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Vino, aceite, mermelada y cervezas, entre los regalos estivales a los miembros del Consell

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VALÈNCIA, 24 Ago. (EUROPA PRESS) –

Cestas de flores, botes de mermelada, estuches con vino y aceites o cajas de cerveza, e incluso algún que otro dulce tradicional, son algunos de los obsequios que los miembros del Consell han recibido durante este verano.

La información que recoge el portal de transparencia vuelve a reflejar que los libros se mantienen como uno de los regalos más recurrentes. Los hay que repasan las fiestas populares de los municipios valencianos, títulos sobre la historia de la Comunitat, diccionarios ilustrados, sobre la pilota valenciana, urbanismo y sociología, infantiles o que recurren a los grandes autores, como Miguel Hernández o Vicent Andrés Estellés.

No obstante, desde el inicio del periodo estival comparten protagonismo con los regalos dirigidos directamente al paladar. Así, a finales de junio el presidente de la Generalitat, Ximo Puig, recibió un dulce típico de Aragón, la trenza de Almudévar, a cuenta del gobierno de esa comunidad que se destinó a cocina.

También el conseller de Hacienda, Vicent Soler, ha sido el destinatario de una botella de vino regalada por el Ayuntamiento de Xaló. La consellera de Agricultura, Desarrollo Rural, Emergencia Climática y Transición Ecológica, Mireia Mollà, recibió de Egevasa una botella de agua de critas con seis vasos, además de tres botes de mermelada a cuenta de Coag-CV.

El conseller de Economía Sostenible, Sectores Productivos, Comercio y Trabajo, Rafa Climent, fue obsequiado con un estuche con vino y aceite a cargo de Campus Diversia, promovido por Amica. Y sin salir de esta conselleria, el subsecretario Natxo Costa recibió como regalo de Cerveceros de España una caja con 24 cervezas, que destinó al personal de este departamento.

Por su parte, el coordinador de fomento al comercio exterior del Gobierno de Guanajuato (México) regaló a la directora general del Instituto Valenciano de Competitividad Empresarial (Ivace), Júlia Company, un juego de seis botellitas de 100 ml de Tequila, que fueron a parar a su equipo.

En estos meses también ha habido hueco para otros regalos como es el caso del ramo de flores que recibió la consellera de Participación, Transparencia, Cooperación y Calidad Democrática, Rosa Pérez, por participar en el pregón de la Feria de Verano de Jarafuel. De allí volvió también con una cesta de productos locales y un palo para caminar de madera.

También la vicepresidenta y consellera de Igualdad y Políticas Inclusivas, Mónica Oltra, recibió una cesta de flores y plantas de la Residencia Velluters, además de una pluma Parker obsequio del Parlamento Europeo de Jóvenes y una camiseta.

La artesanía valenciana, plasmada en el barro, también ha estado presente. Así, Mireia Mollà ha recibido un jarrón de barro con dedicatoria de parte del alcalde de Tárbena.

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El vestido de Cristina Pedroche y el fin de un ciclo que ya no sorprende

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vestido Pedroche Campanadas 2025
El vestido de Cristina Pedroche para las Campanadas 2025

Cristina Pedroche ha vuelto a hacerlo. Y precisamente ahí está el problema. En sus duodécimas Campanadas, la presentadora ha presentado el que ella misma define como su vestido más simbólico, emotivo y definitivo: un diseño construido a partir de retales de sus once looks anteriores, convertido en una gran capa de upcycling con la que asegura cerrar una etapa.

Sin embargo, más allá del relato, el resultado vuelve a confirmar lo que ya es evidente desde hace varias ediciones: el modelo Pedroche está creativamente agotado. Cambia el envoltorio conceptual, se eleva el discurso y se multiplica la simbología, pero el impacto visual vuelve a ser el mismo de siempre: casi desnudez, cuerpo como eje central y mínima estructura textil.

El vestido que lo resume todo… porque no propone nada nuevo

Pedroche se “lo ha puesto todo encima”, literalmente. Fragmentos de vestidos pasados, piezas icónicas recicladas, plumas, cadenas, cristales, esculturas corporales y referencias constantes a su propio archivo estético. Un ejercicio autorreferencial que funciona como resumen de su trayectoria, pero que no aporta una lectura nueva de la moda ni del cuerpo.

El mensaje es claro: no hay ruptura, hay acumulación. No hay evolución, hay repetición sofisticada. El vestido no avanza, se mira a sí mismo.

Del impacto al automatismo

Durante años, el casi desnudo de Cristina Pedroche fue rompedor. Hoy se ha convertido en automatismo. La fórmula es reconocible hasta el extremo: piel protagonista y el vestido como ornamento y una narrativa emocional que intenta elevar lo que visualmente ya no sorprende.

El upcycling presentado como gran novedad no es más que un nuevo argumento para sostener un resultado idéntico: el cuerpo vuelve a ser el centro absoluto, y el diseño queda relegado a acompañarlo.

La causa social de Pedroche, su mejor elección

La causa social elegida por Cristina Pedroche es, probablemente, el mayor acierto de sus Campanadas. Vincular su vestuario a la labor de la Asociación Española Contra el Cáncer aporta profundidad y sentido a un formato que, a nivel estético, muestra claros signos de desgaste.

El respaldo a la AECC introduce un mensaje útil, necesario y transversal, que conecta con una realidad que afecta a miles de familias. Es ahí donde Pedroche acierta de pleno: cuando el foco se desplaza del cuerpo al acompañamiento, la investigación y el apoyo a los pacientes, la elección deja de ser un recurso narrativo y se convierte en un gesto con verdadero impacto.

Josie y la construcción de un universo cerrado

El estilista Josie vuelve a estar al frente de la dirección creativa, ensamblando una auténtica antología de símbolos reconocibles para el espectador. El resultado es coherente, milimétrico y técnicamente complejo, pero también encorsetado en su propio lenguaje.

El vestido habla de memoria, de ritual, de semiótica textil… pero sigue diciendo lo mismo que hace años. La piel continúa siendo el titular.

Cuando el vestido deja de ser moda y se convierte en gesto repetido

El gran problema del diseño de 2025 no es su osadía, sino su falta de sorpresa real. El espectador ya no se pregunta qué llevará Pedroche, sino cuánto mostrará. Y cuando la conversación se reduce a eso, el vestido deja de ser moda para convertirse en gesto reiterado.

Frente a propuestas donde la confección, la silueta o el diseño adquieren protagonismo, el modelo Pedroche insiste en una idea que ya ha dado todo lo que tenía que dar.

El cierre de ciclo que confirma el agotamiento

Pedroche habla de cerrar una etapa. Y quizá tenga razón. Porque este vestido no marca un nuevo comienzo, sino que certifica el final de una fórmula que ha sido explotada hasta el límite.

Doce años después, el casi desnudo ya no es transgresión, es marca registrada. Y cuando la marca se impone al diseño, lo único que queda es repetirse.

El vestido de estas Campanadas no abre camino: pone punto final a un modelo que ya no evoluciona.

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