era un humor grato, intergeneracional y que no ha envejecido, nos ha recorrido a generaciones enteras, a partir de hoy no solo rendimos tributo a su figura, que es un auténtico gigante de la viñeta, sino es un auténtico historiador, un cronista de la mejor historia de España. Es un gran duelo nacional, no solo es una pérdida para la cultura, es una pérdida para España, con mayúsculas. Hacemos un hueco en nuestro corazón para lo mucho que hemos aprendido y reído con el modo en el que él nos contó nuestra historia, quienes somos realmente».

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Cultura

Los secretos de la Finca Roja de València

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la finca roja de valencia
Foto: Hugo Román

La Finca Roja de València es uno de los símbolos de la ciudad. El sello inconfundible de Enrique Viedma Vidal quedó plasmado en muchas construcciones en la València de los años 20 y 30. Puede que cuando el arquitecto valenciano planificara las 378 viviendas y 14 patios que hoy ocupan la manzana de las calles Jesús, Albacete, Marvá y Maluquer no fuera consciente de que estaba a punto de levantar uno de los edificios más icónicos de la ciudad. Todo un símbolo que nació con otro objetivo bien distinto.

Construido entre 1929 y 1933, se buscaba la funcionalidad y aprovechar al máximo los más de 15.000 m2 de la manzana para uso de la comunidad. Una comunidad formada por los obreros del Instituto Nacional de Previsión que buscaban vivienda en València a cambio de un chavo al mes. De hecho antes de ser popularmente conocida como Finca Roja, los vecinos de la capital del Turia la bautizaron como la “finca del chavo“ por ese motivo.

En el ladrillo caravista de color rojo que le confiere esa personalidad, y su sobrenombre, se puede apreciar la influencia de la escuela holandesa. Pero la originalidad de este residencial no se queda tan solo en su colores rojo y azul turquesa o en su original fachada con sus formas geométricas, repletas de detalles. En su interior, en sus entrañas, esconde en secreto sus orígenes.

Inspirado por el filósofo francés Charles Fourier, Viedma rompió con modelos de la época a la hora de proyectar la finca buscando dotarla de servicios, de recreo y descanso para niños y mayores.

La Finca Roja de València:

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La idea era que los bajos comerciales se abrieran al patio interior, para así proveer a los vecinos. Este modelo de autogestión que buscaba aprovechar su peculiar estructura y su patio interior, debía autoabastecerse de agua gracias a los torreones de las esquinas, pensados como depósitos, idea que nunca se llevó a cabo.

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Han pasado muchas décadas, y sus actuales vecinos disfrutan sabedores de encontrarse en un espacio único, en el que cada ladrillo esconde historias, sueños e ilusiones del pasado. Ya no queda nada de aquellos comercios que tenían acceso al interior. Otros elementos también han ido desapareciendo con el paso de los años.

Ha pasado el tiempo, tantos que muchos de los que allí viven desconocen parte de esa historia escrita sobre ladrillo rojizo. Ladrillos que visten pisos de 100 metros cuadrados o de 140 en el caso de algunos que recaen en los chaflanes.

El enorme patio ajardinado es un lugar de descanso donde los vecinos pueden disfrutar del aire libre sin salir de sus casas. Un lugar de encuentro para desconectar, charlar, jugar o pasear al perro.

Un lugar en el que historia y arquitectura se dan la mano.

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