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El tradicional Mercadillo de Reyes de València, al detalle

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VALÈNCIA, 26 Nov.-El tradicional Mercadillo de Reyes se instalará en las inmediaciones del Mercado del Cabanyal, en las calles Marino Sirera, Mediterráneo, Escalante y Justo Vilar, desde la calle Marino Sirera hasta la calle Vicente Brull, del 3 al 6 de enero de 2020. Así lo ha anunciado esta martes el concejal de Comercio y Mercados, Carlos Galiana, quien ha explicado que el mercadillo contará con 243 puestos de venta.

El horario de apertura será de 9:00 a 22:00 horas, a excepción del 5 de enero que será de 09:00 a 05:00 horas. Las mercancías autorizadas para la venta serán, entre otros, artículos relacionados con el pesebre tradicional y sus complementos, decoración navideña como adornos, guirnaldas, centros de mesa, velas, panderetas, dulces como el carbón dulce y otras golosinas propias del navidad, artesanía, cuadros, manualidades, artículos lúdicos infantiles y bisutería y complementos de moda.

El concejal Galiana ha dicho que «un año más, miles de valencianos volverán a pasear por los más de 240 puestos que albergará el mercadillo de Reyes, donde se podrán encontrar productos de todo tipo, y para todos los gustos. Bisutería, ropa, juguetes, dulces típicos, y un sinfín de detalles originales para conseguir los mejores regalos de reyes, mientras se disfruta del buen ambiente que se respira en este barrio marinero de València».

Para llegar al mercadillo cuando esté en funcionamiento con transporte público se puede hacer uso de los autobuses 19 (Parada Avenida Mediterráneo con la calle de la Reina); 81 (Parada en la Estación del Cabanyal); 32 (Parada en el Mercado del Cabanyal), así como de los tranvías 4 (Parada Doctor Lluch) y 6 (Parada Mediterráneo).

Este mercadillo convivirá con el de Navidad que se instala en la Plaza del Mercado de València del 10 de diciembre al 6 de enero, «que antes se situaba en la parte posterior del Mercado Central, de manera muy poco visible, incluso un poco marginal, y que desde el gobierno municipal actual hemos mejorado, ampliado e impulsado por dignificarlo y aportarle un carácter mucho más navideño».

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El vestido de Cristina Pedroche y el fin de un ciclo que ya no sorprende

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vestido Pedroche Campanadas 2025
El vestido de Cristina Pedroche para las Campanadas 2025

Cristina Pedroche ha vuelto a hacerlo. Y precisamente ahí está el problema. En sus duodécimas Campanadas, la presentadora ha presentado el que ella misma define como su vestido más simbólico, emotivo y definitivo: un diseño construido a partir de retales de sus once looks anteriores, convertido en una gran capa de upcycling con la que asegura cerrar una etapa.

Sin embargo, más allá del relato, el resultado vuelve a confirmar lo que ya es evidente desde hace varias ediciones: el modelo Pedroche está creativamente agotado. Cambia el envoltorio conceptual, se eleva el discurso y se multiplica la simbología, pero el impacto visual vuelve a ser el mismo de siempre: casi desnudez, cuerpo como eje central y mínima estructura textil.

El vestido que lo resume todo… porque no propone nada nuevo

Pedroche se “lo ha puesto todo encima”, literalmente. Fragmentos de vestidos pasados, piezas icónicas recicladas, plumas, cadenas, cristales, esculturas corporales y referencias constantes a su propio archivo estético. Un ejercicio autorreferencial que funciona como resumen de su trayectoria, pero que no aporta una lectura nueva de la moda ni del cuerpo.

El mensaje es claro: no hay ruptura, hay acumulación. No hay evolución, hay repetición sofisticada. El vestido no avanza, se mira a sí mismo.

Del impacto al automatismo

Durante años, el casi desnudo de Cristina Pedroche fue rompedor. Hoy se ha convertido en automatismo. La fórmula es reconocible hasta el extremo: piel protagonista y el vestido como ornamento y una narrativa emocional que intenta elevar lo que visualmente ya no sorprende.

El upcycling presentado como gran novedad no es más que un nuevo argumento para sostener un resultado idéntico: el cuerpo vuelve a ser el centro absoluto, y el diseño queda relegado a acompañarlo.

La causa social de Pedroche, su mejor elección

La causa social elegida por Cristina Pedroche es, probablemente, el mayor acierto de sus Campanadas. Vincular su vestuario a la labor de la Asociación Española Contra el Cáncer aporta profundidad y sentido a un formato que, a nivel estético, muestra claros signos de desgaste.

El respaldo a la AECC introduce un mensaje útil, necesario y transversal, que conecta con una realidad que afecta a miles de familias. Es ahí donde Pedroche acierta de pleno: cuando el foco se desplaza del cuerpo al acompañamiento, la investigación y el apoyo a los pacientes, la elección deja de ser un recurso narrativo y se convierte en un gesto con verdadero impacto.

Josie y la construcción de un universo cerrado

El estilista Josie vuelve a estar al frente de la dirección creativa, ensamblando una auténtica antología de símbolos reconocibles para el espectador. El resultado es coherente, milimétrico y técnicamente complejo, pero también encorsetado en su propio lenguaje.

El vestido habla de memoria, de ritual, de semiótica textil… pero sigue diciendo lo mismo que hace años. La piel continúa siendo el titular.

Cuando el vestido deja de ser moda y se convierte en gesto repetido

El gran problema del diseño de 2025 no es su osadía, sino su falta de sorpresa real. El espectador ya no se pregunta qué llevará Pedroche, sino cuánto mostrará. Y cuando la conversación se reduce a eso, el vestido deja de ser moda para convertirse en gesto reiterado.

Frente a propuestas donde la confección, la silueta o el diseño adquieren protagonismo, el modelo Pedroche insiste en una idea que ya ha dado todo lo que tenía que dar.

El cierre de ciclo que confirma el agotamiento

Pedroche habla de cerrar una etapa. Y quizá tenga razón. Porque este vestido no marca un nuevo comienzo, sino que certifica el final de una fórmula que ha sido explotada hasta el límite.

Doce años después, el casi desnudo ya no es transgresión, es marca registrada. Y cuando la marca se impone al diseño, lo único que queda es repetirse.

El vestido de estas Campanadas no abre camino: pone punto final a un modelo que ya no evoluciona.

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