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València se convierte en el Centro Mundial para la Alimentación Urbana Sostenible

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VALÈNCIA, 23 Jul. (EUROPA PRESS) – El Centro Mundial de València para la Alimentación Sostenible (CEMAS) comienza su andadura en La Marina de la ciudad con la meta de lograr sistemas alimentarios locales sostenibles para las ciudades de todo el mundo. Su Majestad la reina Letizia ha presidido la presentación de un proyecto que quiere poner su granito de arena para luchar contra la desnutrición y la «incertidumbre» de quienes no tienen qué llevarse a la boca, la «pandemia» de la obesidad o el cambio climático.

Junto a la Reina, la presentación de este organismo de la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO) ha contado con el Nobel de la Paz 2007, Edward Rubin, y la activista por la alimentación sostenible Vandana Shiva, entre representantes de países como Gran Bretaña, Francia o Túnez, el embajador de España en Italia, San Marino y FAO, Alfonso María Dastis; el director del Cemas, Vicente Domingo; el director de FAO España, Enrique Yeves; el ‘president’ de la Generalitat, Ximo Puig, consellers, y el alcalde de València, Joan Ribó, con parte del gobierno municipal.

Tras la llegada de Doña Letizia y los saludos protocolarios, dos jóvenes voluntarios de la ONU de 15 años y 16 años han izado la bandera de las Naciones Unidas junto a la europea, española y valenciana ante el edificio ‘La Base’ de La Marina de València. Seguidamente, la Reina, el director general de FAO, José Graziano da Silva, y el alcalde de València, Joan Ribó, han mantenido una conversación sobre el nuevo Centro Mundial de la Alimentación para dar paso a un cóctel junto al mar.

Desde este organismo se compartirán acciones positivas replicadas en urbes como El Cairo, Oslo, Seúl o Medellín para ponerlas a disposición del resto del globo. El Cemas arranca en València después de que otras ciudades optasen a albergarlo, dentro de la descentralización de la FAO.

CONTRA LA «PANDEMIA» DE LA OBESIDAD
En su intervención, el director de la FAO, José Graziano da Silva, ha aludido a la «incertidumbre» que tienen actualmente 2.000 millones de personas de tener un alimento hasta el final de la semana frente a los 830 millones de obesos y el ritmo de crecimiento de esta enfermedad. «Estamos experimentando una verdadera pandemia de obesidad en todo el mundo», ha lamentado, unido al riesgo asociado a otras enfermedades como el cáncer o la diabetes.

Como causas, ha achacado la obesidad al auge de ultraprocesados –«muchas veces no sabemos qué estamos comiendo»– y la elección de alimentos más económicos y menos saludables, lo que ha llevado a países del Caribe a llegar a tasas de hasta el 60% de obesos.

Todo ello demuestra para la FAO «la necesidad urgente de sistemas sostenibles y nutritivos», y ha defendido la dieta mediterránea como ejemplo a seguir, el modelo «de la granja a la mesa» o la agricultura urbana. En definitiva, «que los alimentos frescos y más saludables sean también los más accesibles».

A modo de balance, tras su etapa de siete años al frente de la rama alimentaria de Naciones Unidas, Da Silva ha puesto en valor los «pequeños avances», pero ha defendido que es posible «hacer mucho más». «Tenemos poco tiempo», ha manifestado visiblemente emocionado recordando a su país, Brasil, aunque nació en Estados Unidos.

«LA PRIMERA GENERACIÓN QUE ERRADIQUE EL HAMBRE EN EL MUNDO»
Como alcalde de València, Ribó ha llamado a que el CEMAS sea «un polo que oriente y difunda acciones por la sostenibilidad, el desarrollo y la paz». Ha afirmado que los valencianos sienten la «necesidad» de participar en este largo proceso, «con el orgullo de pertenecer al resultado de siglos de sabiduría y de una relación ancestral, equilibrada y coherente con los alimentos sanos de nuestra valiosa huerta y la dieta mediterránea».

«En estos minutos, miles de personas van a morir de hambre. Una de las muertes más dolorosas y humillantes que cualquier persona puede sufrir. Nunca antes hemos tenido la posibilidad de ser la primera generación que erradique el hambre en el mundo», ha manifestado, para lamentar la previsión de que 49,5 millones de niños de menos de cinco años morirán por malnutrición aguda en 2018.

Ante este escenario, Ribó ha defendido que hay que mirar al otro lado del Mediterráneo y «no cerrar los ojos a la realidad: Es el momento de enfrentarnos a retos como los flujos migratorios, el cambio climático, la desconfianza en la democracia y por una nutrición sana y adecuada», algo que está en mano de las ciudades para llegar «hasta el último rincón de cada barrio».

Pero también ha advertido acerca de la sobrealimentación, con 700 millones de personas en el mundo que superan el umbral de la obesidad y el enorme desperdicio de alimentos, y ha pedido contrarrestarlo con reflexión y alternativas sostenibles, aunque «no es un problema de falta de alimentos, sino de distribución adecuada y control de la especulación». «La alimentación sostenible es demasiado importante como para dejarla solo en manos de los mercados», ha subrayado.

Cuando se cumple medio siglo de la llegada del hombre a la Luna, el alcalde de València ha marcado como siguiente gran meta de la humanidad llegar al ‘hambre cero’, pues «no hay más noble objetivo ni necesidad más acuciante».

