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Cómo iniciarse en el mundo de la criptomoneda
Publicado
hace 2 añosen
Empezar con criptomonedas puede exigir ciertos conocimientos previos. Pero la buena noticia es que, hoy, no es muy complicado adquirirlos. ¡Descubre cómo!
Cómo empezar con criptomonedas con opciones de éxito
Invertir en criptomonedas tiene ventajas añadidas sobre otros activos: no hay más que ver la evolución del precio del Bitcoin. Sin embargo, si es bueno que tengas una información adicional de entrada, para evitar confusiones y problemas. Estos son los ítems principales a seguir:
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Infórmate sobre las criptomonedas
Antes de nada, es conveniente que te informes y te formes algo sobre las criptomonedas. Debes entender que estos activos, aunque con un potencial de revalorización muy superior al de los valores en bolsa o las divisas tradicionales, funcionan de forma descentralizada y carecen del respaldo de ningún Banco Central.
Existe abundante literatura sobre criptomonedas, tanto para quien no tiene conocimientos como para profundizar algo. No está de más que consultes algunas referencias.
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Revisa los históricos y volúmenes de cotización
El segundo paso es revisar los históricos y volúmenes de cotización de las principales criptomonedas. Este es un paso crítico, puesto que, más allá del Bitcoin, Ethereum y Tether, el número de transacciones de las demás criptodivisas es mucho menor. Por lo tanto, revisar los gráficos y el histórico de cada criptomoneda te ayudará a elegir tu objetivo. También es conveniente que tengas una visión global del mercado de valores durante un periodo de tiempo.
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Elige una forma de operar
Una vez que tengas claro qué te puede interesar, debes optar por la forma de operar. Y, básicamente, existen tres posibilidades para las criptomonedas:
- Compraventa, o trading. En este caso, no hay una gran diferencia con respecto a un mercado de valores tradicional. La estrategia es comprar barato y vender con plusvalías. Es lo más habitual.
- Minería. Disponible en las criptomonedas más utilizadas. Básicamente, consiste en facilitar las transacciones validándolas y generando bloques. A cambio de este trabajo, se proporciona una recompensa, pero es necesario tener conocimientos de programación y el gasto energético por hacer esta labor es elevado.
- Staking. Esta modalidad, básicamente, consiste en inmovilizar un token de una criptomoneda para limitar su oferta disponible y, así, sostener su cotización. A cambio, el mecanismo de consenso asigna una recompensa. Es la forma menos arriesgada y que menos trabajo exige.
Eso sí, según la criptomoneda, las ventajas cambian, y mucho. De manera que hay que asegurarse de qué modalidad nos interesa más.
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Opta por una Exchange profesional
Cuando vayas a empezar en criptomonedas, sea como sea, debes elegir una Exchange profesional. ¿Y qué criterios debe cumplir para serlo? En primer lugar, debe incluir las criptomonedas con las que quieres operar. Por otra parte, ha de permitir operar en la modalidad que desees, ya sea para comprar y vender, para hacer minería o staking Y, finalmente, tiene que proporcionar garantías de seguridad.
Consultar en las redes y en las noticias, así como en referencias de terceros, suele ayudar en la elección.
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Marca cuál será tu estrategia de inversión
La elección de una estrategia de inversión de forma predeterminada es fundamental para empezar a invertir. Por ejemplo, deberías decidir en qué criptomonedas vas a invertir y en qué proporción. Asimismo, un elemento interesante para ti sería decidir si vas a operar en corto, a largo plazo o si vas a optar por alguna modalidad de apalancamiento.
En resumen…
Empezar con criptomonedas es interesante, y en Kraken te proporcionamos todo lo necesario para que elijas la opción y modelo de inversión que prefieras. ¡Descarga la app y prepárate para operar con más de 200 criptomonedas!
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Cómo elegir una solución de inversión en 2026: claves para no equivocarse
Publicado
hace 6 horasen
8 abril, 2026
Elegir dónde invertir en 2026 ya no es solo una cuestión de comparar productos o perseguir rentabilidades llamativas. El ecosistema financiero se ha sofisticado, han surgido nuevas herramientas digitales y, sobre todo, el inversor medio tiene hoy más acceso que nunca a información… y también a ruido. En este contexto, tomar buenas decisiones exige criterio, no impulsos.
