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Cultura

VÍDEO | Se hace viral un vídeo de una desconocida Rosalía cantando en las calles de Barcelona hace 10 años

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VÍDEO | Se hace viral un vídeo de una desconocida Rosalía cantando en las calles de Barcelona hace 10 años

Rosalía se ha convertido en una estrella mundial. A sus 28 años, su trabajo ha sido reconocido con un Premio Grammy (por El mal querer como mejor álbum alternativo) y ocho Grammy Latino por canciones como MalamenteYo x ti, tú x mí Con altura.

Pero todos tenemos punto de partida y gracias a las redes sociales podemos ver a una desconocida Rosalía en un vídeo grabado hace 10 años. Las imágenes, difundidas en Twitter y que han despertado la reacción de la propia autora de Motomami, muestran parte de lo que fueron sus inicios actuando en las calles de Barcelona.

Rosalía se formó en el Taller de Músics, una escuela ubicada en el barrio del Raval en el que ingresó siendo menor de edad, cuando tenía 16 años, y destacó no solo por su talento, sino por su esfuerzo e incesante curiosidad.

Por aquel entonces los artistas actuaban en la plaza de Sant Galdric, muy cercana a la Rambla de Catalunya y como se puede ver en el vídeo la popular artista nacida aparece en él tocando las palmas y cantando flamenco sobre un pequeño escenario, acompañada por varios músicos más. En él se ve como un hombre que asistía junto a otros curiosos al concierto callejero se acerca para darle dinero.

«Espero que este hombre que dio dinero a Rosalía mientras actuaba en la calle esté teniendo un buen día», reza el mensaje de la cuenta @cumaltura que acompaña el vídeo. «Wow, aún me acuerdo de eso, fue hace 10 años en el Raval«, ha respondido la cantante, asegurando estar «siempre feliz y agradecida de cantar» desde sus orígenes.

 

 

 

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Cultura

Los secretos de la Finca Roja de València

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la finca roja de valencia
Foto: Hugo Román

La Finca Roja de València es uno de los símbolos de la ciudad. El sello inconfundible de Enrique Viedma Vidal quedó plasmado en muchas construcciones en la València de los años 20 y 30. Puede que cuando el arquitecto valenciano planificara las 378 viviendas y 14 patios que hoy ocupan la manzana de las calles Jesús, Albacete, Marvá y Maluquer no fuera consciente de que estaba a punto de levantar uno de los edificios más icónicos de la ciudad. Todo un símbolo que nació con otro objetivo bien distinto.

Construido entre 1929 y 1933, se buscaba la funcionalidad y aprovechar al máximo los más de 15.000 m2 de la manzana para uso de la comunidad. Una comunidad formada por los obreros del Instituto Nacional de Previsión que buscaban vivienda en València a cambio de un chavo al mes. De hecho antes de ser popularmente conocida como Finca Roja, los vecinos de la capital del Turia la bautizaron como la “finca del chavo“ por ese motivo.

En el ladrillo caravista de color rojo que le confiere esa personalidad, y su sobrenombre, se puede apreciar la influencia de la escuela holandesa. Pero la originalidad de este residencial no se queda tan solo en su colores rojo y azul turquesa o en su original fachada con sus formas geométricas, repletas de detalles. En su interior, en sus entrañas, esconde en secreto sus orígenes.

Inspirado por el filósofo francés Charles Fourier, Viedma rompió con modelos de la época a la hora de proyectar la finca buscando dotarla de servicios, de recreo y descanso para niños y mayores.

La Finca Roja de València:

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La idea era que los bajos comerciales se abrieran al patio interior, para así proveer a los vecinos. Este modelo de autogestión que buscaba aprovechar su peculiar estructura y su patio interior, debía autoabastecerse de agua gracias a los torreones de las esquinas, pensados como depósitos, idea que nunca se llevó a cabo.

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Han pasado muchas décadas, y sus actuales vecinos disfrutan sabedores de encontrarse en un espacio único, en el que cada ladrillo esconde historias, sueños e ilusiones del pasado. Ya no queda nada de aquellos comercios que tenían acceso al interior. Otros elementos también han ido desapareciendo con el paso de los años.

Ha pasado el tiempo, tantos que muchos de los que allí viven desconocen parte de esa historia escrita sobre ladrillo rojizo. Ladrillos que visten pisos de 100 metros cuadrados o de 140 en el caso de algunos que recaen en los chaflanes.

El enorme patio ajardinado es un lugar de descanso donde los vecinos pueden disfrutar del aire libre sin salir de sus casas. Un lugar de encuentro para desconectar, charlar, jugar o pasear al perro.

Un lugar en el que historia y arquitectura se dan la mano.

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