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Muere Constantino de Grecia, hermano de la reina Sofía

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Constantino de Grecia

Atenas (EFE).- Constantino de Grecia ha muerto este martes a los 82 años en el hospital privado Ygeia. El Gobierno griego decidirá en la mañana de este miércoles que ritual funerario le otorgará al exrey Constantino II.

Según señalan los medios locales, la reunión interministerial se celebrará en la sede de Gobierno y ya se da por hecho que el entierro tendrá lugar en el cementerio que se encuentra en las fincas reales de Tatoi a las afueras de Atenas, donde se encuentra la tumba de su padre el rey Pablo I y su madre, la reina de Grecia Federica de Hannover, y otros miembros de la familia real helena.

Junto al exmonarca se encontraba desde hace días toda su familia, incluidas sus hermanas doña Sofía y doña Irene, quienes habían acudido desde España para estar junto a él en sus últimos momentos de vida.

Constantino de Grecia: una salud muy frágil

Constantino II llevaba varios años con una salud frágil. En diciembre de 2021 fue hospitalizado tras sufrir una crisis isquémica y nuevamente un mes después por contraer el coronavirus.
Aunque en los últimos días apenas había trascendido información sobre su estado, los medios griegos señalaron que había sufrido un nuevo derrame cerebral, por lo que fue trasladado a la unidad de cuidados intensivos.

Su oficina no quiso confirmar en ningún momento este extremo y se limitó a señalar hasta ayer que se encontraba estable dentro de su estado frágil.

Constantino llevaba tiempo con problemas respiratorios y cardíacos y en los últimos años su movilidad está reducida.

En los últimos días habían ido llegando sus familiares desde distintos puntos del mundo, pues en Grecia tan solo vive uno de sus cinco hijos, Nicolás, casado con Tatiana Blanik.

El exmonarca se mudó con su esposa Ana María, hermana menor de la reina Margarita de Dinamarca, de la localidad de Porto Jeli en el Peloponeso a Atenas la primavera del año pasado con el fin de encontrarse cerca del hospital y los médicos que monitorean su salud.

Su última aparición en público fue precisamente junto a su esposa, y sus hermanas en octubre pasado, cuando se les pudo ver paseando por una céntrica calle de Atenas.

Rey de Grecia durante siete años

Constantino II fue coronado rey de Grecia en 1964 a los 24 años, aunque poco después de la instauración de la dictadura de los Coroneles en el país, en 1967, se vio obligado a exiliarse con toda su familia en Roma.

En 1974, tras la caída de la junta militar, se celebró un referéndum en el país, en el que el 69,2 % de la población optó por la república, lo que convierte a Constantino al último rey que ha tenido Grecia.

Aunque Constantino II fue rey de Grecia durante siete años, los medios locales señalan que lo más probable es que su entierro no sea a cuenta del gasto público y con honores de Jefe de Estado, ya que la monarquía fue abolida en el país en 1973.

Además, Constantino no tenía la nacionalidad griega, ya que le fue retirada en 1994 por el Gobierno socialista de Andreas Papandreu, como también se hizo con los demás miembros de la familia real helena.

Está previsto también que a lo largo de la jornada, la familia del exmonarca como también el hospital Ygeia donde permaneció durante sus últimos días emitirán anuncios sobre su fallecimiento.

Plan de restauración del palacio de Tatoi

La capilla y el palacio de Tatoi se encuentran en estado deteriorado, ya que, tras ser expropiados por el Estado griego después de la abolición de la monarquía, apenas han sido sometidos a obras de restauración.

En verano 2021 sufrieron además daños adicionales durante los devastadores incendios que asolaron el norte de la capital griega.

El Gobierno del conservador Kyriakos Mitsotakis ha aprobado un plan de restauración que incluye la creación y apertura de un museo, cuatro zonas de exposición, numerosos puntos de servicios públicos como tiendas, restaurantes y cafeterías, un hotel y varias zonas habilitadas para diferentes actividades agrícolas.

Con un presupuesto total de 14,3 millones de euros, el proyecto será financiado inicialmente por el Fondo de Recuperación Europeo, pero se espera que atraiga el interés de muchas empresas.

