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El Reloj del Apocalipsis sitúa el fin del mundo a sólo 90 segundos

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El Reloj del Apocalipsis sitúa el fin del mundo a sólo 90 segundos

Desde siempre la Humanidad ha tenido miedo del fin del mundo. Cada año, el Boletín de Científicos Atómicos ha revelado el diagnóstico sobre el riesgo de que se acabe el mundo.

La situación actual con las crisis climáticas, la guerra de Ucrania o las malas relaciones entre potencias como EE.UU y China hace temer a más de uno por una catástrofe mundial.

Desde hace años se lleva realizando este Boletín  por expertos de primer nivel que incluso atesoran premios Nobel. Todo comenzó en 1947, poco tiempo después de que hubiera los primeros estallidos atómicos. E incluso hay un Reloj del Apocalipsis y cuanto más cerca esté de la medianoche, más cerca está el fin del mundo.

El fin del mundo más cerca que nunca

El Reloj del Apocalipsis se creó tras la explosión de las dos bombas atómicas con la idea de hacer ver a la humanidad que se podría autodestruir a sí misma. Pero las bombas atómicas no han sido el mayor de los problemas en estos últimos años. La inteligencia artificial, el cambio climático o el bioterrorismo se han sumado a las amenazas del fin del mundo.

2018

Uno de los momentos más críticos tuvo lugar en 2018. Las agujas señalaban las 23:58, a dos minutos del fin de la humanidad, siendo la hora más cercana al fin en los 73 años que lleva este reloj, igualando su marca de 1953 cuando estaba la Guerra Fría entre Estados Unidos y la URSS y el riesgo de las bombas termonucleares.

Las manecillas fueron a más en 2020 con la pandemia covid, colocándose a solo 100 segundos de medianoche.

2023

Según ha explicado la presidenta del Boletín de los Científicos Atómicos, Rachel Bronson, que el reloj esté ahora a solo 90 segundos del fin de la humanidad se debe a muchas consecuencias: el cambio climático, amenaza de nuevas pandemias, «la invasión ilegal Ucrania por parte de Rusia».

Y además de este conflicto europeo, los científicos alertan de que las relaciones entre Irán y Occidente van a peor, al igual que entre Estados Unidos y China en el estrecho de Taiwán y por la modernización de sus armas nucleares. «Todo esto ha hecho que el riesgo de catástrofe nuclear esté hoy más cerca», ha explicado un miembro del comité, Steve Fetter.

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‘Lookmaxxing’: la conflictiva tendencia de belleza para parecer «más hombre»

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De foros vinculados a la cultura incel a TikTok y X: qué es el lookmaxxing, qué significa ser un “chad” y por qué genera preocupación entre expertos en salud mental.

El término lookmaxxing ha dejado de ser un concepto marginal de internet para convertirse en una tendencia visible en redes sociales como TikTok y X. La palabra combina los términos ingleses look (apariencia) y maximizing (maximizar), y alude a estrategias destinadas a potenciar al máximo el atractivo físico, especialmente masculino.

Medios internacionales como BBC y The Guardian han explicado que el concepto surgió a comienzos de la década de 2010 en foros relacionados con la llamada cultura incel (celibato involuntario). Con el tiempo, el fenómeno se ha extendido a públicos mucho más amplios, especialmente jóvenes interesados en estética, fitness y desarrollo personal.


¿Qué es el lookmaxxing?

En la práctica, el lookmaxxing incluye desde consejos básicos de cuidado personal hasta rutinas mucho más específicas orientadas a proyectar una imagen más masculina.

Entre los contenidos más habituales destacan:

  • Ejercicios faciales como el “mewing”, para marcar la línea de la mandíbula.

  • Corrección de postura para parecer más alto y seguro.

  • Cortes de pelo estratégicos según la forma del rostro.

  • Uso de barba para acentuar rasgos.

  • Rutinas detalladas de cuidado facial (skincare).

  • Elección de gafas y accesorios para equilibrar proporciones.

En estas comunidades también es frecuente el uso del término “chad”, empleado para describir a hombres considerados excepcionalmente atractivos, dominantes o líderes dentro de este ideal estético.


Softmaxxing vs. Hardmaxxing

Dentro del movimiento se distinguen dos corrientes principales:

  • Softmaxxing: cambios reversibles como ejercicio, dieta, estilo, cuidado de la piel o peinado.

  • Hardmaxxing: intervenciones más agresivas, como cirugía estética, tratamientos hormonales o el uso de esteroides.

Esta segunda vertiente es la que más preocupación genera entre profesionales de la salud mental y expertos en imagen corporal.


El debate sobre masculinidad e imagen

El psicólogo Tom Hildebrandt, director de investigación en la Icahn School of Medicine at Mount Sinai, ha advertido que este tipo de corrientes pueden erosionar el sentido del yo y fomentar la insatisfacción corporal al promover ideales de belleza difíciles o imposibles de alcanzar.

Según diversos especialistas, la presión constante por optimizar la apariencia puede derivar en:

  • Ansiedad social.

  • Distorsión de la autoimagen.

  • Dependencia de validación externa.

  • Conductas de riesgo vinculadas a intervenciones estéticas o consumo de sustancias.


El caso viral de “Androgenic”

El fenómeno volvió al centro del debate tras la viralización de un vídeo protagonizado por el influencer conocido como Androgenic, vinculado a esta corriente estética. En el clip, difundido en X, un hombre le retira el sombrero y el peluquín en plena grabación callejera, generando millones de visualizaciones y reabriendo el debate sobre masculinidad frágil y obsesión por la imagen.

Tras la polémica, el creador aseguró que nunca ocultó su calvicie y que el uso de prótesis capilares formaba parte de su estrategia estética. El episodio evidenció hasta qué punto la construcción de la identidad visual en internet puede convertirse en objeto de escrutinio masivo.


¿Está llegando el lookmaxxing a España?

En España, el lookmaxxing no ha alcanzado el nivel de organización de comunidades especializadas que existe en Estados Unidos o Reino Unido. Sin embargo, clínicas estéticas y expertos en imagen observan cómo parte de esta cultura se ha filtrado en lo que algunos denominan “Cultura del bienestar 2.0”.

Muchos jóvenes adoptan hábitos como:

  • Entrenamiento físico orientado a rasgos “masculinizados”.

  • Rutinas avanzadas de cuidado facial.

  • Interés por tratamientos de masculinización facial.

  • Optimización de estilo y lenguaje corporal.

No obstante, la mayoría lo hace sin adherirse a los postulados más extremos del movimiento original.


Más allá de la estética: una cuestión cultural

El auge del lookmaxxing no solo habla de belleza, sino también de cómo las redes sociales están redefiniendo los estándares de masculinidad. En un entorno digital donde la imagen es moneda de cambio, maximizar el atractivo puede convertirse en una forma de capital social.

La pregunta que plantean psicólogos y sociólogos no es si cuidar la apariencia es positivo —algo ampliamente aceptado—, sino hasta qué punto la obsesión por optimizar cada rasgo físico puede afectar a la autoestima y la salud mental.

En la era de la hiperexposición digital, el espejo ya no está solo en casa: está en la pantalla.

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