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Helados, ‘minipolos’ y zumos, la dieta del verano para los animales de Bioparc València

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VALÈNCIA, 19 Jun.- Bioparc València ha puesto en marcha «medidas extraordinarias para garantizar el bienestar de los animales» ante la llegada del calor y los veterinarios del parque marcan dietas de cara a la nueva estación estival que incluyen helados de verduras, muesli o frutas, ‘minipolos’ y zumos.

Así, de las cazuelas y fogones se pasa «a lo más refrescante y apetecible para las temperaturas que, poco a poco, van siendo más altas», asegura el parque a través de un comunicado.

Junto con la dieta de menor aporte calórico, la cocinera de Bioparc prepara helados de todo tipo con verduras, carnes, muesli o gusanos, «delicias» personalizadas para cada especie.

Para los grandes primates, gorilas y chimpancés, sorbetes de muesli y frutas congelados; para los elefantes helados gigantes con apetitosas verduras; los carnívoros como leopardos y leones bloques de agua helada con carne; los suricatos ‘minipolos’ de tenebrios o gusanos de la harina y carne picada; y los lémures granizados de zumos, frutas y cereales. Todo un festival de color y sabor que ofrece placer y diversión a las distintas especies animales, detallan los responsables del recinto.

DUCHAS

También en estas fechas se ponen en marcha protocolos especiales para mitigar el calor, como el enfriamiento de las instalaciones con el suministro de lluvia fina varias veces al día en la sabana y el bosque ecuatorial, para los rinocerontes «duchas» y para los elefantes la creación de charcos de barro donde les encanta revolcarse.

Todos los recintos cuentan con zonas sombreadas y prácticamente todas las especies recurren a los chapuzones en los ríos o las charcas existentes en los diferentes hábitats. Llaman especialmente la atención los elefantes disfrutando de un baño en el lago al tiempo que degustan sus helados vegetales o jugando bajo la cascada de agua y los búfalos rojos y potamóqueros compartiendo la ría en el claro del bosque.

En esta época estival también se ve a las crías que, cerca de sus mayores, exploran los hábitats, como es el caso del pequeño chimpancé Coco, los «bebés» de gorila Pepe, Félix y Virunga o la cría de lémur pegada a la madre mientras degusta su helado de fruta.

Fuente: EUROPA PRESS

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El vestido de Cristina Pedroche y el fin de un ciclo que ya no sorprende

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vestido Pedroche Campanadas 2025
El vestido de Cristina Pedroche para las Campanadas 2025

Cristina Pedroche ha vuelto a hacerlo. Y precisamente ahí está el problema. En sus duodécimas Campanadas, la presentadora ha presentado el que ella misma define como su vestido más simbólico, emotivo y definitivo: un diseño construido a partir de retales de sus once looks anteriores, convertido en una gran capa de upcycling con la que asegura cerrar una etapa.

Sin embargo, más allá del relato, el resultado vuelve a confirmar lo que ya es evidente desde hace varias ediciones: el modelo Pedroche está creativamente agotado. Cambia el envoltorio conceptual, se eleva el discurso y se multiplica la simbología, pero el impacto visual vuelve a ser el mismo de siempre: casi desnudez, cuerpo como eje central y mínima estructura textil.

El vestido que lo resume todo… porque no propone nada nuevo

Pedroche se “lo ha puesto todo encima”, literalmente. Fragmentos de vestidos pasados, piezas icónicas recicladas, plumas, cadenas, cristales, esculturas corporales y referencias constantes a su propio archivo estético. Un ejercicio autorreferencial que funciona como resumen de su trayectoria, pero que no aporta una lectura nueva de la moda ni del cuerpo.

El mensaje es claro: no hay ruptura, hay acumulación. No hay evolución, hay repetición sofisticada. El vestido no avanza, se mira a sí mismo.

Del impacto al automatismo

Durante años, el casi desnudo de Cristina Pedroche fue rompedor. Hoy se ha convertido en automatismo. La fórmula es reconocible hasta el extremo: piel protagonista y el vestido como ornamento y una narrativa emocional que intenta elevar lo que visualmente ya no sorprende.

El upcycling presentado como gran novedad no es más que un nuevo argumento para sostener un resultado idéntico: el cuerpo vuelve a ser el centro absoluto, y el diseño queda relegado a acompañarlo.

La causa social de Pedroche, su mejor elección

La causa social elegida por Cristina Pedroche es, probablemente, el mayor acierto de sus Campanadas. Vincular su vestuario a la labor de la Asociación Española Contra el Cáncer aporta profundidad y sentido a un formato que, a nivel estético, muestra claros signos de desgaste.

El respaldo a la AECC introduce un mensaje útil, necesario y transversal, que conecta con una realidad que afecta a miles de familias. Es ahí donde Pedroche acierta de pleno: cuando el foco se desplaza del cuerpo al acompañamiento, la investigación y el apoyo a los pacientes, la elección deja de ser un recurso narrativo y se convierte en un gesto con verdadero impacto.

Josie y la construcción de un universo cerrado

El estilista Josie vuelve a estar al frente de la dirección creativa, ensamblando una auténtica antología de símbolos reconocibles para el espectador. El resultado es coherente, milimétrico y técnicamente complejo, pero también encorsetado en su propio lenguaje.

El vestido habla de memoria, de ritual, de semiótica textil… pero sigue diciendo lo mismo que hace años. La piel continúa siendo el titular.

Cuando el vestido deja de ser moda y se convierte en gesto repetido

El gran problema del diseño de 2025 no es su osadía, sino su falta de sorpresa real. El espectador ya no se pregunta qué llevará Pedroche, sino cuánto mostrará. Y cuando la conversación se reduce a eso, el vestido deja de ser moda para convertirse en gesto reiterado.

Frente a propuestas donde la confección, la silueta o el diseño adquieren protagonismo, el modelo Pedroche insiste en una idea que ya ha dado todo lo que tenía que dar.

El cierre de ciclo que confirma el agotamiento

Pedroche habla de cerrar una etapa. Y quizá tenga razón. Porque este vestido no marca un nuevo comienzo, sino que certifica el final de una fórmula que ha sido explotada hasta el límite.

Doce años después, el casi desnudo ya no es transgresión, es marca registrada. Y cuando la marca se impone al diseño, lo único que queda es repetirse.

El vestido de estas Campanadas no abre camino: pone punto final a un modelo que ya no evoluciona.

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