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Una tromba de agua deja más de 100 litros en tres horas en la ciudad y obliga a cerrar varios túneles

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VALÈNCIA, 16 Nov. (EUROPA PRESS) – Una tromba de agua ha dejado más de 100 litros por metro cuadrado en apenas tres horas en varios puntos de la ciudad de València, y ha obligado a cerrar varios túneles al tráfico ante la imposibilidad de circular. La lluvia ha dejado más de 60 litros por metro cuadrado en tan solo una hora en algunos puntos.

Según datos de la Agencia Estatal de Meteorología, el observatorio de la Universitat Politècnica ha recogido hasta las 16.00 horas un total de 102,6 litros por metro cuadrado, mientras que en el de la avenida Blasco Ibáñez se han recogido 87,6; y en el de los jardines de Viveros, 86,1.

De hecho, en el observatorio de Blasco Ibáñez, se han recogido 60,6 litros en una hora, lo que, según el manual de términos meteorológicos de Aemet, se considera una precipitación de tipo torrencial. En el observatorio de Viveros han caído 54,1 litros en una hora y en la UPV, 52,4.

Ante las dificultades para circular, el Ayuntamiento y el Ministerio de Fomento han cerrado al tráfico los túneles de la calle Clariano y la avenida Cataluña; el del Camí de Montcada y el de la avenida Constitución. Hacia esos dos últimos se han trasladado operarios para limpiar imbornales.

Asimismo, se han suspendido las clases tanto en la Universitat de València como en la Universitat Politècnica de València para este viernes por la tarde.

La precipitación, según los datos de Aemet, se ha centrado en la capital del Turia, sobre todo en el centro, este y norte de la ciudad. De hecho, en el observatorio de Quart de Poblet –localidad del área metropolitana a menos de 10 kilómetros de València– solo se han recogido 10,4 litros, y en el aeropuerto de Manises, apenas 8,4 litros.

La lluvia ha caído con mayor intensidad desde a partir del mediodía, sobre todo entre las 14.00 y las 15.00 horas en el centro de la ciudad. Tras unos minutos de tregua, en torno a las 16.00 horas ha vuelto a empezar a llover en la capital valenciana.

NO LLOVÍA TAN INTENSAMENTE DESDE 2008
Desde la Agencia Estatal de Meteorología han apuntado que no había llovido tan intensamente en València desde el 9 de octubre de 2008, cuando se registraron 72,6 litros por metro cuadrado en una hora.

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El vestido de Cristina Pedroche y el fin de un ciclo que ya no sorprende

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vestido Pedroche Campanadas 2025
El vestido de Cristina Pedroche para las Campanadas 2025

Cristina Pedroche ha vuelto a hacerlo. Y precisamente ahí está el problema. En sus duodécimas Campanadas, la presentadora ha presentado el que ella misma define como su vestido más simbólico, emotivo y definitivo: un diseño construido a partir de retales de sus once looks anteriores, convertido en una gran capa de upcycling con la que asegura cerrar una etapa.

Sin embargo, más allá del relato, el resultado vuelve a confirmar lo que ya es evidente desde hace varias ediciones: el modelo Pedroche está creativamente agotado. Cambia el envoltorio conceptual, se eleva el discurso y se multiplica la simbología, pero el impacto visual vuelve a ser el mismo de siempre: casi desnudez, cuerpo como eje central y mínima estructura textil.

El vestido que lo resume todo… porque no propone nada nuevo

Pedroche se “lo ha puesto todo encima”, literalmente. Fragmentos de vestidos pasados, piezas icónicas recicladas, plumas, cadenas, cristales, esculturas corporales y referencias constantes a su propio archivo estético. Un ejercicio autorreferencial que funciona como resumen de su trayectoria, pero que no aporta una lectura nueva de la moda ni del cuerpo.

El mensaje es claro: no hay ruptura, hay acumulación. No hay evolución, hay repetición sofisticada. El vestido no avanza, se mira a sí mismo.

Del impacto al automatismo

Durante años, el casi desnudo de Cristina Pedroche fue rompedor. Hoy se ha convertido en automatismo. La fórmula es reconocible hasta el extremo: piel protagonista y el vestido como ornamento y una narrativa emocional que intenta elevar lo que visualmente ya no sorprende.

El upcycling presentado como gran novedad no es más que un nuevo argumento para sostener un resultado idéntico: el cuerpo vuelve a ser el centro absoluto, y el diseño queda relegado a acompañarlo.

La causa social de Pedroche, su mejor elección

La causa social elegida por Cristina Pedroche es, probablemente, el mayor acierto de sus Campanadas. Vincular su vestuario a la labor de la Asociación Española Contra el Cáncer aporta profundidad y sentido a un formato que, a nivel estético, muestra claros signos de desgaste.

El respaldo a la AECC introduce un mensaje útil, necesario y transversal, que conecta con una realidad que afecta a miles de familias. Es ahí donde Pedroche acierta de pleno: cuando el foco se desplaza del cuerpo al acompañamiento, la investigación y el apoyo a los pacientes, la elección deja de ser un recurso narrativo y se convierte en un gesto con verdadero impacto.

Josie y la construcción de un universo cerrado

El estilista Josie vuelve a estar al frente de la dirección creativa, ensamblando una auténtica antología de símbolos reconocibles para el espectador. El resultado es coherente, milimétrico y técnicamente complejo, pero también encorsetado en su propio lenguaje.

El vestido habla de memoria, de ritual, de semiótica textil… pero sigue diciendo lo mismo que hace años. La piel continúa siendo el titular.

Cuando el vestido deja de ser moda y se convierte en gesto repetido

El gran problema del diseño de 2025 no es su osadía, sino su falta de sorpresa real. El espectador ya no se pregunta qué llevará Pedroche, sino cuánto mostrará. Y cuando la conversación se reduce a eso, el vestido deja de ser moda para convertirse en gesto reiterado.

Frente a propuestas donde la confección, la silueta o el diseño adquieren protagonismo, el modelo Pedroche insiste en una idea que ya ha dado todo lo que tenía que dar.

El cierre de ciclo que confirma el agotamiento

Pedroche habla de cerrar una etapa. Y quizá tenga razón. Porque este vestido no marca un nuevo comienzo, sino que certifica el final de una fórmula que ha sido explotada hasta el límite.

Doce años después, el casi desnudo ya no es transgresión, es marca registrada. Y cuando la marca se impone al diseño, lo único que queda es repetirse.

El vestido de estas Campanadas no abre camino: pone punto final a un modelo que ya no evoluciona.

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