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El Rey Juan Carlos «molesto» por no haber asistido a los actos del Congreso

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La Casa del Rey ha tenido que salir a dar explicaciones ante la ausencia de Don Juan Carlos en la ceremonia de celebración del 40º Aniversario de las primeras elecciones en España, celebradas el 15 de junio de 1977. EL motivo que ha esgrimido la Casa Real se basa en la necesidad de adaptarse al formato con el que el Congreso decidió organizar dicha celebración, señalando que de haberse celebrado en el Salón de Pasos Perdidos, habrían asistido tanto él como doña Sofía.

De esta manera salían al paso de las informaciones publicadas en los periódicos El País y El Mundo en los que se destaca el malestar del Rey Emérito por no haber sido invitado a la ceremonia que han presidido Felipe VI y Doña Letizia en el Hemiciclo del Congreso ante diputados y senadores.

Y es que fuentes del entorno del monarca Emérito han señalado que se encuentra «dolido» por la exclusión de «quien condujo el camión de la Transición».

Ante ello, la Casa Real señala que estaba pendiente del formato que desde el Congreso se le quisiera dar a la ceremonia. Si se optaba por una sesión solemne en el hemiciclo, como finalmente se produjo, o bien se optaba por una ceremonia en el Salón de Pasos Perdidos.

En el caso de que el Congreso hubiera decidido celebrar la conmemoración en el Salón de Pasos Perdidos, la Casa del Rey tenía previsto que asistieran tanto el Rey Juan Carlos como la Reina Sofía, pero no si para la ceremonia se optaba por el formato de una intervención de Felipe VI ante un pleno conjunto de ambas Cámaras en el hemiciclo.

Las mismas fuentes argumentan que, desde el mismo momento en que se organizó la proclamación de Felipe VI, el propio Rey Juan Carlos, «por razones obvias», dijo que él no estaría presente cuando el nuevo Monarca hablara ante diputados y senadores en sesión plenaria.

Por tanto, al decidir que la ceremonia conmemorativa de los 40 años de elecciones democráticas se celebrase con una intervención de don Felipe ante los parlamentarios reunidos en sesión plenaria, la Casa del Rey se tuvo que «adaptar al formato que se decidió en el Congreso».

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El vestido de Cristina Pedroche y el fin de un ciclo que ya no sorprende

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vestido Pedroche Campanadas 2025
El vestido de Cristina Pedroche para las Campanadas 2025

Cristina Pedroche ha vuelto a hacerlo. Y precisamente ahí está el problema. En sus duodécimas Campanadas, la presentadora ha presentado el que ella misma define como su vestido más simbólico, emotivo y definitivo: un diseño construido a partir de retales de sus once looks anteriores, convertido en una gran capa de upcycling con la que asegura cerrar una etapa.

Sin embargo, más allá del relato, el resultado vuelve a confirmar lo que ya es evidente desde hace varias ediciones: el modelo Pedroche está creativamente agotado. Cambia el envoltorio conceptual, se eleva el discurso y se multiplica la simbología, pero el impacto visual vuelve a ser el mismo de siempre: casi desnudez, cuerpo como eje central y mínima estructura textil.

El vestido que lo resume todo… porque no propone nada nuevo

Pedroche se “lo ha puesto todo encima”, literalmente. Fragmentos de vestidos pasados, piezas icónicas recicladas, plumas, cadenas, cristales, esculturas corporales y referencias constantes a su propio archivo estético. Un ejercicio autorreferencial que funciona como resumen de su trayectoria, pero que no aporta una lectura nueva de la moda ni del cuerpo.

El mensaje es claro: no hay ruptura, hay acumulación. No hay evolución, hay repetición sofisticada. El vestido no avanza, se mira a sí mismo.

Del impacto al automatismo

Durante años, el casi desnudo de Cristina Pedroche fue rompedor. Hoy se ha convertido en automatismo. La fórmula es reconocible hasta el extremo: piel protagonista y el vestido como ornamento y una narrativa emocional que intenta elevar lo que visualmente ya no sorprende.

El upcycling presentado como gran novedad no es más que un nuevo argumento para sostener un resultado idéntico: el cuerpo vuelve a ser el centro absoluto, y el diseño queda relegado a acompañarlo.

La causa social de Pedroche, su mejor elección

La causa social elegida por Cristina Pedroche es, probablemente, el mayor acierto de sus Campanadas. Vincular su vestuario a la labor de la Asociación Española Contra el Cáncer aporta profundidad y sentido a un formato que, a nivel estético, muestra claros signos de desgaste.

El respaldo a la AECC introduce un mensaje útil, necesario y transversal, que conecta con una realidad que afecta a miles de familias. Es ahí donde Pedroche acierta de pleno: cuando el foco se desplaza del cuerpo al acompañamiento, la investigación y el apoyo a los pacientes, la elección deja de ser un recurso narrativo y se convierte en un gesto con verdadero impacto.

Josie y la construcción de un universo cerrado

El estilista Josie vuelve a estar al frente de la dirección creativa, ensamblando una auténtica antología de símbolos reconocibles para el espectador. El resultado es coherente, milimétrico y técnicamente complejo, pero también encorsetado en su propio lenguaje.

El vestido habla de memoria, de ritual, de semiótica textil… pero sigue diciendo lo mismo que hace años. La piel continúa siendo el titular.

Cuando el vestido deja de ser moda y se convierte en gesto repetido

El gran problema del diseño de 2025 no es su osadía, sino su falta de sorpresa real. El espectador ya no se pregunta qué llevará Pedroche, sino cuánto mostrará. Y cuando la conversación se reduce a eso, el vestido deja de ser moda para convertirse en gesto reiterado.

Frente a propuestas donde la confección, la silueta o el diseño adquieren protagonismo, el modelo Pedroche insiste en una idea que ya ha dado todo lo que tenía que dar.

El cierre de ciclo que confirma el agotamiento

Pedroche habla de cerrar una etapa. Y quizá tenga razón. Porque este vestido no marca un nuevo comienzo, sino que certifica el final de una fórmula que ha sido explotada hasta el límite.

Doce años después, el casi desnudo ya no es transgresión, es marca registrada. Y cuando la marca se impone al diseño, lo único que queda es repetirse.

El vestido de estas Campanadas no abre camino: pone punto final a un modelo que ya no evoluciona.

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