Síguenos

PODCAST

¿Cuál es la causa de la envidia?

Publicado

en

¿Cuál es la causa de la envidia?
PEXELS

De los siete pecados capitales, quizá la envidia sea el menos evidente, pero, ¿cuál es la causa de la envidia? Sin duda es uno de los más dañinos.

Y es que una vez aparece no es fácil manejarla. ¿Podemos intervenir sobre ella?

Según Aristóteles, “la envidia es el dolor ocasionado por la buena fortuna de los demás”. Este dolor tiende a expandirse, haciéndonos sacar, cada vez más, lo peor de nosotros mismos. La envidia tiene una potente fuerza destructiva y puede evolucionar hacia la cólera u otras emociones peligrosas si no aprendemos a canalizarla.

Una de las cosas que hacen que la envidia vaya a más y se haga cada vez más amarga es el hecho de que siempre se silencia: se niega, se disimula o se miente, pero nunca se reconoce. Manifestarla nos conduciría a un pésimo autoconcepto o incluso rechazo por parte de los demás, y como todas las cosas, cuanto más se encierran, más se pudren.

La envidia puede manifestarse de muchas maneras: resentimiento, furia, indignación, irritabilidad, tristeza, inseguridad, autocompasión, desesperación… También puede haber fases diferentes en nuestra percepción interna, podemos oscilar, por ejemplo de la furia a la tristeza en momentos diferentes.

Algunos teóricos consideran la envidia ya no sólo como una emoción o sentimiento sino incluso como un rasgo de personalidad.

¿Cuál es la causa de la envidia?

La envidia es una vivencia adaptativa, está en nuestros genes, y nos ha hecho evolucionar como especie. Es el resultado de la competición por unos recursos limitados, nos lleva a prosperar o a querer mejorar.

Prácticamente cualquier cosa es susceptible de generarnos envidia: la felicidad ajena, los bienes materiales, el estilo, la belleza, las condiciones económicas, la familia, las cualidades, la salud, la suerte, las creencias, las habilidades sociales… Hace que nos veamos a nosotros mismos inferiores y ese sentimiento se va ampliando. Nos convertimos secretamente en un rival simbólico del otro, aunque el otro no lo sepa.  Competimos internamente. Cuanto más punzante es la emoción, más nos afecta en otras áreas que no tienen nada que ver, llegando incluso a bloquearnos o encerrarnos en nosotros mismos.

La envidia tiene diversas facetas:

  • Sentimiento de inferioridad respecto a uno mismo.
  • Deseo y anhelo hacia la cualidad del otro.
  • Se hace responsable al otro del propio enojo, se le culpa de la propia desdicha.
  • Sentimiento de culpabilidad por el hecho mismo de sentir envidia.
  • Resentimiento hacia el mundo, por la injusticia cometida respecto a la propia suerte.
  • Admiración y anhelo hacia el envidiado, identificación con él, emulación de sus características.
  • A nivel orgánico, la envidia libera en sangre cortisol, la hormona del estrés. Para reequilibrarla necesitamos generar oxitocina y serotonina, que las obtenemos de forma natural con la relajación, la sociabilidad, el sexo, el humor, el contacto con la naturaleza, etc.

¿Cómo enfocarla?

La envidia, como el resto de las emociones, es un mensajero, un portador de información que nos indica qué cosas están desfiguradas internamente y qué es necesario reestructurar. Todas las personas somos capaces de ver qué cosas buenas tienen los demás, y esto puede causarnos malestar o no. Detectarlas en forma de envidia nos puede dirigir a hacer cambios en nuestra realidad para conseguir aquello que deseamos.

Si bien es cierto que no siempre vamos a poder tener exactamente aquello que deseamos, sí podemos producir cambios que nos hagan sentir más cómodos con nuestra realidad. Esta sería la envidia bien canalizada: ¡Actúa!

Algunas recomendaciones que pueden facilitar este proceso:

  • Redefine: ¿qué coyuntura, atributo o actitud te está indicando la envidia que tienes que cambiar de ti mismo? Trabaja en ello a nivel emocional.
  • Busca el origen: ¿qué es lo que realmente activa tu envidia? A veces polarizamos nuestra envidia hacia algo, cuando en realidad lo que más deseamos es otra cosa de esa persona, que no nos permitimos sentir.
  • Encuentra patrones: ¿has sentido algo similar en otras situaciones? ¿Cuál es el denominador común?
  • Cambia el signo de tu emoción: transforma la envidia en admiración.
  • Aprende a disfrutar de lo que tienes: no vivas en futuribles hipotéticos o remotos de lo que pasaría si tuvieras lo que envidias.
  • Relativiza: nadie representa la perfección completa. ¿Qué cosas tienes tú que no tiene la persona a la que envidias? ¿Qué crees que la otra persona envidiaría de ti y cómo crees que manejaría esta carencia?
  • Reajusta tus creencias: muchas veces pensamos “si yo tuviera lo que tiene X, sería feliz”, pero no es así. Esa cualidad seguramente no será la clave de la felicidad para el envidiado y por tanto tampoco sería la tuya. Es mucho más importante valorar lo que uno tiene más que lo que no se tiene.
  • No te tortures: recuerda que la envidia es una emoción normal y universal, igual que tantas otras, y es esperable tenerla. A lo largo de la vida todos envidiaremos y seremos envidiados de una forma u otra.