Por parte del gobierno valenciano, el ‘president’, Ximo Puig, ha apelado a la «ambición» colectiva de un mundo sostenible y ha celebrado que el CEMAS visibiliza lo mejor de la Comunitat, «una pequeña región del Mediterráneo que ha sido la primera española en suscribir los objetivos 2030 de Naciones Unidas», por lo que ha garantizado el compromiso de la Generalitat en una «firme alianza» por la alimentación.

LIDERAZGO POLÍTICO
Como colofón, el evento ha contado con un diálogo entre el Nobel de la Paz Edward Rubin y la filósofa y escritora Vandana Shiva, que ha puesto el foco en que «todos formamos parte de la Tierra», ha defendido que «la mujer lidera la transición porque deben seguir nutriendo a sus familias» y ha llamado a no desperdiciar alimentos: «En la India no desperdiciamos nada; si sobra algo, se lo damos a las vacas».

El Nobel de 2007, por su parte, ha hecho hincapié en la importancia de que el Cemas se preocupe por el avance del cambio climático y su extensión a todos los sectores, incluida la alimentación, desde la producción al transporte y los servicios. «Estos cambios no van a ocurrir por sí solos. Es necesario un liderazgo político», ha reivindicado.

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El vestido de Cristina Pedroche y el fin de un ciclo que ya no sorprende

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vestido Pedroche Campanadas 2025
El vestido de Cristina Pedroche para las Campanadas 2025

Cristina Pedroche ha vuelto a hacerlo. Y precisamente ahí está el problema. En sus duodécimas Campanadas, la presentadora ha presentado el que ella misma define como su vestido más simbólico, emotivo y definitivo: un diseño construido a partir de retales de sus once looks anteriores, convertido en una gran capa de upcycling con la que asegura cerrar una etapa.

Sin embargo, más allá del relato, el resultado vuelve a confirmar lo que ya es evidente desde hace varias ediciones: el modelo Pedroche está creativamente agotado. Cambia el envoltorio conceptual, se eleva el discurso y se multiplica la simbología, pero el impacto visual vuelve a ser el mismo de siempre: casi desnudez, cuerpo como eje central y mínima estructura textil.

El vestido que lo resume todo… porque no propone nada nuevo

Pedroche se “lo ha puesto todo encima”, literalmente. Fragmentos de vestidos pasados, piezas icónicas recicladas, plumas, cadenas, cristales, esculturas corporales y referencias constantes a su propio archivo estético. Un ejercicio autorreferencial que funciona como resumen de su trayectoria, pero que no aporta una lectura nueva de la moda ni del cuerpo.

El mensaje es claro: no hay ruptura, hay acumulación. No hay evolución, hay repetición sofisticada. El vestido no avanza, se mira a sí mismo.

Del impacto al automatismo

Durante años, el casi desnudo de Cristina Pedroche fue rompedor. Hoy se ha convertido en automatismo. La fórmula es reconocible hasta el extremo: piel protagonista y el vestido como ornamento y una narrativa emocional que intenta elevar lo que visualmente ya no sorprende.

El upcycling presentado como gran novedad no es más que un nuevo argumento para sostener un resultado idéntico: el cuerpo vuelve a ser el centro absoluto, y el diseño queda relegado a acompañarlo.

La causa social de Pedroche, su mejor elección

La causa social elegida por Cristina Pedroche es, probablemente, el mayor acierto de sus Campanadas. Vincular su vestuario a la labor de la Asociación Española Contra el Cáncer aporta profundidad y sentido a un formato que, a nivel estético, muestra claros signos de desgaste.

El respaldo a la AECC introduce un mensaje útil, necesario y transversal, que conecta con una realidad que afecta a miles de familias. Es ahí donde Pedroche acierta de pleno: cuando el foco se desplaza del cuerpo al acompañamiento, la investigación y el apoyo a los pacientes, la elección deja de ser un recurso narrativo y se convierte en un gesto con verdadero impacto.

Josie y la construcción de un universo cerrado

El estilista Josie vuelve a estar al frente de la dirección creativa, ensamblando una auténtica antología de símbolos reconocibles para el espectador. El resultado es coherente, milimétrico y técnicamente complejo, pero también encorsetado en su propio lenguaje.

El vestido habla de memoria, de ritual, de semiótica textil… pero sigue diciendo lo mismo que hace años. La piel continúa siendo el titular.

Cuando el vestido deja de ser moda y se convierte en gesto repetido

El gran problema del diseño de 2025 no es su osadía, sino su falta de sorpresa real. El espectador ya no se pregunta qué llevará Pedroche, sino cuánto mostrará. Y cuando la conversación se reduce a eso, el vestido deja de ser moda para convertirse en gesto reiterado.

Frente a propuestas donde la confección, la silueta o el diseño adquieren protagonismo, el modelo Pedroche insiste en una idea que ya ha dado todo lo que tenía que dar.

El cierre de ciclo que confirma el agotamiento

Pedroche habla de cerrar una etapa. Y quizá tenga razón. Porque este vestido no marca un nuevo comienzo, sino que certifica el final de una fórmula que ha sido explotada hasta el límite.

Doce años después, el casi desnudo ya no es transgresión, es marca registrada. Y cuando la marca se impone al diseño, lo único que queda es repetirse.

El vestido de estas Campanadas no abre camino: pone punto final a un modelo que ya no evoluciona.

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