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España vacunará también con AstraZeneca a las personas de 66 a 69 años

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Madrid, 8 abr (EFE).- El Ministerio de Sanidad y las comunidades han acordado este jueves que, una vez se concluya la vacunación con AstraZeneca a las personas de entre 60 y 65 años ahora en marcha, se prosiga con las del grupo de 66 a 69, aunque en su caso también podrán ser inmunizados con los otros sueros disponibles.

La Comisión de Salud Pública ha decidido además en su reunión de esta tarde posponer la vacunación de los menores de 60 años que estaban priorizados en la estrategia para recibir el preparado de la Universidad de Oxford pero que aún no hayan recibido el primer pinchazo.

Para los que sí, los técnicos del Ministerio de Sanidad y de las comunidades comunicarán próximamente su decisión sobre la segunda dosis «según se vaya actualizando y ampliando la evidencia científica, las evaluaciones de la EMA y en comunicación con otros países de la UE».

Vaxzevria (nombre comercial de la vacuna de AstraZeneca) empezó a administrarse en febrero a una parte de personal esencial -docentes, policías, guardias civiles o bomberos, entre otros-, en un principio menores de 55 años y después de 65 tras ampliar el límite, junto a población general por debajo de esa edad.

Hoy, y tras desaconsejar ayer el uso de AstraZeneca en menores de 60 años tras el dictamen de la EMA sobre varios casos raros de trombos, la Comisión ha decidido «continuar vacunando con AstraZeneca al grupo 60-65 años que ya está vacunándose actualmente».

Y que «el siguiente grupo a vacunar con AstraZeneca sea el de 66 a 69 años (5C), con el objetivo de completar cuanto antes la vacunación de la población más vulnerable a la COVID-19, se podrán utilizar otras vacunas en función de la disponibilidad».

De esta forma, las personas de entre 66 y 69 años podrán ser vacunadas con cualquiera de los sueros ahora disponibles y también el de Janssen, cuya primera entrega se espera para mediados de este mes.

La quinta y última actualización de la estrategia publicada hace una semana dedica para todo el grupo 5 de la estrategia (el A, formado por mayores de 80; el B, por personas de 70 a 79, y el C) las vacunas de ARN mensajero de Pfizer y Moderna y la de Janssen, compuesta, como la de AstraZeneca, por un adenovirus.

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El vestido de Cristina Pedroche y el fin de un ciclo que ya no sorprende

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vestido Pedroche Campanadas 2025
El vestido de Cristina Pedroche para las Campanadas 2025

Cristina Pedroche ha vuelto a hacerlo. Y precisamente ahí está el problema. En sus duodécimas Campanadas, la presentadora ha presentado el que ella misma define como su vestido más simbólico, emotivo y definitivo: un diseño construido a partir de retales de sus once looks anteriores, convertido en una gran capa de upcycling con la que asegura cerrar una etapa.

Sin embargo, más allá del relato, el resultado vuelve a confirmar lo que ya es evidente desde hace varias ediciones: el modelo Pedroche está creativamente agotado. Cambia el envoltorio conceptual, se eleva el discurso y se multiplica la simbología, pero el impacto visual vuelve a ser el mismo de siempre: casi desnudez, cuerpo como eje central y mínima estructura textil.

El vestido que lo resume todo… porque no propone nada nuevo

Pedroche se “lo ha puesto todo encima”, literalmente. Fragmentos de vestidos pasados, piezas icónicas recicladas, plumas, cadenas, cristales, esculturas corporales y referencias constantes a su propio archivo estético. Un ejercicio autorreferencial que funciona como resumen de su trayectoria, pero que no aporta una lectura nueva de la moda ni del cuerpo.

El mensaje es claro: no hay ruptura, hay acumulación. No hay evolución, hay repetición sofisticada. El vestido no avanza, se mira a sí mismo.

Del impacto al automatismo

Durante años, el casi desnudo de Cristina Pedroche fue rompedor. Hoy se ha convertido en automatismo. La fórmula es reconocible hasta el extremo: piel protagonista y el vestido como ornamento y una narrativa emocional que intenta elevar lo que visualmente ya no sorprende.

El upcycling presentado como gran novedad no es más que un nuevo argumento para sostener un resultado idéntico: el cuerpo vuelve a ser el centro absoluto, y el diseño queda relegado a acompañarlo.

La causa social de Pedroche, su mejor elección

La causa social elegida por Cristina Pedroche es, probablemente, el mayor acierto de sus Campanadas. Vincular su vestuario a la labor de la Asociación Española Contra el Cáncer aporta profundidad y sentido a un formato que, a nivel estético, muestra claros signos de desgaste.

El respaldo a la AECC introduce un mensaje útil, necesario y transversal, que conecta con una realidad que afecta a miles de familias. Es ahí donde Pedroche acierta de pleno: cuando el foco se desplaza del cuerpo al acompañamiento, la investigación y el apoyo a los pacientes, la elección deja de ser un recurso narrativo y se convierte en un gesto con verdadero impacto.

Josie y la construcción de un universo cerrado

El estilista Josie vuelve a estar al frente de la dirección creativa, ensamblando una auténtica antología de símbolos reconocibles para el espectador. El resultado es coherente, milimétrico y técnicamente complejo, pero también encorsetado en su propio lenguaje.

El vestido habla de memoria, de ritual, de semiótica textil… pero sigue diciendo lo mismo que hace años. La piel continúa siendo el titular.

Cuando el vestido deja de ser moda y se convierte en gesto repetido

El gran problema del diseño de 2025 no es su osadía, sino su falta de sorpresa real. El espectador ya no se pregunta qué llevará Pedroche, sino cuánto mostrará. Y cuando la conversación se reduce a eso, el vestido deja de ser moda para convertirse en gesto reiterado.

Frente a propuestas donde la confección, la silueta o el diseño adquieren protagonismo, el modelo Pedroche insiste en una idea que ya ha dado todo lo que tenía que dar.

El cierre de ciclo que confirma el agotamiento

Pedroche habla de cerrar una etapa. Y quizá tenga razón. Porque este vestido no marca un nuevo comienzo, sino que certifica el final de una fórmula que ha sido explotada hasta el límite.

Doce años después, el casi desnudo ya no es transgresión, es marca registrada. Y cuando la marca se impone al diseño, lo único que queda es repetirse.

El vestido de estas Campanadas no abre camino: pone punto final a un modelo que ya no evoluciona.

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