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Sucesos

El barrendero que vendía cocaína en su jornada laboral sin levantar sospechas

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EFE/EPA/JG. MABANGLO/Archivo

Torrevieja (Alicante), 11 mar (EFE).- Un barrendero de Torrevieja ha sido detenido por, presuntamente, aprovechar su empleo para enmascarar la venta de cocaína por las calles de la ciudad durante su horario laboral, lo que reportaba beneficios de hasta 600 euros diarios.

Según un comunicado de la Guardia Civil de Alicante, este individuo era el líder de un grupo formado por cinco hombres y cinco mujeres españoles de entre 25 y 80 años, todos los cuales han sido detenidos aunque sólo han sido enviados a prisión provisional, mientras que el resto ha quedado en libertad con cargos.

En la red desmantelada también estaba la madre de uno de los traficantes, de 80 años, que recibía 100 euros mensuales a cambio de confeccionar envoltorios para las dosis de cocaína.

Durante su jornada laboral como barrendero de la empresa concesionaria de la limpieza, el cabecilla distribuía y vendía las dosis de cocaína directamente a los consumidores, asegurándose de esta manera no levantar sospechas de su actividad delictiva.

Debido al alto volumen de trabajo por el tráfico de cocaína, buscó a varias personas para ayudarle al reparto de la droga, y como si de una empresa real se tratara, éstos debían cumplir un estricto horario que comenzaba a las 8 horas y acababa a las 23, de lunes a sábado a cambio de 600 euros mensuales.

En el caso de que no rindieran las debidas cuentas al jefe, éste no dudaba en emplear la violencia contra ellos propinándoles brutales palizas.

Durante los domingos, era el propio cabecilla el que personalmente se encargaba de la venta y posterior reparto de las sustancias en los domicilios y lugares de trabajo de los consumidores, valiéndose para ello de un vehículo de alta gama y en ocasiones de el de su pareja.

Durante la investigación se averiguó que uno de los implicados, que repartidor, comenzó también a traficar con marihuana y hachís por su cuenta, con una cartera de clientes propia y actuando al margen de la organización mientras que su madre, octogenaria que también formaba parte de la trama, confeccionaba los envoltorios que contenían la cocaína.

La vivienda del cabecilla estaba equipada con numerosas medidas de seguridad, como por ejemplo inhibidores de frecuencia, y allí se intervinieron 211 gramos de cocaína en roca, material para el tráfico de las dosis, una báscula de precisión, cogollos de marihuana, sustancias dopantes, varias dosis de viagra, un inhibidor de frecuencia, un bate de béisbol, nueve cartuchos de nueve milímetros parabellum, una ballesta de caza, una carabina de aire comprimido, dos vehículos, una motocicleta y más de 3.000 euros.

En otro de los tres registros, en la vivienda de uno de los repartidores, se aprehendieron 66 gramos de cocaína preparados en dosis de medio y un gramo, 900 euros, dos coches y una motocicleta utilizada en el reparto.

La vivienda de la ex pareja del líder de la organización también fue inspeccionada por los agentes y en su interior encontraron pequeñas dosis de hachís y utensilios para el corte de la droga, una báscula de precisión y varios teléfonos.

En estas actuaciones participaron agentes de la Unidad de Seguridad Ciudadana de Alicante (USECIC) y el Servicio Cinológico de la Comandancia de Alicante.

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Sucesos

El jurado declara culpable al único acusado del crimen del canónigo de València, cometido junto a otra persona

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muerte cura Valencia
El acusado del crimen del canónigo de la Catedral de València en enero de 2024 - EUROPA PRESS

El tribunal popular considera probado que el crimen fue planificado, con alevosía, y que el acusado participó en el robo y uso fraudulento de las tarjetas de la víctima.

Un jurado popular ha declarado culpable de asesinato al único acusado por la muerte del canónigo de la Catedral de València, ocurrida en 2024, al considerar que actuó de común acuerdo con otra persona no identificada dentro de un plan previamente diseñado para acabar con la vida de la víctima y apropiarse de sus bienes.

El fallo, adoptado por siete votos frente a dos, concluye que el acusado participó de forma decisiva en el crimen, aunque no fuera el autor material de la asfixia que provocó la muerte del religioso, Alfonso, de 79 años.

Asesinato planificado y con alevosía

Según el veredicto, la muerte no fue accidental y se produjo por asfixia, en un contexto en el que la víctima no pudo defenderse debido a su edad y condición física. El jurado aprecia alevosía, al considerar que el ataque se llevó a cabo de manera sorpresiva y premeditada.