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El vestido de Cristina Pedroche y el fin de un ciclo que ya no sorprende

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vestido Pedroche Campanadas 2025
El vestido de Cristina Pedroche para las Campanadas 2025

Cristina Pedroche ha vuelto a hacerlo. Y precisamente ahí está el problema. En sus duodécimas Campanadas, la presentadora ha presentado el que ella misma define como su vestido más simbólico, emotivo y definitivo: un diseño construido a partir de retales de sus once looks anteriores, convertido en una gran capa de upcycling con la que asegura cerrar una etapa.

Sin embargo, más allá del relato, el resultado vuelve a confirmar lo que ya es evidente desde hace varias ediciones: el modelo Pedroche está creativamente agotado. Cambia el envoltorio conceptual, se eleva el discurso y se multiplica la simbología, pero el impacto visual vuelve a ser el mismo de siempre: casi desnudez, cuerpo como eje central y mínima estructura textil.

El vestido que lo resume todo… porque no propone nada nuevo

Pedroche se “lo ha puesto todo encima”, literalmente. Fragmentos de vestidos pasados, piezas icónicas recicladas, plumas, cadenas, cristales, esculturas corporales y referencias constantes a su propio archivo estético. Un ejercicio autorreferencial que funciona como resumen de su trayectoria, pero que no aporta una lectura nueva de la moda ni del cuerpo.

El mensaje es claro: no hay ruptura, hay acumulación. No hay evolución, hay repetición sofisticada. El vestido no avanza, se mira a sí mismo.

Del impacto al automatismo

Durante años, el casi desnudo de Cristina Pedroche fue rompedor. Hoy se ha convertido en automatismo. La fórmula es reconocible hasta el extremo: piel protagonista y el vestido como ornamento y una narrativa emocional que intenta elevar lo que visualmente ya no sorprende.

El upcycling presentado como gran novedad no es más que un nuevo argumento para sostener un resultado idéntico: el cuerpo vuelve a ser el centro absoluto, y el diseño queda relegado a acompañarlo.

La causa social de Pedroche, su mejor elección

La causa social elegida por Cristina Pedroche es, probablemente, el mayor acierto de sus Campanadas. Vincular su vestuario a la labor de la Asociación Española Contra el Cáncer aporta profundidad y sentido a un formato que, a nivel estético, muestra claros signos de desgaste.

El respaldo a la AECC introduce un mensaje útil, necesario y transversal, que conecta con una realidad que afecta a miles de familias. Es ahí donde Pedroche acierta de pleno: cuando el foco se desplaza del cuerpo al acompañamiento, la investigación y el apoyo a los pacientes, la elección deja de ser un recurso narrativo y se convierte en un gesto con verdadero impacto.

Josie y la construcción de un universo cerrado

El estilista Josie vuelve a estar al frente de la dirección creativa, ensamblando una auténtica antología de símbolos reconocibles para el espectador. El resultado es coherente, milimétrico y técnicamente complejo, pero también encorsetado en su propio lenguaje.

El vestido habla de memoria, de ritual, de semiótica textil… pero sigue diciendo lo mismo que hace años. La piel continúa siendo el titular.

Cuando el vestido deja de ser moda y se convierte en gesto repetido

El gran problema del diseño de 2025 no es su osadía, sino su falta de sorpresa real. El espectador ya no se pregunta qué llevará Pedroche, sino cuánto mostrará. Y cuando la conversación se reduce a eso, el vestido deja de ser moda para convertirse en gesto reiterado.

Frente a propuestas donde la confección, la silueta o el diseño adquieren protagonismo, el modelo Pedroche insiste en una idea que ya ha dado todo lo que tenía que dar.

El cierre de ciclo que confirma el agotamiento

Pedroche habla de cerrar una etapa. Y quizá tenga razón. Porque este vestido no marca un nuevo comienzo, sino que certifica el final de una fórmula que ha sido explotada hasta el límite.

Doce años después, el casi desnudo ya no es transgresión, es marca registrada. Y cuando la marca se impone al diseño, lo único que queda es repetirse.

El vestido de estas Campanadas no abre camino: pone punto final a un modelo que ya no evoluciona.

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