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El imponente espolín ‘Espigas’ de Dolo Calvete para su exaltación como Fallera Mayor de Espartero

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espolín 'Espigas' Dolo Calvete
FRAN ADLERT

El mundo de los espolines es un regalo para la vista. Los amantes de estas privilegiadas telas pudieron disfrutar con el traje que lució para su exaltación como Fallera Mayor de Espartero 2024, Dolo Calvete. Dolo sorprendió con un imponente espolín “Espigas Belmonte” en color gris grafito, orla en seda amarilla y tres metales, las flores combinadas a dos colores con una totalidad de 12 colores tejido por Compañía Valenciana de la Seda.

El traje del siglo XVIII ha sido confeccionado por José Polit, de ‘En hilos de seda’.  Con puntillas de Alençon y manteletas bordadas en oro y lentejuela en tul de algodón, la Fallera Mayor de Espartero impresionó con este espolín que, sin duda, quedará entre los históricos por la belleza del mismo.

El espolín de la proclamación: un Valencia familiar

No era la primera vez que Dolo impactaba con su indumentaria, el pasado sábado 11 de noviembre en el casal de su comisión Espartero Ramón y Cajal “El Nostre”, fue proclamada como Fallera Mayor 2024, y para este acto lució otro espectacular espolín, un Valencia familiar.

La falla cuenta con unos representantes de lujo para las Fallas 2024, con Amanda García López- Roca como Fallera Mayor Infantil,  Nicolás Cuñat Mohedano, presidente infantil y  su presidente, José Vicente López Ibañez.

GALERÍA | El espolín ‘Espigas’ de Dolo Calvete, en imágenes

Fotos: Fran Adlert

El espolín familiar «Valencia» que Dolo Calvete lució en su proclamación

Los momentos de la creación del espolín:

Origen de los espolines:

Según el Colegio del Arte Mayor de la Seda la técnica del espolinado se utilizó por primera vez en España en el siglo XV para la elaboración de tejidos hispano-árabes. La tradición sedera de Valencia contribuyó a que los maestros «velluters» alcanzaran un gran dominio en esta técnica que se ha mantenido hasta el presente.

Características

El espolín es una tela estrecha, generalmente de 54 centímetros de ancho, fabricada con hilos de seda natural y de metal (oro, plata) que reproduce dibujos con motivos florales, guirnaldas geométricas y espigas.​

Los dibujos provienen de cartones perforados antiguos que se han conservado,​ aunque también se han creado algunos cartones nuevos como los que lucen, en exclusiva, desde 2001 las Falleras Mayores y Falleras Mayores Infantiles de Valencia y que llevan ese nombre.

Lo que hace especial al tejido espolinado o espolín respecto a las sedas estrechas convencionales es la forma de tejerlo:

  • se fabrican en telares manuales, con la misma técnica que en su origen;
  • la fabricación manual permite dibujos con una variedad de colores ilimitada, elegidos uno a uno tanto para la urdimbre como para la trama y los dibujos; de un mismo dibujo de espolín pueden existir miles de variantes en función de los colores que se elijan;
  • no es necesario que los motivos guarden simetría en la forma o el color, permitiendo diseños más complejos y ricos que con la producción mecánica, ya que cada hilo que conforma el dibujo es rematado al inicio y al final de la pasada sin llegar a la orilla como sí ocurre en los telares mecánicos. De hecho, una de las formas de diferenciar un espolín de una seda estrecha es observarlo por el revés. En una seda convencional los hilos de la trama y del dibujo forman franjas horizontales que van de lado a lado de la tela mientras que en el espolín se ve el mismo dibujo de que en el derecho pero con las imperfecciones del corte y remate de los hilos del dibujo;
  • el peso de la pieza es menor que el de una tela de aspecto similar tejida en telar industrial al utilizar menor cantidad de hilo para hacer el dibujo;
  • las orillas de la tela son más limpias, blandas y menos deshilachadas que en los tejidos de confección mecánica, ya que la trama del hilo no se corta al llegar al extremo sino que vuelve hacia el otro lado para continuar la confección.