Advertisement
Click para comentar

Tienes que estar registrado para comentar Acceder

Deja un comentario

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.

PODCAST

Esto es lo que comes según tu estado de ánimo

Publicado

en

Esto es lo que comes según tu estado de ánimo
  Covadonga Aguiar Editado por: Top Doctors®

Las consultas de Psiconutrición se basan en estudiar la relación con la comida. Se trata de comprender cómo influyen nuestras emociones en la manera de alimentarnos. Ante ciertas emociones como la rabia, tristeza, aburrimiento o cansancio, hay personas que acuden a la comida como salvoconducto. Después de dicha conducta (comer) sentimos un alivio instantáneo, pero también efímero. Poco después aparece la emoción inicial por la que hemos empezado a comer, pero esta vez con más fuerza. De esta forma, creamos un círculo vicioso dónde no existe la oportunidad de gestionar nuestras emociones a través de unas estrategias propias.

Los profesionales en Psicología ayudamos a nuestros pacientes a que identifiquen las necesidades no cubiertas. La comida es un parche momentáneo, pero debemos preguntarnos: ¿qué es lo que necesito realmente?

Si te identificas con alguna de estas cuestiones puede que sea el momento de acudir a un especialista.

 

  • ¿Existe una falta de autocuidado en tu vida y cuando llega el final del día crees que “te mereces” algo dulce/calórico?
  • ¿Comes de manera impulsiva después de un día duro de trabajo?
  • ¿Comes rápido y sin consciencia después de una fuerte discusión?
  • ¿Gestionas el aburrimiento abriendo la nevera?

 

¿Qué problemas/patologías trata la psiconutrición?

Los profesionales en este ámbito atienden  con frecuencia en consulta Trastornos de la Conducta Alimentaria (TCA). El TCA es una enfermedad mental grave en la que los pacientes presentan una conducta alterada respecto a la forma de alimentarse. Los trastornos más comunes son la anorexia y la bulimia nerviosa, el trastorno por atracones y el trastorno evitativo/restrictivo.

Es decir, los síntomas pueden estar relacionados con una ingesta descontrolada o con un control excesivo de la alimentación.

Como profesionales no sólo tratamos de dar respuesta a los trastornos de alimentación, sino también trabajamos con otro tipo de dificultades:

  • Los atracones.
  • La ansiedad por la comida.
  • Rechazo de la imagen corporal.
  • Dietas crónicas.
  • Hambre emocional.

 

¿Cómo podemos cambiar nuestra relación con la comida?

El gran problema de las dietas hoy en día es que se viven desde el control. Cuando comenzamos una dieta nos pasamos el día queriendo comer cosas que no “debemos” comer. Es allí dónde empieza el problema. Si yo vivo la ingesta de alimentos desde la represión y el control, llega un momento dónde mi mente se cansa y me va a pedir todos aquellos alimentos que supuestamente no podía comer. El atracón es resultado de las conductas de control extremo. No pretendas trabajar primero la ansiedad excesiva por comer si vives tu alimentación desde la represión y los “debería”.

 

Sí, puede que bajemos más lento de peso desde esta perspectiva, pero los cambios serán duraderos en el tiempo. ¿Cuántas veces has hecho una dieta y después de un tiempo has vuelto a coger el mismo peso o más? Lo veo todos los días en consulta, por lo que el concepto de las dietas tiene que cambiar.

 

Hemos de comer más sano y guiarnos por lo que los profesionales de la nutrición nos indican, pero debemos permitirnos alimentos fuera de las pautas para poder cambiar nuestra relación con la comida. La pregunta es la siguiente: ¿Desde dónde me estoy permitiendo ese alimento?

 

¿Es desde el hambre emocional, después de haber discutido con mi pareja? Entonces no te recomiendo ese trozo de chocolate.

 

¿O es desde un momento de paz donde te apetece disfrutar de ese sabor y lo haces desde la conciencia y moderación? Adelante entonces, porque estarás cuidando de tu salud mental.

 

¿De qué forma afecta la relación con la comida a la calidad de vida? ¿Puede derivar en otros problemas psicológicos?

Si acudimos a la comida para calmar una emoción, lo más peligroso no es engordar, es obviar una necesidad emocional que no está siendo atendida. El hambre emocional llega a nuestra vida para gritarnos algo. Puede llegar por una falta de autocuidado, por una mala gestión del estrés laboral o por problemas en mis relaciones interpersonales. No obstante, si como en vez te atender mis necesidades reales, el hambre emocional gritará con más fuerza. Si dejamos de atender esas necesidades, puede derivar en otros problemas psicológicos más graves.

 

A mis pacientes les expongo esta metáfora: comer para, por ejemplo, calmar la tristeza es como rascarse una picadura de mosquito, en el momento alivia, pero a la larga es peor.

Continuar leyendo