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Los llantos, ansiedad y reproches de Alba Carrillo en su peor gala de GH VIP: «No quiero que me ayudes, coño»

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Guadalix, 25 oct.- Alba Carrillo ha vivido su peor noche en la casa de Guadalix desde que entrara en GH Vip. Durante la octava gala, la modelo protagonizó una sucesión de reproches que iban ‘in crescendo’ según avanzaba la noche para terminar en una crisis de ansiedad, agudizada cuando vio que la audiencia no cumplía su deseo de ser la expulsada y evitar tener que pagar la multa por abandonar el programa, como ha amenazado ya en varias ocasiones.

La joven es consciente de que no está cumpliendo las expectativas depositadas en ella ni haciendo su mejor concurso. Tras un vídeo en el que veía como sus ‘amigas’ Noemí y Mila comentaban el concurso de la modelo y su bajón. Mila y Noemí opinaban que, de quedarse en la casa, Alba debía remontar y salir del bucle negativo. Además, las concursantes decían no saber cómo poder ayudarla.

Al verlo, Alba se lo ha tomado a malas. Asegura que no quiere que la ayuden y acaba explotando contra ellas: «¡Que no quiero que me ayudes, coño!», mientras que Mila aseguraba que eso era un «golpe bajo», y Alba replicaba: «para golpe bajo el vuestro».

El silencio se adueñaba del resto de compañeros que asistían atónitos, junto a la audiencia a la reacción de Alba, quien rompía a llorar en el baño presa de una crisis de ansiedad.

El propio presentador, Jorge Javier Vázquez, intentaba consolarla y animarla pero los reproches de la ex de Fonsi Nieto y Feliciano López se cebaron también con la organización. «No se puede apretar así a la gente. Hay un equipo de psicólogos y psiquiatras y no saben qué me pasa», replicaba la joven al presentador quien rápidamente defendía a sus compañeros de programa. «Lo que no se puede es echar mierda de esa manera. Si tienes dignidad y vergüenza, pide perdón al equipo y al súper, coge la maleta, paga la penalización y vete. La puerta la tienes abierta», señalaba Jorge Javier levantando los aplausos del público ante una Alba bloqueada.

En la sala de expulsión no se cumplía su esperanza de salir expulsada tal como había pedido a la audiencia, sino que era el Cejas quien abandonaba el concurso. De nuevo, Alba rompía a llorar y amenazaba con el abandono.

El equipo del programa y el propio Javier, consciente de la situación anímica de la joven, le explicaba que la audiencia le daba una segunda oportunidad en el concurso. Y es que el miedo de Alba a tener que volver a luchar en los juzgados por la custodia de su hijo, fruto de su relación con Fonsi Nieto, y es uno de los motivos por los que no puede abandonar ya que como ha repetido: «Estoy aquí por dinero. No puedo tener dignidad». En relación a los pagos por los citados problemas judiciales.

De nuevo, y tras las nominaciones, Alba ha vuelto a salir a la ‘palestra’. Habrá que esperar una semana más a ver si la audiencia le concede el deseo de expulsarla.

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El vestido de Cristina Pedroche y el fin de un ciclo que ya no sorprende

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vestido Pedroche Campanadas 2025
El vestido de Cristina Pedroche para las Campanadas 2025

Cristina Pedroche ha vuelto a hacerlo. Y precisamente ahí está el problema. En sus duodécimas Campanadas, la presentadora ha presentado el que ella misma define como su vestido más simbólico, emotivo y definitivo: un diseño construido a partir de retales de sus once looks anteriores, convertido en una gran capa de upcycling con la que asegura cerrar una etapa.

Sin embargo, más allá del relato, el resultado vuelve a confirmar lo que ya es evidente desde hace varias ediciones: el modelo Pedroche está creativamente agotado. Cambia el envoltorio conceptual, se eleva el discurso y se multiplica la simbología, pero el impacto visual vuelve a ser el mismo de siempre: casi desnudez, cuerpo como eje central y mínima estructura textil.

El vestido que lo resume todo… porque no propone nada nuevo

Pedroche se “lo ha puesto todo encima”, literalmente. Fragmentos de vestidos pasados, piezas icónicas recicladas, plumas, cadenas, cristales, esculturas corporales y referencias constantes a su propio archivo estético. Un ejercicio autorreferencial que funciona como resumen de su trayectoria, pero que no aporta una lectura nueva de la moda ni del cuerpo.

El mensaje es claro: no hay ruptura, hay acumulación. No hay evolución, hay repetición sofisticada. El vestido no avanza, se mira a sí mismo.

Del impacto al automatismo

Durante años, el casi desnudo de Cristina Pedroche fue rompedor. Hoy se ha convertido en automatismo. La fórmula es reconocible hasta el extremo: piel protagonista y el vestido como ornamento y una narrativa emocional que intenta elevar lo que visualmente ya no sorprende.

El upcycling presentado como gran novedad no es más que un nuevo argumento para sostener un resultado idéntico: el cuerpo vuelve a ser el centro absoluto, y el diseño queda relegado a acompañarlo.

La causa social de Pedroche, su mejor elección

La causa social elegida por Cristina Pedroche es, probablemente, el mayor acierto de sus Campanadas. Vincular su vestuario a la labor de la Asociación Española Contra el Cáncer aporta profundidad y sentido a un formato que, a nivel estético, muestra claros signos de desgaste.

El respaldo a la AECC introduce un mensaje útil, necesario y transversal, que conecta con una realidad que afecta a miles de familias. Es ahí donde Pedroche acierta de pleno: cuando el foco se desplaza del cuerpo al acompañamiento, la investigación y el apoyo a los pacientes, la elección deja de ser un recurso narrativo y se convierte en un gesto con verdadero impacto.

Josie y la construcción de un universo cerrado

El estilista Josie vuelve a estar al frente de la dirección creativa, ensamblando una auténtica antología de símbolos reconocibles para el espectador. El resultado es coherente, milimétrico y técnicamente complejo, pero también encorsetado en su propio lenguaje.

El vestido habla de memoria, de ritual, de semiótica textil… pero sigue diciendo lo mismo que hace años. La piel continúa siendo el titular.

Cuando el vestido deja de ser moda y se convierte en gesto repetido

El gran problema del diseño de 2025 no es su osadía, sino su falta de sorpresa real. El espectador ya no se pregunta qué llevará Pedroche, sino cuánto mostrará. Y cuando la conversación se reduce a eso, el vestido deja de ser moda para convertirse en gesto reiterado.

Frente a propuestas donde la confección, la silueta o el diseño adquieren protagonismo, el modelo Pedroche insiste en una idea que ya ha dado todo lo que tenía que dar.

El cierre de ciclo que confirma el agotamiento

Pedroche habla de cerrar una etapa. Y quizá tenga razón. Porque este vestido no marca un nuevo comienzo, sino que certifica el final de una fórmula que ha sido explotada hasta el límite.

Doce años después, el casi desnudo ya no es transgresión, es marca registrada. Y cuando la marca se impone al diseño, lo único que queda es repetirse.

El vestido de estas Campanadas no abre camino: pone punto final a un modelo que ya no evoluciona.

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