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El PSPV-PSOE se impone en Gandia y Diana Morant podrá ser alcaldesa con Més Gandia y sin Cs

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VALÈNCIA, 26 May. (EUROPA PRESS) –

El PSPV liderado por la alcaldesa Diana Morant ha sido la fuerza más votada en Gandia (Valencia) este domingo, con 11 concejales, y la suma de sus ediles con los cuatro de Més Gandia supera la mayoría absoluta. Durante esta legislatura, ambas fuerzas han gobernado en coalición pero han necesitado del apoyo del único concejal de Ciudadanos para sumar los 13 ediles que daban la mayoría en el consistorio.

Ahora, con el 98,44% de los votos escrutados, los 11 concejales del PSPV-PSOE y los cuatro de Més Gandia, que pierden uno, suman sobradamente mayoría absoluta.

El PP de Víctor Soler se deja un total de tres concejales y deja de ser la primera opción para los gandienses. Por su parte, Demòcrates Valencians, que encabezaba Ciro Palmer, exconcejal de Ciudadanos que se dio de baja del partido junto al resto de la ejecutiva local, no ha logrado ser elegido, y de hecho ha sido la última fuerza política en la ciudad, con apenas 345 votos.

Hace apenas un mes, el 28A, el PSOE fue la formación más votada en las autonómicas, con el 22% de los votos, seguida de PP, con el 20, y Compromís, con el 19. Cs logró un 14% y Vox irrumpió con el 9% de los sufragios.

En 2015 el panorama que dejaron las urnas daba un empate técnico al PP, que consiguió 12 concejales, y al bloque formado por PSPV, que sacó 7, y Més Gandia (Compromís, EUPV y ERPV), con 5. Un ‘doce a doce’ que finalmente desempató Ciudadanos, que con su edil Ciro Palmer apoyó la investidura de Diana Morant.

Volvía así al PSPV esta localidad tradicionalmente socialista que el PP gobernó durante cuatro años, entre 2011 y 2015, con Arturo Torró al frente. Ciudadanos justificó entonces su respaldo a la investidura de Morant en que «sigue siendo vieja política, pero dentro de las posibilidades que dan los votantes es el mal menor para Gandia».

El PP criticó entonces que Cs decidiera apoyar gobiernos con formaciones que habían criticado «por sus planteamientos populistas o secesionistas antes que permitir gobiernos moderados y estables», excluyendo a «la opción mayoritariamente preferida por los votantes».

Ahora, las urnas le dan al centro izquierda la mayoría suficiente para gobernar la capital de la Safor con un pacto a dos sin necesidad de apoyos externos.

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El vestido de Cristina Pedroche y el fin de un ciclo que ya no sorprende

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vestido Pedroche Campanadas 2025
El vestido de Cristina Pedroche para las Campanadas 2025

Cristina Pedroche ha vuelto a hacerlo. Y precisamente ahí está el problema. En sus duodécimas Campanadas, la presentadora ha presentado el que ella misma define como su vestido más simbólico, emotivo y definitivo: un diseño construido a partir de retales de sus once looks anteriores, convertido en una gran capa de upcycling con la que asegura cerrar una etapa.

Sin embargo, más allá del relato, el resultado vuelve a confirmar lo que ya es evidente desde hace varias ediciones: el modelo Pedroche está creativamente agotado. Cambia el envoltorio conceptual, se eleva el discurso y se multiplica la simbología, pero el impacto visual vuelve a ser el mismo de siempre: casi desnudez, cuerpo como eje central y mínima estructura textil.

El vestido que lo resume todo… porque no propone nada nuevo

Pedroche se “lo ha puesto todo encima”, literalmente. Fragmentos de vestidos pasados, piezas icónicas recicladas, plumas, cadenas, cristales, esculturas corporales y referencias constantes a su propio archivo estético. Un ejercicio autorreferencial que funciona como resumen de su trayectoria, pero que no aporta una lectura nueva de la moda ni del cuerpo.

El mensaje es claro: no hay ruptura, hay acumulación. No hay evolución, hay repetición sofisticada. El vestido no avanza, se mira a sí mismo.

Del impacto al automatismo

Durante años, el casi desnudo de Cristina Pedroche fue rompedor. Hoy se ha convertido en automatismo. La fórmula es reconocible hasta el extremo: piel protagonista y el vestido como ornamento y una narrativa emocional que intenta elevar lo que visualmente ya no sorprende.

El upcycling presentado como gran novedad no es más que un nuevo argumento para sostener un resultado idéntico: el cuerpo vuelve a ser el centro absoluto, y el diseño queda relegado a acompañarlo.

La causa social de Pedroche, su mejor elección

La causa social elegida por Cristina Pedroche es, probablemente, el mayor acierto de sus Campanadas. Vincular su vestuario a la labor de la Asociación Española Contra el Cáncer aporta profundidad y sentido a un formato que, a nivel estético, muestra claros signos de desgaste.

El respaldo a la AECC introduce un mensaje útil, necesario y transversal, que conecta con una realidad que afecta a miles de familias. Es ahí donde Pedroche acierta de pleno: cuando el foco se desplaza del cuerpo al acompañamiento, la investigación y el apoyo a los pacientes, la elección deja de ser un recurso narrativo y se convierte en un gesto con verdadero impacto.

Josie y la construcción de un universo cerrado

El estilista Josie vuelve a estar al frente de la dirección creativa, ensamblando una auténtica antología de símbolos reconocibles para el espectador. El resultado es coherente, milimétrico y técnicamente complejo, pero también encorsetado en su propio lenguaje.

El vestido habla de memoria, de ritual, de semiótica textil… pero sigue diciendo lo mismo que hace años. La piel continúa siendo el titular.

Cuando el vestido deja de ser moda y se convierte en gesto repetido

El gran problema del diseño de 2025 no es su osadía, sino su falta de sorpresa real. El espectador ya no se pregunta qué llevará Pedroche, sino cuánto mostrará. Y cuando la conversación se reduce a eso, el vestido deja de ser moda para convertirse en gesto reiterado.

Frente a propuestas donde la confección, la silueta o el diseño adquieren protagonismo, el modelo Pedroche insiste en una idea que ya ha dado todo lo que tenía que dar.

El cierre de ciclo que confirma el agotamiento

Pedroche habla de cerrar una etapa. Y quizá tenga razón. Porque este vestido no marca un nuevo comienzo, sino que certifica el final de una fórmula que ha sido explotada hasta el límite.

Doce años después, el casi desnudo ya no es transgresión, es marca registrada. Y cuando la marca se impone al diseño, lo único que queda es repetirse.

El vestido de estas Campanadas no abre camino: pone punto final a un modelo que ya no evoluciona.

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