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Ser mujer en Tinder: Un estudio alarma sobre la violencia sexual en la app

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alerta violencia sexual tinder
El estudio muestra que la mayoría de mujeres han sufrido alguna clase de violencia machista en la app. Imagen: Pexels

La Federación de Mujeres Jóvenes publicaba este miércoles su estudio Apps sin violencia. Los resultados de los estudios ofrecieron cifras preocupantes en cuanto a la violencia sexual sufrida por las mujeres durante citas de Tinder.

La FMJ investiga las violencias sexuales en apps de citas

La Fundación Mujeres Jóvenes, declarada de Utilidad pública, ha llevado a cabo esta investigación con el objetivo de «conocer las experiencias y percepciones de las mujeres jóvenes en torno a los distintos tipos de violencias» experimentadas en las apps de citas «desde las etapas iniciales en el ámbito virtual hasta en los posteriores encuentros presenciales».

Tinder tiene un total de 75 millones de usuarios en todo el mundo, de los que más del 50% son jóvenes de entre 18 y 25 años. De entre todas las aplicaciones de citas, es la más exitosa entre la juventud, y por eso fue la escogida para realizar este estudio. Las apps de citas se han transformado en los últimos tiempos en una de las formas de relacionarse sexoafectivamente más comunes entre la población joven.

Las responsables de la investigación son, entre otras, Mónica Saiz Martínez, coordinadora del programa; Irene Otero Pérez, redactora del informe y Ana Sofía Crespo Jiménez que junto a Saiz y Otero conforma el equipo de investigación.

Los alarmantes resultados: violencia dentro y fuera del chat

En el estudio han participado un total de 963 usuarias de Tinder, de las que 705 tuvieron en alguna ocasión un encuentro presencial con alguien a quien conocieron en la app.

El 83,5% de las mujeres han recibido una proposición sexual en una primera interacción

La violencia en este tipo de aplicaciones empieza, de manera más simbólica, mucho antes de concertar una cita. El estudio analizó las biografías de los usuarios, sobre las que luego preguntó a las encuestadas. Detectaron en ellas una tendencia a perpetuar estereotipos como «histérica», «simple», «frívola» e incluso se demandan con frecuencia mujeres «libres de traumas y dramas». El 88,2% de las mujeres encuestadas se sintieron en alguna ocasión «ofendia o incómoda» leyendo la biografía de un hombre en Tinder por la presencia de alguno de estos estereotipos. Son menos las que se sienten ofendida con otro tipo de estereotipos como «femenina», «que se cuide», «dulce» y otros socialmente considerados «positivos»- pero estereotipos dañinos, de todas maneras. De todas maneras, son mayoría: un 67%.

También se detectaron prácticas violentas en la interacción por el chat. El 83,5% de las usuarias encuestadas recibieron una proposición sexual explícita en una primera interacción. Al 65%, durante esta primera conversación, le han preguntado si era «sexualmente sumisa».

Violencia, presión y malos tratos en citas de Tinder

Los resultados del estudio también son preocupantes si atendemos a las violencias sexuales más explícitas. Desde las grabaciones o fotografías sin consentimiento (un 27.4%) hasta la sumisión química en un 20% de mujeres (un tipo de violencia que consiste en drogar o emborrachar a una mujer para abusar de ella).

Los índices relacionados con las prácticas sexuales no son mejores. Hasta un 57,6%, más de la mitad, ha sido presionada para mantener sexo. Un 27,7% afirma que, durante el sexo, se llevaron a cabo prácticas violentas no consentidas, tanto verbales como físicas (ahogamientos, bofetadas…). Un 33% de las mujeres quisieron parar durante el sexo y su cita se enfadó.

Cerca de un 22% de encuestadas fueron abusadas utilizando la violencia

Los aspectos más violentos estudiados también arrojaron resultados preocupantes. El 29,5% de las mujeres fueron presionadas a realizar prácticas que no le apetecían. Casi un 22% declaró que el hombre con el que mantuvieron la cita utilizó la violencia explícita para obligarla a mantener relaciones. Prácticamente la mitad de ellas (48,8%) declaró sentirse como un objeto y que el hombre no dio importancia a su disfrute.

Los resultados también son preocupantes en cuanto a las prácticas relacionadas con la protección: penetración sin preservativo sin consultar, quitárselo durante el coito sin informarla…

La importancia de investigar la violencia en los espacios virtuales

En la actualidad, internet tiene una importancia primordial en nuestras vidas y las maneras en que nos comunicamos y relacionamos en este contexto siguen sus propias lógicas. Lógicas que afectan a todo el mundo y, en especial, a los más de 4.500 millones de usuarias y usuarios de las redes en todo el mundo.

El estudio advierte de la necesidad de investigar este ámbito, de momento no abordado de manera exhaustiva, para poder «hacer intervenciones ajustadas a las necesidades y prácticas sociales, basándonos en un análisis científico de la realidad». Necesitamos conocer qué tipo de problemas y prácticas violentas se dan en estos espacios para poder buscarles respuesta.

