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Así ha afectado la pandemia a las listas de espera para operarse en la Comunidad Valenciana

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Más de cinco meses (157 días) ha de esperar de media un paciente valenciano para ser operado en los hospitales de la Comunitat. Son 10 días más que en julio y 60 si se retrocede al mes de marzo, fecha en la que comenzó el confinamiento por la pandemia del COVID-19. En total, casi 61.700 valencianos están en la lista de espera para poder pasar por el quirófano.

Los datos, publicados por la Conselleria de Sanidad en su página web, reflejan que en València el departamento de salud con la demora media más alta el del Hospital General, con 203 días, mientras que la cifra más baja la presenta el Doctor Peset, con 100.

Por especialidades y en cuanto a tiempo de espera, la cirugía pediátrica es la que tiene la demora más amplia, 225 días de media, seguida por la cirugía plástica, donde la espera es de 221 días, y la cirugía torácica, con 210 días.

En cambio, las listas de espera más pobladas se encuentran en la especialidad de cirugía ortopédica/traumatológica, con 19.357 personas pendientes de una intervención; oftalmología, con 12.392 pacientes en lista, y cirugía general, con 10.750 personas.

Por patologías, la operación que tiene la mayor lista de espera es la de cataratas, con 9.724 pacientes y una media de demora de 114 días. Le sigue la intervención de hernia inguinal, con 3.094 pacientes y 108 días de espera. En la lista de intervenciones de prótesis de rodilla hay 2.898 pacientes, con una media de espera de 180 días; esperan una artroscopia 2.434 pacientes con una demora media de 166 días, y una prótesis de cadera 1.337 personas con una demora de 153 días.

A estas patologías se le suman en orden en la lista los que aguardan una operación de juanetes, 2004 personas, que han de esperar de media 153 días; 1.257 de colecistectomía, con 95 días de espera; 1.118 de adenoamigdalectomia, con 195 días; 695 esperan ser operados de una hipertrofia benigna de próstata, con una demora de 138 días; y 599 de fimosis, con una espera media de 123 días.

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El vestido de Cristina Pedroche y el fin de un ciclo que ya no sorprende

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vestido Pedroche Campanadas 2025
El vestido de Cristina Pedroche para las Campanadas 2025

Cristina Pedroche ha vuelto a hacerlo. Y precisamente ahí está el problema. En sus duodécimas Campanadas, la presentadora ha presentado el que ella misma define como su vestido más simbólico, emotivo y definitivo: un diseño construido a partir de retales de sus once looks anteriores, convertido en una gran capa de upcycling con la que asegura cerrar una etapa.

Sin embargo, más allá del relato, el resultado vuelve a confirmar lo que ya es evidente desde hace varias ediciones: el modelo Pedroche está creativamente agotado. Cambia el envoltorio conceptual, se eleva el discurso y se multiplica la simbología, pero el impacto visual vuelve a ser el mismo de siempre: casi desnudez, cuerpo como eje central y mínima estructura textil.

El vestido que lo resume todo… porque no propone nada nuevo

Pedroche se “lo ha puesto todo encima”, literalmente. Fragmentos de vestidos pasados, piezas icónicas recicladas, plumas, cadenas, cristales, esculturas corporales y referencias constantes a su propio archivo estético. Un ejercicio autorreferencial que funciona como resumen de su trayectoria, pero que no aporta una lectura nueva de la moda ni del cuerpo.

El mensaje es claro: no hay ruptura, hay acumulación. No hay evolución, hay repetición sofisticada. El vestido no avanza, se mira a sí mismo.

Del impacto al automatismo

Durante años, el casi desnudo de Cristina Pedroche fue rompedor. Hoy se ha convertido en automatismo. La fórmula es reconocible hasta el extremo: piel protagonista y el vestido como ornamento y una narrativa emocional que intenta elevar lo que visualmente ya no sorprende.

El upcycling presentado como gran novedad no es más que un nuevo argumento para sostener un resultado idéntico: el cuerpo vuelve a ser el centro absoluto, y el diseño queda relegado a acompañarlo.

La causa social de Pedroche, su mejor elección

La causa social elegida por Cristina Pedroche es, probablemente, el mayor acierto de sus Campanadas. Vincular su vestuario a la labor de la Asociación Española Contra el Cáncer aporta profundidad y sentido a un formato que, a nivel estético, muestra claros signos de desgaste.

El respaldo a la AECC introduce un mensaje útil, necesario y transversal, que conecta con una realidad que afecta a miles de familias. Es ahí donde Pedroche acierta de pleno: cuando el foco se desplaza del cuerpo al acompañamiento, la investigación y el apoyo a los pacientes, la elección deja de ser un recurso narrativo y se convierte en un gesto con verdadero impacto.

Josie y la construcción de un universo cerrado

El estilista Josie vuelve a estar al frente de la dirección creativa, ensamblando una auténtica antología de símbolos reconocibles para el espectador. El resultado es coherente, milimétrico y técnicamente complejo, pero también encorsetado en su propio lenguaje.

El vestido habla de memoria, de ritual, de semiótica textil… pero sigue diciendo lo mismo que hace años. La piel continúa siendo el titular.

Cuando el vestido deja de ser moda y se convierte en gesto repetido

El gran problema del diseño de 2025 no es su osadía, sino su falta de sorpresa real. El espectador ya no se pregunta qué llevará Pedroche, sino cuánto mostrará. Y cuando la conversación se reduce a eso, el vestido deja de ser moda para convertirse en gesto reiterado.

Frente a propuestas donde la confección, la silueta o el diseño adquieren protagonismo, el modelo Pedroche insiste en una idea que ya ha dado todo lo que tenía que dar.

El cierre de ciclo que confirma el agotamiento

Pedroche habla de cerrar una etapa. Y quizá tenga razón. Porque este vestido no marca un nuevo comienzo, sino que certifica el final de una fórmula que ha sido explotada hasta el límite.

Doce años después, el casi desnudo ya no es transgresión, es marca registrada. Y cuando la marca se impone al diseño, lo único que queda es repetirse.

El vestido de estas Campanadas no abre camino: pone punto final a un modelo que ya no evoluciona.

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