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Síntomas del síndrome postvacacional

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síntomas de la depresión

El síndrome postvacacional existe y no es fácil de llevar. Los síntomas son muy claros y esta es la manera de llevarlos de la mejor manera posible.

Síntomas del síndrome postvacacional:

Cansancio: Aunque vacaciones signifique descanso, muchas veces sucede al contrario. Tanto si viajas como si tienes una fuerte actividad en vacaciones, tanto de día como de noche, lo primero que te aparece al volver al trabajo es un cansancio producido también por la pérdida del hábito a madrugar y la sensación de que ‘lo bueno’ se ha acabado: cansancio por pérdida de ánimo.

Apatía: Como consecuencia de esa pérdida de ánimo, aparece la apatía. Es decir, las ganas de no hacer nada. La vuelta a la rutina crea ese estado emocional cansino y apático, que te impide rendir al máximo.

Falta de energía: consecuncia de las anteriores. Si has tenido unas vacaciones muy movidas, con mucha actividad, esa sensación aumenta. Es el momento, para el consumo de productos estimulantes, que te permitan afrontar la vuelta de una manera menos traumática.

Síndrome postvacacional: dicen los expertos que se trata de una dolencia próxima a la depresión, al menos con los mismos síntomas, pero de más corta duración. Como media, una semana. La falta de horas de ocio, la sensación de agobio por la vuelta al trabajo, el estrés que supone el cumplimiento de un horario. Todo hace que el trabajador vuelva más irritado a trabajar.

Madrugar, lo más duro para los españoles
Para los españoles lo “más duro” es madrugar y cumplir con los horarios (37,63%), la rutina (18,14%), la falta de tiempo (11,63%), la reducción de las horas de sol y la bajada de las temperaturas (11,62%), “volver a empezar” (10,70%) y el trabajo acumulado (10,23%), según ha publicado un estudio de Aora Health.

Todo ello podría estar unido a las preocupaciones que surgen a la vuelta de las vacaciones, tanto que, según los datos, el 31,16% de los encuestados se siente abrumado por no haber descansado lo suficiente, el 21,40% por los “kilos de más”, el 16,28% por no haberlas aprovechado mejor, el 15,81% por los gastos realizados, el 8,37% por las hipotecas y préstamos y el 6,98% por la pérdida de forma física.

Cómo superar el síndrome postvacional

Los expertos recomiendan:

1- Tómate la vuelta con tiempo, comenta con los compañeros cómo te ha ido, qué has hecho.
2- Aprende a decir que no (en cuanto a tareas en el lugar de trabajo); programa una vuelta escalonada. Aprovecha esas primeras horas para programar las actividades.
3- Respeta las horas de sueño. Ya no estás de vacaciones, tienes que madrugar y, por tanto, ya no podrás dejarte llevar por la noche. Elimina las siestas.
4- Practica deporte. Todos los expertos coinciden a señalarlo como una de las prácticas Además de generar ‘endorfinas’, que son un poso de buen ‘rollo’ y optimismo en tu vida, el deporte ayuda a relajarte.
5- No abuses del alcohol
6- Practica el ocio: igual que el deporte, el ocio en el tiempo que tienes restante, te ayudará. Organiza, planea actividades
En definitiva, piensa en positivo: una llamada, un café con un compañero de trabajo o un amigo, una actividad en compañía… Ver el vaso medio lleno y pensar que, en el fondo, no está tan mal volver a la rutina —típica, por ejemplo, de aquellos padres que han tenido una gran actividad con sus hijos más pequeños—, es la mejor solución. En todo caso, los expertos recomiendan «tener paciencia» y pensar que muy pronto todo regresará a la normalidad.

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‘Lookmaxxing’: la conflictiva tendencia de belleza para parecer «más hombre»

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De foros vinculados a la cultura incel a TikTok y X: qué es el lookmaxxing, qué significa ser un “chad” y por qué genera preocupación entre expertos en salud mental.

El término lookmaxxing ha dejado de ser un concepto marginal de internet para convertirse en una tendencia visible en redes sociales como TikTok y X. La palabra combina los términos ingleses look (apariencia) y maximizing (maximizar), y alude a estrategias destinadas a potenciar al máximo el atractivo físico, especialmente masculino.