 

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Fallas

Fallas desbordadas: por qué València necesita una tercera jornada de Ofrenda

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tercera jornada Ofrenda Fallas
Ofrenda de las Fallas 2026- OFFICIAL PRESS

Las Fallas de València viven uno de sus momentos más dulces. La fiesta crece, atrae cada vez a más gente y se consolida como un fenómeno cultural, turístico y social de primer nivel. Pero ese éxito, que es motivo de orgullo, empieza también a evidenciar una realidad incómoda: el modelo actual se queda pequeño.

La Ofrenda a la Virgen de los Desamparados, uno de los actos más emblemáticos, es el mejor ejemplo. Más de 123.000 personas han desfilado este 2026. Un récord. Y probablemente no será el último.

Un éxito que obliga a replantear el modelo

El censo fallero no deja de crecer. Cada año se suman nuevas comisiones, más integrantes y más participación. A eso hay que añadir el interés turístico y mediático que ha disparado la proyección de la fiesta.

El resultado es evidente:

  • Desfiles que se alargan hasta altas horas de la madrugada

  • Comisiones que esperan horas para desfilar

  • Falleras infantiles entrando pasada la medianoche

  • Un desgaste físico evidente para participantes y organización

La Ofrenda, tal y como está planteada, está tensionada al límite.

Dos días ya no son suficientes

Mantener la Ofrenda en dos jornadas fue durante años una solución eficaz. Hoy, con las cifras actuales, empieza a ser un problema.

No se trata solo de comodidad. Se trata de dignidad del acto.

La Ofrenda es emoción, tradición y simbolismo. No puede convertirse en una carrera contra el reloj ni en una procesión interminable que pierde intensidad conforme avanzan las horas.

Cuando un acto termina a las dos de la madrugada, algo falla.

La tercera jornada: una solución lógica

La propuesta de ampliar la Ofrenda a tres días no es nueva, pero cada vez resulta más difícil ignorarla.

Una tercera jornada permitiría:

  • Repartir mejor a las comisiones

  • Reducir tiempos de espera

  • Evitar horarios extremos

  • Mejorar la experiencia de falleros y público

  • Recuperar la esencia del acto

No se trata de cambiar la tradición, sino de adaptarla a la realidad actual.

Las Fallas han cambiado (y deben seguir haciéndolo)

Las Fallas de hoy no son las de hace 20 años. Han crecido en dimensión, en impacto y en exigencia organizativa.

València ha sabido evolucionar en muchos aspectos: seguridad, movilidad, gestión de grandes eventos… Pero la Ofrenda sigue anclada en un formato que ya no responde al volumen actual.

Negarse a actualizarla es, en el fondo, ignorar el éxito de la propia fiesta.

Tradición no es inmovilismo

Uno de los argumentos más repetidos contra una tercera jornada es la defensa de la tradición. Pero conviene recordar que las Fallas siempre han evolucionado.

La propia Ofrenda, tal y como la conocemos hoy, no es inmutable. Ha cambiado recorridos, horarios, organización… y seguirá haciéndolo.

Porque la tradición no consiste en repetir, sino en mantener el sentido adaptándose al tiempo.

Una decisión que ya no puede esperar

Con cifras récord y una tendencia claramente al alza, la pregunta ya no es si habrá que ampliar la Ofrenda, sino cuándo.

Y todo apunta a que ese momento ha llegado.

Si las Fallas están de moda, si el censo crece y si la participación se dispara, la respuesta no puede ser seguir haciendo lo mismo.

Porque cuando una fiesta crece, la organización también debe crecer con ella.

Récord en la Ofrenda de las Fallas 2026: más de 123.000 personas desfilan ante la Virgen

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