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El actor Gene Hackman y su mujer, encontrados muertos en su casa de Nuevo México

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Gene Hackman y su mujer muertos

Muere Gene Hackman a los 95 años junto a su esposa en su casa de Nuevo México

El legendario actor, ganador de dos premios Oscar, fue encontrado sin vida junto a su mujer, Betsy Arakawa

Jueves, 27 de febrero de 2025

Hollywood llora la pérdida de Gene Hackman, el icónico actor de 95 años, quien fue hallado muerto en su residencia de Santa Fe, Nuevo México, junto a su esposa, Betsy Arakawa, pianista de 63 años.

De qué murió Gene Hackman

Según el sheriff del condado de Santa Fe, Adan Mendoza, no hay indicios de un crimen. La causa exacta de la muerte aún no ha sido determinada, y también se encontró el cuerpo sin vida de su perro. Las autoridades han descartado un asalto y han solicitado una orden de allanamiento para continuar la investigación.

🎭 La carrera de una leyenda

Gene Hackman, nacido en California en 1930, inició su carrera en el cine en la década de 1960, después de servir en el Ejército. Su gran salto a la fama llegó en los años 70, consolidándose como uno de los mejores actores de su generación.

Entre sus películas más memorables destacan:
The French Connection (Oscar al Mejor Actor)
 La aventura del Poseidón
Superman: la película
Sin perdón (Oscar al Mejor Actor de Reparto)
Enemigo público
Los Tenenbaums
El Jurado

Hackman acumuló dos premios Oscar, cuatro Globos de Oro (incluido un Premio Cecil B. DeMille) y dos BAFTA, dejando una huella imborrable en la industria cinematográfica.

Un retiro discreto

El actor se retiró en 2004, tras el estreno de Bienvenido a Mooseport, para dedicarse a su otra gran pasión: la escritura. Desde entonces, vivió alejado del foco mediático junto a su esposa.

Reacciones del mundo del cine

El trágico suceso ha conmocionado tanto a Hollywood como a su comunidad en Nuevo México. A medida que avanza la investigación, el mundo del cine rinde homenaje a un actor que marcó generaciones con su talento y carisma en la gran pantalla.

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PORTADA OFFICIAL PRESS

El vestido de Cristina Pedroche y el fin de un ciclo que ya no sorprende

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vestido Pedroche Campanadas 2025
El vestido de Cristina Pedroche para las Campanadas 2025

Cristina Pedroche ha vuelto a hacerlo. Y precisamente ahí está el problema. En sus duodécimas Campanadas, la presentadora ha presentado el que ella misma define como su vestido más simbólico, emotivo y definitivo: un diseño construido a partir de retales de sus once looks anteriores, convertido en una gran capa de upcycling con la que asegura cerrar una etapa.

Sin embargo, más allá del relato, el resultado vuelve a confirmar lo que ya es evidente desde hace varias ediciones: el modelo Pedroche está creativamente agotado. Cambia el envoltorio conceptual, se eleva el discurso y se multiplica la simbología, pero el impacto visual vuelve a ser el mismo de siempre: casi desnudez, cuerpo como eje central y mínima estructura textil.

El vestido que lo resume todo… porque no propone nada nuevo

Pedroche se “lo ha puesto todo encima”, literalmente. Fragmentos de vestidos pasados, piezas icónicas recicladas, plumas, cadenas, cristales, esculturas corporales y referencias constantes a su propio archivo estético. Un ejercicio autorreferencial que funciona como resumen de su trayectoria, pero que no aporta una lectura nueva de la moda ni del cuerpo.

El mensaje es claro: no hay ruptura, hay acumulación. No hay evolución, hay repetición sofisticada. El vestido no avanza, se mira a sí mismo.

Del impacto al automatismo

Durante años, el casi desnudo de Cristina Pedroche fue rompedor. Hoy se ha convertido en automatismo. La fórmula es reconocible hasta el extremo: piel protagonista y el vestido como ornamento y una narrativa emocional que intenta elevar lo que visualmente ya no sorprende.

El upcycling presentado como gran novedad no es más que un nuevo argumento para sostener un resultado idéntico: el cuerpo vuelve a ser el centro absoluto, y el diseño queda relegado a acompañarlo.

La causa social de Pedroche, su mejor elección

La causa social elegida por Cristina Pedroche es, probablemente, el mayor acierto de sus Campanadas. Vincular su vestuario a la labor de la Asociación Española Contra el Cáncer aporta profundidad y sentido a un formato que, a nivel estético, muestra claros signos de desgaste.

El respaldo a la AECC introduce un mensaje útil, necesario y transversal, que conecta con una realidad que afecta a miles de familias. Es ahí donde Pedroche acierta de pleno: cuando el foco se desplaza del cuerpo al acompañamiento, la investigación y el apoyo a los pacientes, la elección deja de ser un recurso narrativo y se convierte en un gesto con verdadero impacto.

Josie y la construcción de un universo cerrado

El estilista Josie vuelve a estar al frente de la dirección creativa, ensamblando una auténtica antología de símbolos reconocibles para el espectador. El resultado es coherente, milimétrico y técnicamente complejo, pero también encorsetado en su propio lenguaje.

El vestido habla de memoria, de ritual, de semiótica textil… pero sigue diciendo lo mismo que hace años. La piel continúa siendo el titular.

Cuando el vestido deja de ser moda y se convierte en gesto repetido

El gran problema del diseño de 2025 no es su osadía, sino su falta de sorpresa real. El espectador ya no se pregunta qué llevará Pedroche, sino cuánto mostrará. Y cuando la conversación se reduce a eso, el vestido deja de ser moda para convertirse en gesto reiterado.

Frente a propuestas donde la confección, la silueta o el diseño adquieren protagonismo, el modelo Pedroche insiste en una idea que ya ha dado todo lo que tenía que dar.

El cierre de ciclo que confirma el agotamiento

Pedroche habla de cerrar una etapa. Y quizá tenga razón. Porque este vestido no marca un nuevo comienzo, sino que certifica el final de una fórmula que ha sido explotada hasta el límite.

Doce años después, el casi desnudo ya no es transgresión, es marca registrada. Y cuando la marca se impone al diseño, lo único que queda es repetirse.

El vestido de estas Campanadas no abre camino: pone punto final a un modelo que ya no evoluciona.

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