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«El peón» del valenciano Paco Cerdà aspira al Mejor Libro Extranjero en Francia

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"El peón" del valenciano Paco Cerdà aspira al Mejor Libro Extranjero en Francia
El periodista y escritor Paco Cerdà , durante una entrevista con EFE. EFE/Biel Aliño/Archivo

València, 13 sep (OFFICIAL PRESS/EFE).- El libro «El peón», escrito por el periodista valenciano Paco Cerdà, ha sido nominado al Mejor Libro Extranjero en Francia, prestigioso galardón creado en 1948 y que no distingue a ningún autor español desde 2004, cuando recayó en Carlos Ruiz Zafón por «La sombra del viento».

Anteriormente, solo lo habían recibido los españoles Enrique Vila-Matas (2002) y Eduardo Mendoza (1998), y en el ámbito hispanohablante este galardón lo han ganado también Eduardo Halfon, Mario Vargas Llosa, Ernesto Sábato o Gabriel García Márquez, informa la editorial Pepitas.

El peón –articulado a partir de la historia de Arturito Pomar, el niño prodigio del ajedrez que Franco usó y abandonó, y las historias de decenas de «peones» políticos de España y EEUU en 1962– es uno de los cuatro libros seleccionados para la categoría de No Ficción del Prix du Meilleur Livre Étranger.

Los otros tres títulos que aspiran al premio son «En memoria de la memoria», de la moscovita María Stepanova; «Chelsea girls», de la estadounidense Eileen Myles; y «Having and Being Had», de la neoyorquina Eula Biss, y el fallo del jurado se conocerá a finales de noviembre.

Adaptación al cine

Publicado en agosto de este año en francés bajo el título de «Le pion», será traducido al inglés en Estados Unidos, y también se prepara ya su adaptación al cine por la productora Sygnatia, ganadora de dos Goyas, bajo el título «Draw».

«El peón» -Premio Cálamo al Mejor Libro de España en 2020- empieza con una partida de ajedrez disputada entre dos hombres de mundos opuestos, el español Arturo Pomar y el estadounidense Bobby Fischer, en el Torneo Internacional de Estocolmo que se diputó en 1962.

Arturo Pomar, el niño prodigio de posguerra que el NODO instrumentalizó hasta convertirlo en el icono popular de una España en blanco y negro, ahora trabaja como auxiliar de Correos en Ciempozuelos y encara su última gran oportunidad deportiva contra un americano joven, escéntrico y ambicioso: Bobby Fischer. Uno fue peón del franquismo; el otro lo será de la Guerra Fría.

Con esta partida de setenta y siete movimientos como hilo conductor, Cerdà traza una crónica sobre las vidas de numerosos «peones» entregados a una causa en la España franquista o en los Estados Unidos de Kennedy de aquel convulso 1962.

«Peones» que sacrificaron su vida —la historia en minúsculas— en nombre de un bando: el comunismo, el anarquismo, el maquis, el obrerismo, el socialismo, el terrorismo etarra, el cristianismo social, la República en el exilio, el movimiento estudiantil o el falangismo de moribunda estirpe joseantoniana.

En el lado americano, esos «peones» adoptaron formas bien distintas: la lucha antirracista del Black Power, el movimiento pacifista antinuclear, la Nueva Izquierda universitaria, la defensa de los pueblos indígenas o la guerra anticomunista al servicio del Ejército en Cuba o la URSS.

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Cultura

Los secretos de la Finca Roja de València

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la finca roja de valencia
Foto: Hugo Román

La Finca Roja de València es uno de los símbolos de la ciudad. El sello inconfundible de Enrique Viedma Vidal quedó plasmado en muchas construcciones en la València de los años 20 y 30. Puede que cuando el arquitecto valenciano planificara las 378 viviendas y 14 patios que hoy ocupan la manzana de las calles Jesús, Albacete, Marvá y Maluquer no fuera consciente de que estaba a punto de levantar uno de los edificios más icónicos de la ciudad. Todo un símbolo que nació con otro objetivo bien distinto.

Construido entre 1929 y 1933, se buscaba la funcionalidad y aprovechar al máximo los más de 15.000 m2 de la manzana para uso de la comunidad. Una comunidad formada por los obreros del Instituto Nacional de Previsión que buscaban vivienda en València a cambio de un chavo al mes. De hecho antes de ser popularmente conocida como Finca Roja, los vecinos de la capital del Turia la bautizaron como la “finca del chavo“ por ese motivo.

En el ladrillo caravista de color rojo que le confiere esa personalidad, y su sobrenombre, se puede apreciar la influencia de la escuela holandesa. Pero la originalidad de este residencial no se queda tan solo en su colores rojo y azul turquesa o en su original fachada con sus formas geométricas, repletas de detalles. En su interior, en sus entrañas, esconde en secreto sus orígenes.

Inspirado por el filósofo francés Charles Fourier, Viedma rompió con modelos de la época a la hora de proyectar la finca buscando dotarla de servicios, de recreo y descanso para niños y mayores.

La Finca Roja de València:

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La idea era que los bajos comerciales se abrieran al patio interior, para así proveer a los vecinos. Este modelo de autogestión que buscaba aprovechar su peculiar estructura y su patio interior, debía autoabastecerse de agua gracias a los torreones de las esquinas, pensados como depósitos, idea que nunca se llevó a cabo.

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Han pasado muchas décadas, y sus actuales vecinos disfrutan sabedores de encontrarse en un espacio único, en el que cada ladrillo esconde historias, sueños e ilusiones del pasado. Ya no queda nada de aquellos comercios que tenían acceso al interior. Otros elementos también han ido desapareciendo con el paso de los años.

Ha pasado el tiempo, tantos que muchos de los que allí viven desconocen parte de esa historia escrita sobre ladrillo rojizo. Ladrillos que visten pisos de 100 metros cuadrados o de 140 en el caso de algunos que recaen en los chaflanes.

El enorme patio ajardinado es un lugar de descanso donde los vecinos pueden disfrutar del aire libre sin salir de sus casas. Un lugar de encuentro para desconectar, charlar, jugar o pasear al perro.

Un lugar en el que historia y arquitectura se dan la mano.

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