Medios internacionales como BBC y The Guardian han explicado que el concepto surgió a comienzos de la década de 2010 en foros relacionados con la llamada cultura incel (celibato involuntario). Con el tiempo, el fenómeno se ha extendido a públicos mucho más amplios, especialmente jóvenes interesados en estética, fitness y desarrollo personal.


¿Qué es el lookmaxxing?

En la práctica, el lookmaxxing incluye desde consejos básicos de cuidado personal hasta rutinas mucho más específicas orientadas a proyectar una imagen más masculina.

Entre los contenidos más habituales destacan:

  • Ejercicios faciales como el “mewing”, para marcar la línea de la mandíbula.

  • Corrección de postura para parecer más alto y seguro.

  • Cortes de pelo estratégicos según la forma del rostro.

  • Uso de barba para acentuar rasgos.

  • Rutinas detalladas de cuidado facial (skincare).

  • Elección de gafas y accesorios para equilibrar proporciones.

En estas comunidades también es frecuente el uso del término “chad”, empleado para describir a hombres considerados excepcionalmente atractivos, dominantes o líderes dentro de este ideal estético.


Softmaxxing vs. Hardmaxxing

Dentro del movimiento se distinguen dos corrientes principales:

  • Softmaxxing: cambios reversibles como ejercicio, dieta, estilo, cuidado de la piel o peinado.

  • Hardmaxxing: intervenciones más agresivas, como cirugía estética, tratamientos hormonales o el uso de esteroides.

Esta segunda vertiente es la que más preocupación genera entre profesionales de la salud mental y expertos en imagen corporal.


El debate sobre masculinidad e imagen

El psicólogo Tom Hildebrandt, director de investigación en la Icahn School of Medicine at Mount Sinai, ha advertido que este tipo de corrientes pueden erosionar el sentido del yo y fomentar la insatisfacción corporal al promover ideales de belleza difíciles o imposibles de alcanzar.

Según diversos especialistas, la presión constante por optimizar la apariencia puede derivar en:

  • Ansiedad social.

  • Distorsión de la autoimagen.

  • Dependencia de validación externa.

  • Conductas de riesgo vinculadas a intervenciones estéticas o consumo de sustancias.


El caso viral de “Androgenic”

El fenómeno volvió al centro del debate tras la viralización de un vídeo protagonizado por el influencer conocido como Androgenic, vinculado a esta corriente estética. En el clip, difundido en X, un hombre le retira el sombrero y el peluquín en plena grabación callejera, generando millones de visualizaciones y reabriendo el debate sobre masculinidad frágil y obsesión por la imagen.

Tras la polémica, el creador aseguró que nunca ocultó su calvicie y que el uso de prótesis capilares formaba parte de su estrategia estética. El episodio evidenció hasta qué punto la construcción de la identidad visual en internet puede convertirse en objeto de escrutinio masivo.


¿Está llegando el lookmaxxing a España?

En España, el lookmaxxing no ha alcanzado el nivel de organización de comunidades especializadas que existe en Estados Unidos o Reino Unido. Sin embargo, clínicas estéticas y expertos en imagen observan cómo parte de esta cultura se ha filtrado en lo que algunos denominan “Cultura del bienestar 2.0”.

Muchos jóvenes adoptan hábitos como:

  • Entrenamiento físico orientado a rasgos “masculinizados”.

  • Rutinas avanzadas de cuidado facial.

  • Interés por tratamientos de masculinización facial.

  • Optimización de estilo y lenguaje corporal.

No obstante, la mayoría lo hace sin adherirse a los postulados más extremos del movimiento original.


Más allá de la estética: una cuestión cultural

El auge del lookmaxxing no solo habla de belleza, sino también de cómo las redes sociales están redefiniendo los estándares de masculinidad. En un entorno digital donde la imagen es moneda de cambio, maximizar el atractivo puede convertirse en una forma de capital social.

La pregunta que plantean psicólogos y sociólogos no es si cuidar la apariencia es positivo —algo ampliamente aceptado—, sino hasta qué punto la obsesión por optimizar cada rasgo físico puede afectar a la autoestima y la salud mental.

En la era de la hiperexposición digital, el espejo ya no está solo en casa: está en la pantalla.

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