Cada vez más personas buscan alternativas que les permitan gestionar su patrimonio de forma eficiente, con costes controlados y sin necesidad de dedicarle horas cada semana. En ese proceso, explorar distintas soluciones de inversión se convierte en un paso lógico, siempre que se haga con una base sólida y sin dejarse llevar por promesas poco realistas.
Antes de invertir, entiende qué necesitas realmente
Uno de los errores más frecuentes es empezar la casa por el tejado. Se analiza un producto atractivo, se escucha una recomendación o se ve una tendencia, y a partir de ahí se decide invertir. El problema es que, sin una base clara, cualquier decisión puede acabar siendo incoherente.
Antes de mirar opciones, conviene responder a algunas preguntas clave. ¿Para qué quieres invertir? ¿Cuál es tu horizonte temporal? ¿Qué nivel de riesgo puedes asumir sin que te afecte emocionalmente?
No es lo mismo ahorrar para la entrada de una vivienda en cinco años que construir un patrimonio a treinta. Tampoco es igual alguien con ingresos estables y capacidad de ahorro que quien tiene una situación más ajustada. Estas variables condicionan completamente la estrategia.
El entorno económico condiciona, pero no debe dictarlo todo
En 2026, el contexto macroeconómico sigue siendo relevante. Los tipos de interés han cambiado respecto a la década pasada, la inflación continúa siendo una variable a vigilar y los mercados financieros reaccionan con rapidez a cualquier señal.
Esto ha hecho que algunos productos tradicionalmente conservadores recuperen atractivo, mientras que otros, más orientados al crecimiento, siguen siendo clave para horizontes largos. Sin embargo, basar toda la estrategia en el momento del mercado suele ser un error.
Intentar anticipar constantemente qué activo lo hará mejor es complicado incluso para profesionales. Por eso, más que acertar en el timing, lo importante es construir una cartera que tenga sentido en distintos escenarios.
Diversificación con sentido común
Diversificar es una de las bases de la inversión, pero no siempre se aplica bien. Muchas personas asocian diversificación con tener muchos productos, cuando en realidad se trata de combinar activos que se comporten de forma diferente.
Una cartera equilibrada puede incluir renta variable global, renta fija de calidad y, en algunos casos, exposición a otros activos. Lo importante es que cada elemento tenga un propósito claro dentro del conjunto.
Cuando la diversificación se convierte en acumulación, se pierde control. Es más difícil saber qué está funcionando y por qué. Una buena estrategia no necesita ser compleja, necesita ser coherente.
Costes: el factor silencioso que marca la diferencia
Pocas cosas tienen tanto impacto en la rentabilidad a largo plazo como las comisiones. Y, sin embargo, siguen siendo uno de los aspectos más ignorados.
Una diferencia de apenas un 1 % anual puede traducirse en miles de euros a lo largo de los años. Por eso, cada vez más inversores prestan atención a productos con estructuras de costes más eficientes.
Esto no significa elegir siempre lo más barato, sino entender qué se está pagando. Si una comisión aporta valor, puede estar justificada. Pero si no lo hace, simplemente reduce la rentabilidad.
La importancia de la automatización y la disciplina
Uno de los grandes cambios en los últimos años ha sido la incorporación de herramientas que automatizan la inversión. Esto ha facilitado el acceso y ha reducido la dependencia de decisiones constantes.
Automatizar aportaciones periódicas, por ejemplo, ayuda a evitar uno de los errores más comunes: intentar acertar el mejor momento para invertir. Con una estrategia sistemática, se reduce el impacto de las emociones y se aprovecha mejor el largo plazo.
Además, la disciplina es clave. No se trata de reaccionar a cada movimiento del mercado, sino de mantener una estrategia coherente en el tiempo.
Entender lo que haces, aunque no seas experto
No es necesario tener formación financiera avanzada para invertir, pero sí es importante comprender lo básico. Saber qué significa volatilidad, cómo funciona la diversificación o por qué el horizonte temporal es relevante marca una gran diferencia.