Ya la periodista Judith Duportrail descubrió que Tinder puntuaba de manera diferente a hombres y a mujeres, y propiciaba los contactos entre hombres mayores y mujeres jóvenes. Ada Santana, la presidenta de la FMJ, afirma en el prólogo que el estudio constituye «un acercamiento a esta grave problemática socia y una denuncia del mismo evidenciando sus distintas dimensiones». Algunos de los resultados de la investiagción, afirma, están ligados a las características de un escenario que favorece «la inmediatez y el anonimato». Su intención con este estudio es «que se pongan en marcha medidas».

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‘Lookmaxxing’: la conflictiva tendencia de belleza para parecer «más hombre»

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De foros vinculados a la cultura incel a TikTok y X: qué es el lookmaxxing, qué significa ser un “chad” y por qué genera preocupación entre expertos en salud mental.

El término lookmaxxing ha dejado de ser un concepto marginal de internet para convertirse en una tendencia visible en redes sociales como TikTok y X. La palabra combina los términos ingleses look (apariencia) y maximizing (maximizar), y alude a estrategias destinadas a potenciar al máximo el atractivo físico, especialmente masculino.

Medios internacionales como BBC y The Guardian han explicado que el concepto surgió a comienzos de la década de 2010 en foros relacionados con la llamada cultura incel (celibato involuntario). Con el tiempo, el fenómeno se ha extendido a públicos mucho más amplios, especialmente jóvenes interesados en estética, fitness y desarrollo personal.


¿Qué es el lookmaxxing?

En la práctica, el lookmaxxing incluye desde consejos básicos de cuidado personal hasta rutinas mucho más específicas orientadas a proyectar una imagen más masculina.

Entre los contenidos más habituales destacan:

  • Ejercicios faciales como el “mewing”, para marcar la línea de la mandíbula.

  • Corrección de postura para parecer más alto y seguro.

  • Cortes de pelo estratégicos según la forma del rostro.

  • Uso de barba para acentuar rasgos.

  • Rutinas detalladas de cuidado facial (skincare).

  • Elección de gafas y accesorios para equilibrar proporciones.

En estas comunidades también es frecuente el uso del término “chad”, empleado para describir a hombres considerados excepcionalmente atractivos, dominantes o líderes dentro de este ideal estético.


Softmaxxing vs. Hardmaxxing

Dentro del movimiento se distinguen dos corrientes principales:

  • Softmaxxing: cambios reversibles como ejercicio, dieta, estilo, cuidado de la piel o peinado.

  • Hardmaxxing: intervenciones más agresivas, como cirugía estética, tratamientos hormonales o el uso de esteroides.

Esta segunda vertiente es la que más preocupación genera entre profesionales de la salud mental y expertos en imagen corporal.


El debate sobre masculinidad e imagen

El psicólogo Tom Hildebrandt, director de investigación en la Icahn School of Medicine at Mount Sinai, ha advertido que este tipo de corrientes pueden erosionar el sentido del yo y fomentar la insatisfacción corporal al promover ideales de belleza difíciles o imposibles de alcanzar.

Según diversos especialistas, la presión constante por optimizar la apariencia puede derivar en:

  • Ansiedad social.

  • Distorsión de la autoimagen.

  • Dependencia de validación externa.

  • Conductas de riesgo vinculadas a intervenciones estéticas o consumo de sustancias.


El caso viral de “Androgenic”

El fenómeno volvió al centro del debate tras la viralización de un vídeo protagonizado por el influencer conocido como Androgenic, vinculado a esta corriente estética. En el clip, difundido en X, un hombre le retira el sombrero y el peluquín en plena grabación callejera, generando millones de visualizaciones y reabriendo el debate sobre masculinidad frágil y obsesión por la imagen.

Tras la polémica, el creador aseguró que nunca ocultó su calvicie y que el uso de prótesis capilares formaba parte de su estrategia estética. El episodio evidenció hasta qué punto la construcción de la identidad visual en internet puede convertirse en objeto de escrutinio masivo.


¿Está llegando el lookmaxxing a España?

En España, el lookmaxxing no ha alcanzado el nivel de organización de comunidades especializadas que existe en Estados Unidos o Reino Unido. Sin embargo, clínicas estéticas y expertos en imagen observan cómo parte de esta cultura se ha filtrado en lo que algunos denominan “Cultura del bienestar 2.0”.

Muchos jóvenes adoptan hábitos como:

  • Entrenamiento físico orientado a rasgos “masculinizados”.

  • Rutinas avanzadas de cuidado facial.

  • Interés por tratamientos de masculinización facial.

  • Optimización de estilo y lenguaje corporal.

No obstante, la mayoría lo hace sin adherirse a los postulados más extremos del movimiento original.


Más allá de la estética: una cuestión cultural

El auge del lookmaxxing no solo habla de belleza, sino también de cómo las redes sociales están redefiniendo los estándares de masculinidad. En un entorno digital donde la imagen es moneda de cambio, maximizar el atractivo puede convertirse en una forma de capital social.

La pregunta que plantean psicólogos y sociólogos no es si cuidar la apariencia es positivo —algo ampliamente aceptado—, sino hasta qué punto la obsesión por optimizar cada rasgo físico puede afectar a la autoestima y la salud mental.

En la era de la hiperexposición digital, el espejo ya no está solo en casa: está en la pantalla.

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