La resolución sitúa al acusado en el lugar y en el momento del crimen, basándose en el análisis del posicionamiento de los teléfonos móviles tanto de la víctima como del procesado.

Robo con violencia y estafa continuada

Además del asesinato, el jurado ha declarado probado por unanimidad que el acusado y su cómplice se apoderaron de tarjetas bancarias y comerciales del canónigo con el objetivo de obtener beneficios económicos.

El acusado realizó compras y gastos con una tarjeta bancaria por un valor superior a 2.300 euros, además de varias adquisiciones con una tarjeta comercial. En el momento de su detención, los agentes le intervinieron 875 euros en efectivo, procedentes de extracciones realizadas con dichas tarjetas.

La versión del acusado

Durante el juicio, celebrado en la Audiencia Provincial de València, el acusado se declaró inocente del homicidio y negó haber estado en el domicilio de la víctima. Sí reconoció haber utilizado las tarjetas, aunque aseguró que se las entregó un tercero no identificado y que desconocía que el canónigo hubiera fallecido.

Las investigaciones policiales no hallaron huellas ni ADN del acusado en la vivienda, aunque sí restos genéticos y huellas pertenecientes a personas no identificadas.

Fiscalía pide 28 años de prisión

Tras el veredicto, la Fiscalía mantiene su petición de 28 años de cárcel, repartidos entre el delito de asesinato, el robo con violencia y la estafa continuada. La acusación sostiene que el procesado tuvo una participación directa y determinante en un crimen que califica de especialmente grave.

Por su parte, la defensa ha solicitado la imposición de la pena mínima prevista por la ley. El jurado ha recomendado que no se concedan beneficios penitenciarios ni un eventual indulto, y el acusado permanece en prisión provisional a la espera de sentencia.

 

El hallazgo del cadáver del canónigo

El cadáver lo descubrió el portero, que reside en el edificio y que ha declarado en esta jornada. Según su versión, el día de los hechos abrió la portería a las 9.00 horas como de costumbre, y a los pocos minutos le llegó un mensaje del canónigo diciéndole que se iba a ausentar hasta el fin de semana. Le generó «duda» la forma en la que estaba escrito, pero no lo vio con «normalidad» porque tenía un apartamento en la playa de El Perelló.

Sobre las 11.15 horas se personó un amigo de Alfonso —decía que eran «como hermanos»— preocupado porque habían quedado para «una cosa importante» y no le cogía el móvil. Subieron y, tras llamar dos veces y no recibir respuesta, el portero abrió con la copia de las llaves que tenía.

Al girar la llave la puerta no estaba cerrada. Entró y, al asomarse al dormitorio, vio al canónigo tumbado boca arriba y la cama «revuelta, usada».
«Claramente vi que estaba muerto, lo vi como una especie de momia con la boca abierta, salí chillando en un estado de nervios muy grande», ha recordado.

Testimonio del portero: chicos vulnerables y conflictos frecuentes

El portero ha declarado que era «muy frecuente» que subieran chicos al piso del canónigo, en etapas «muchos», y que cuando Alfonso percibió que «los vecinos comenzaban a darse cuenta de que ocurría algo extraño», los citaba fuera del horario de portería.

En su mayoría eran personas «muy necesitadas», algunos con signos visibles de adicción a drogas, todos mayores de edad. Alfonso tenía «un carácter fuerte, complicado», y solía ir a buscarlos a la estación de autobuses o a la calle Bailén.

«Yo porque sabía torearlo a pesar del asco que me daba a mí por lo que estaba haciendo, pero los vecinos estaban hartos», ha afirmado.

Incidentes y testimonios de vecinos

El portero ha relatado numerosos episodios:

  • Jóvenes encerrados con llave cuando el canónigo salía

  • Conflictos por pagos de servicios sexuales

  • Amenazas de denuncia

  • Discusiones por dinero no abonado

Una vecina escuchó cómo Alfonso ofrecía dinero a cambio de sexo oral.
«Los vecinos estaban hartos, a ellos y a mí nos resultaba repugnante y doloroso», ha recalcado.

Incluso una vecina del anterior edificio advirtió:
«Que se preparen todos los vecinos porque lo que viene es muy fuerte. Es un sacerdote al que le gustan los chicos».

 

Alfonso López Benito-AVAN / A. Sáiz

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