Hoy hay mucha información disponible, aunque no toda es fiable. Conviene priorizar fuentes rigurosas y evitar caer en mensajes simplistas o excesivamente optimistas.
Si algo no se entiende, es mejor no invertir en ello. Esa regla sencilla evita muchos problemas.
La psicología, el gran enemigo invisible
Uno de los factores más infravalorados en inversión es el comportamiento humano. Las emociones pueden jugar en contra incluso cuando la estrategia es correcta.
El miedo suele llevar a vender en momentos de caída, mientras que la euforia empuja a comprar cuando los precios ya han subido. Este patrón, repetido una y otra vez, explica por qué muchos inversores obtienen peores resultados que el propio mercado.
Tener un plan y seguirlo es la mejor forma de evitar estos errores. No elimina la incertidumbre, pero ayuda a gestionarla.
Cómo evaluar distintas alternativas
El mercado actual ofrece una gran variedad de opciones, desde productos tradicionales hasta propuestas más innovadoras. Analizar todas puede resultar abrumador, pero hay ciertos criterios que ayudan a simplificar.
Más allá de la rentabilidad pasada, conviene fijarse en el riesgo asumido, la liquidez y la consistencia del producto. También es importante entender cómo se construye la cartera y qué lógica hay detrás.
Las estrategias basadas en diversificación global, costes bajos y gestión eficiente han ganado protagonismo precisamente porque simplifican muchos de estos aspectos.
El tiempo como aliado estratégico
Si hay un factor que marca la diferencia en inversión, es el tiempo. Cuanto más largo es el horizonte, más sentido tiene asumir cierta volatilidad a cambio de mayor potencial de crecimiento.
El interés compuesto juega a favor de quienes mantienen una estrategia a largo plazo. Pequeñas aportaciones constantes pueden generar resultados significativos con el paso de los años.
Por el contrario, los horizontes cortos requieren mayor prudencia. En esos casos, preservar capital y mantener liquidez suele ser prioritario.
Fiscalidad: más relevante de lo que parece
La fiscalidad es un aspecto que muchas veces se deja para el final, cuando en realidad debería considerarse desde el principio.
En España, algunos productos permiten diferir la tributación, lo que facilita la gestión de la cartera sin impacto fiscal inmediato. Otros, en cambio, generan impuestos cada vez que se realiza una operación.
Tener esto en cuenta puede mejorar la eficiencia de la estrategia y evitar sorpresas.
¿Cuándo tiene sentido contar con ayuda?
No todo el mundo necesita asesoramiento, pero en determinados casos puede ser útil. Especialmente cuando no se dispone de tiempo o se tienen dudas sobre cómo estructurar una cartera.
Eso sí, es importante que el asesoramiento sea transparente. Entender cómo se remunera el asesor y si existen incentivos es fundamental para evitar conflictos de interés.
En muchos casos, combinar herramientas automatizadas con un mínimo de criterio propio puede ser suficiente.
Señales de alerta que conviene no ignorar
En un entorno con tanta oferta, también hay riesgos. Algunas señales deberían hacer saltar las alarmas de inmediato.
Promesas de rentabilidad alta sin riesgo, falta de claridad en la información o presión para invertir rápido son indicios habituales de propuestas poco fiables. También lo es la complejidad innecesaria.
La regla es sencilla: si no puedes explicar en qué estás invirtiendo de forma clara, probablemente no sea una buena idea.
Ajustar la estrategia sin perder el foco
A lo largo del tiempo, tanto el mercado como la situación personal cambian. Por eso, revisar la cartera periódicamente tiene sentido.
Sin embargo, revisar no implica cambiar constantemente. Los ajustes deben responder a una lógica, no a movimientos puntuales del mercado.
Mantener una visión a largo plazo ayuda a filtrar el ruido y tomar decisiones más racionales.
Elegir bien en 2026 no consiste en encontrar el producto perfecto, sino en construir una estrategia que tenga sentido para ti. Cuanto más alineadas estén tus decisiones con tus objetivos reales, más probabilidades tendrás de evitar errores y obtener resultados consistentes a lo largo del tiempo.
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